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UNAM: cambio de rector III / Mireille Roccatti

  • Mireille Roccatti

“Ius publice respondendi” *

En mis dos anteriores entregas, al abordar el tema de la sucesión en Rectoría, hemos destacado la necesidad de contar con un proyecto de futuro, de un programa con visión de horizonte y destacado algunos temas que en mi particular óptica es necesario atender y planear. Asimismo, hemos abordado los términos y plazos de la convocatoria emitida por la Junta de Gobierno para la selección del rector y sobre todo lo importante que resulta que el proceso se desarrolle en un clima de paz, de pluralidad y tolerancia.

Hoy la UNAM, es una de las más reconocidas universidades de Latinoamérica e incluso de Iberoamérica, tanto por su magnitud como por su calidad académica, de investigación y de difusión de la cultura. Actualmente, cuenta con una planta docente de 38 mil profesores, de los cuales un poco más de 11 mil son de tiempo completo, alrededor de 340 mil alumnos con cerca de 30 mil alumnos de posgrado y cinco mil de doctorado.

Nuestra “Alma Mater” cuenta también con 31 Institutos de investigación, dos mil 800 laboratorios, se imparten más de 100 carreras en 40 mil 300 aulas y tiene instalaciones en muchas partes del territorio nacional e incluso en el extranjero. La numeralia sería interminable.

Su sede central en la denominada Ciudad Universitaria es un portento de la ingeniería y arquitectura mexicana de la segunda mitad del siglo XX, proyecto en que participaron destacadamente, entre otros: Mario Pani, Enrique del Moral, Carlos Lazo y Javier Barros Sierra. Así como la relevante participación de artistas de la talla de Diego Rivera, Jesus Alfaro Siqueiros y Juan O Gorman. Entre sus construcciones icónicas destacan el Estadio Olímpico y la Biblioteca Central.

La Universidad ha jugado siempre un papel relevante en la vida nacional, en tanto funciona como dínamo del desarrollo del país y, sus egresados con su participación en el sector público y privado moldearon al México de hoy, el cual no puede entenderse sin esta Institución.

La demanda educativa y su carácter nacional, conllevó con el tiempo a una “masificación” como se denominó en su tiempo al crecimiento exponencial de sus educandos y a la ampliación de su planta docente y de trabajadores administrativos de base, por lo cual se crearon cinco sedes del Colegio de Ciencias y Humanidades y cinco Facultades de Estudios Superiores: Acatlán, Aragón, Cuautitlán, Iztacala y Zaragoza.

El relevante papel que la Universidad ha jugado a lo largo de la historia nacional requeriría un espacio mayor y solo quiero acotar estas líneas a la coyuntura actual y recordar sucintamente que en la elección de rector, en los tiempos del viejo sistema político, el Tlatoani sexenal en turno, intervenía de alguna manera en el proceso. La alternancia del 2000, terminó con esa práctica y hoy no se percibe ninguna intención de influir. Quienes atacan a algunos aspirantes, por supuesta o real cercanía con el Ejecutivo, faltan a la verdad. El tema se decidirá internamente y entre universitarios.

Tampoco puede negarse que los mayores conflictos que ha vivido la Institución obedecieron a conflictos con el poder político y ocasionaron la salida de varios rectores. Y solo un extraviado puede plantear que la universidad debe vivir enfrentada con el poder público. La autonomía debe entenderse como la libertad académica, la convivencia armónica de todas las corrientes de pensamiento en un ambiente respetuoso de la pluralidad ideológica, de libertad de crítica de la cosa pública. La autonomía no significa extraterritorialidad, ni militancia política. La UNAM, no debemos permitir que vuelva a ser usada como arena de definición de pleitos y conflictos entre grupos que se disputan el poder político.

La elección del rector se está procesando conforme a la legislación universitaria, en un ambiente de paz institucional y cualquiera de los 10 ameritados universitarios que seleccionó la Junta de Gobierno para entrevistarlos en la fase final del proceso, será un buen rector.

*Derecho a emitir opiniones