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Una Tras Otra

  • Jaime Alcántara

  • Conquistas y cultura
  • Jaime Alcántara S.

Pero qué necesidad

JUAN GABRIEL

Los sabios hablan porque tienen algo que decir, los tontos hablan porque tienen que decir algo:

PLATÓN

La televisión española está desperdiciando a su presidente. Debería tenerlo de corresponsal en Siria para que, con todo júbilo, narre cómo los trogloditas radicales destruyen una prodigiosa cultura.

Por qué se cuentan chistes irónicos en contra de los españoles. Cuál es la razón por la que el mexicano recuerda la colonización y exterminio. A qué se debe nuestra animadversión al respecto.

Quizá se deba a sujetos como el aludido, que se encarga de vez en vez, de recordarnos la destrucción de una civilización impar del mundo antiguo.

Fuera de ello, entendiendo el mestizaje, asimilamos bien las oleadas intermitentes de extranjeros que llegan una y otra vez a suelos patrios. Una de las más conocidas, por supuesto, fue el éxodo de republicanos, ocasionado por la barbarie franquista.

El otro, chileno, derivado del golpe militar de Augusto Pinochet en contra de Salvador Allende, en 1982.

No sólo llegaban y eran bien recibidos. Las autoridades de aquellos tiempos les procuraron medios para que no se sintieran extranjeros; que tuvieran comodidades, mejor que ni los mismos nacionales, con igual rango, tenían.

Contrario sensu, siento, allende el mar y la frontera, no han sido recíprocos.

Dos sucesos nos hacen pensar en la inequitativa manera de ver la competencia en este despiadado mundo del capitalismo.

Uno de ellos cuando Emilio Azcárraga (El Tigre) inició la conquista del mercado norteamericano, en materia de comunicación. De entrada abrió un diario, The National. También, un noticiario que tenía proyectado, cuyo conductor sería Jacobo Zabludovsky.

Fracasó. Para nadie fue un secreto el acoso inusual de la competencia que veían como intruso al osado mexicano que intentaba, simplemente, corresponderles. El mexicano, quizá, sentía lógica su incursión, como una especie de respuesta a Coca-Cola, IBM, Ford, Kellog’s…

El primero le costó 100 millones de dólares, del segundo, quién sabe.

Otro proyecto fue el de Pemex, cuando quiso expandirse en la península ibérica. La justificación de la paraestatal era que en una sociedad con Protego, podría acceder a tecnologías para explorar yacimientos en aguas profundas, entre otras.

Pemex adquirió un asiento en el Consejo de Administración con el 7.86 por ciento de las acciones. Para tener otro, bastaba con adquirir cinco más. Nada. Les causaba escozor que la petrolera nuestra pudiera tener algún tipo de influencia en las decisiones de la española. No solo eso. Aquel líder socialista que apoyó e impulsó a empresas peninsulares a expandirse por todo el mundo, sobre todo en México, Felipe González, haciendo segunda a Antonio Brufau casi dueño de Repsol, puso el grito en el cielo, dando expresiones casi xenofóbicas. Allí inició el final de la aventura mexicana.

Aunque esto no se justifica, son negocios. De lo que no se entiende es que gente con el cerebro reducido, cual víctima de los Shuar ecuatorianos (Jíbaros), se ponga a decir sandeces, sin el mínimo conocimiento de la historia. Me refiero al presidente de la Televisión Española (RTVE), José Antonio Sánchez, cuando dijo que (
) lamentar la desaparición del Imperio Azteca es como mostrar pesar por la derrota de los nazis, en la Segunda Guerra Mundial.

Imbécil.

De acuerdo a esto, sin lugar a dudas, justificará la destrucción civilizadora, que rusos y sirios le imponen a Alepo, Patrimonio Cultural de la Humanidad, desde 1986.
jaimealcantara2005@hotmail.com