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Unidos por un ambiente limpio / Libertad Bajo Palabra / Pedro de León Mojarro

  • Pedro de León Mojarro

“La tierra provee lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada hombre, pero no su codicia.”

Mahatma Gandhi

El lunes pasado arrancó en París la 21 Conferencia de  la Organización de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21).

Miles de personas alrededor del planeta se han manifestado exigiendo medidas más contundentes para contrarrestar el cambio climático, incluso en París, a pesar del estado de excepción declarado a raíz de los actos terroristas.

La primera Conferencia de la ONU sobre este tema se llevó a cabo en Berlín en 1995,  de ahí se iniciaron varias negociaciones que  concluyeron en 1997 con la aprobación del Protocolo de Kyoto en Japón.

El documento establecía “metas obligatorias para los países industrializados en relación con las emisiones y crear mecanismos innovadores para ayudar a estos países a cumplir sus metas de reducción”.

Para lograr los objetivos planteados en materia de disminución en la emisión de gases de efecto invernadero se crearon algunos instrumentos como el “comercio de derechos de emisión”, que consiste en asignar a cada país una cantidad determinada de emisiones de gases de efecto invernadero llamadas “Unidades de la cantidad atribuida”(UCA). Si un país no usa todas sus UCA se las puede vender a otro. Por lo tanto, entre menos emisiones, mayor beneficio. Así se constituye el mercado del carbono.

En México se adoptó el Protocolo de Kyoto en 1995, sin embargo emite el 2 por ciento del total de los gases de efecto invernadero que llegan a la atmósfera, colocándose en el sitio 13 de los  15 países más contaminantes

Al respecto, Sergio Sarmiento afirma: “En 1992 la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera era de 356 partes por millón. En este 2015 hemos alcanzado 400 partes por millón […] El Protocolo de Kyoto de 1997 comprometía a los países del mundo a una disminución de las emisiones globales de gases contaminantes de 5 por ciento sobre los niveles de 1990, en nuestro caso, lejos de una disminución hay un aumento de 12 por ciento.”

Es alentador que uno de los objetivos de la COP21 en París, sea llegar a un acuerdo vinculante con mayor eficacia que el Protocolo de Kyoto para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Los efectos del cambio climático se han manifestado en los fenómenos hidrometeorológicos que han  azotado al mundo y a nuestro país, cada vez con mayor recurrencia, afectando irónicamente  la población más pobre y vulnerable.

Los costos durante los últimos 12 años se calculan, en 7 por ciento del PIB y 2.5 millones de personas afectadas, según datos de la Semarnat.

Para nuestro país es urgente pasar del discurso a la práctica, ya que la meta es reducir para 2030 el 22 por ciento de las emisiones. Para esto se requiere aprobar la Ley de Transición Energética, y junto con esta, la mayor decisión y acuerdo nacional para impulsar su aplicación.

Los sistemas de alerta temprana ante contingencias naturales son importantes para un país que vive en riesgo constante ante estos fenómenos, como el nuestro, pero más que eso, la prevención es ineludible, y en este sentido, como ya lo expresó el Papa en la encíclica Laudato si, requerimos un cambio radical en nuestro sistema de consumo a uno menos dañino de la casa común, que es nuestro planeta.

Para cumplir con las nuevas metas, se vuelve necesario acelerar el paso en la sustitución de combustibles fósiles por energías limpias que además a la larga resultaran mucho más baratas.

Y si usted, lectora, lector querido, no tienen inconveniente, muchas gracias por sus amables comentarios y aportaciones, nos leemos el próximo jueves.

Facebook: Pedro de Leon Mojarro

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Sitio Web:www.pedrodeleon.mx

*Miembro de Unidos Podemos A.C.