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Una tras otra

  • Jaime Alcántara

Los insanos apetitos del poder

Si alguien juega beisbol, futbol, básquet, es lógico que aspire a que su equipo sea campeón; vamos, es un asunto fundamental. Mal se vería, siendo profesional, que lo hiciera por simple diversión.

Igual, un jefe de Departamento puede (y debería) aspirar a subdirector, gerente, o cualesquiera de las posibilidades del arcoíris de puestos del escalafón de oportunidades de esa organización.

Lo mismo ocurre en política. Es lógico que un suplente, a senador, a diputado, a presidente municipal, desee que su inmediato superior pida licencia, por un posible ascenso, para que él se quede con el cargo. Claro que también habrá intenciones poco edificantes, como el anhelar que el titular camine rumbo a la tierra del no retorno.

Y en estas ansias desbocadas por llegar se inscriben otras, dignas más de seres irracionales, que de humanos. O, tal vez, por la posibilidad de tener materia gris, nosotros actuemos “contra natura”, precisamente porque el seso lo usamos para dañar, en vez de actuar para lograr una mejor convivencia.

Inscritos en ese escenario, encontramos diferentes muestras que nos dicen de lo que somos capaces.

Donald Trump, podría ser el mejor ejemplo, aunque hay otros que lo igualan, e incluso superan, en sus ambiciones infinitas de poder. Al empresario, fabricante de camisas, edificios, universidades, modelos de pasarela, etc., se le vino a la mente que hacía falta en su colección de bienes otra que, por supuesto, usada como palanca, le permitiera tener más de lo mismo, o de la diversificación de sus actividades (todas, con fines filantrópicas, sin lugar a dudas).

Y se le ocurrió ser Presidente de su país. Total, si gente como Schwarzenegger pudo llegar a gobernar el Estado más importante de la Unión Americana, prácticamente sin un mínimo de preparación para el cargo, por qué él no.

La última gracejada, si fuera algo fútil, fue desconocer una orden judicial porque el mandante de tal apremio era alguien de origen mexicano. ¡Qué caray!, nomás faltaba que un prietito tuviera la osadía de ordenar algo en contra de un rubio, fascinado con las peores prácticas kukluxclanistas, para que hiciera algo decente, como transparentar los números de una universidad con muchas dudas legales; por supuesto, propiedad de él.

La mayoría de sus linduras ya las conocemos.

Otros apetitosos de algo que no han podido ganárselo, son gente como Jorge Castañeda, Guadalupe Acosta Naranjo, Jesús Zambrano, Denisse Dresser, etc.

Estos personajes, desideologizados, eclécticos y aventureros del poder, por el poder, no se cansan de recorrer el país, con una intención: que pierda un Partido, al cual le tienen tirria. Su “sano” objetivo es claro: hacer negocios y/o tener influencia, si ganara algún proyecto de estos perversos de la política.

¿Se ha escuchado alguna propuesta, un camino programático, una ideología? por supuesto que no. Ellos quieren cobrar y, ya.

Llegaron, por ejemplo, a Chihuahua, tratando de convencer a un candidato independiente para que sumara sus activos a un sospechoso de tener nexos con la mafia, el narco, pues: Javier Corral.

En Puebla, no hay semana en la que no se reporten abusos en contra de Blanca Alcalá, por el simple hecho de querer competir conforme marca la ley. Todo el peso del poder, legal e ilícito.

En este sentido, la gente debe ser acuciosa, analítica, al votar el próximo 5 de junio. No sea que, por aquello de las ocurrencias, de la improvisación, de los simples apetitos por llegar, volvamos al camino que ha costado tanto retomar. ¡Aguas!

jaimealcantara2005@hotmail.com