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Una Tras Otra

  • Jaime Alcántara

  • Posverdad y fake news (II)
  • Jaime Alcántara Silva

Solo para especular un poco, habría que imaginar el escenario si las redes sociales hubieran aparecido en los 60. En ese entonces, siguiendo con la línea discursiva de Tanius Karam, salió a la luz el movimiento “hippie”, aquellos del Peace and Love. Su posición, aparentemente irresponsable, tenía un fondo.

En ese entonces, tiempo en el que la Guerra Fría se encontraba en su momento más álgido, se sabía que las superpotencias enemigas (Estados Unidos y la URSS) tenían armas nucleares para destruir 12 veces al planeta. Aquella comunidad tenía un argumento contundente: nos podemos morir en cualquier momento. No faltará un idiota que apriete el botón rojo. Entonces, mejor haz el amor, no la guerra.

Ayer, con la facilidad de hoy, seguramente no habrían destruido la tierra las bombas, sino los rumores.

Si el actor Orson Welles, en 1938, con un solo micrófono de radio en Nueva York fue capaz de provocar un pánico de niveles sorprendentes, cuando dijo que nos invadían los marcianos, habría que pensar lo qué hubiera pasado con los medios digitales.

Los creadores y/o seguidores de medias verdades o mentiras plenas, no son muy ingeniosos. Basta con propalar un rumor y, los visitantes del espacio virtual, se encargarán de lo demás.

Cuando son chismes, en nada afectan a la sociedad. Pero qué ocurre cuando los “ingeniosos” mercadólogos o interesados en afectar, inventan o inducen a “hechos” acerca de personajes que pudieran ser protagonistas de la vida de un Estado, de un país.

Bastará con que alguien tenga animadversión hacia una figura pública (o simpatía por su adversario), una organización, para que de inmediato, sin razonarlo, dé un solo “clic”, “like”, Aquí, puede empezar a generarse una “tendencia” (trendingtopic), o en tema “viral”. Esto es, que “corra” la noticia y se vuelva un escándalo nacional e, incluso, mundial.

En tal hipótesis, el Estado (cuando haya hecho lo necesario, bien), que no tenga la capacidad para entender esto, se hallará al borde del precipicio, con las consecuencias sociales que esto implica, como lo enunciaba el New York Times, a finales del año pasado.

Por supuesto que el desencanto, la desconfianza, la decepción, de la sociedad, la van “trabajando” pacientemente los adversarios. Al “No pasa nada”, “es momentáneo”; “se están magnificando los hechos”, “son exageraciones de los medios”, las consecuencias pueden ser de pronóstico reservado.

En otro sentido, para nadie es un secreto que somos espiados globalmente. Hay un excelente trabajo de Stephen Baker: Los Numerati (en español). Allí podemos entender, por qué, de pronto se recibe una llamada de la “Lotería de la Luna”, para ofrecer boletos, acciones, productos y lo que sea. La primera pregunta es: cómo saben que esto me gusta.

La respuesta es muy sencilla. Todos quienes usamos las redes, para preguntar por viajes, costo de viviendas, ropa e indumentaria, cultura (compras en general), tiene un registro. Miles y miles de “orejas” nos están escuchando a través de Twitter, Facebook, WhatsApp, Google, sin nuestra autorización.

Esto debiera considerarse un delito, puesto que están usando ese rastreo para obtener lucro. Para procesarlo solo tenemos que entender que vivimos en una sociedad capitalista.

La pregunta obligada es: y si usan la información para dañarnos. Por supuesto que los dueños de aquellos medios, plenamente conscientes de su actuación, dicen que “solo usan esos datos para fines de comercialización”. Mmmh, bueno.

jaimealcantara2005@hotmail.com