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Uno de los 51 mil que sobran, regresó…

  • Isabel Arvide

Un reo salió de la cárcel por error y horas después regresó por su propio pie…  La historia puede documentar el absurdo en su mayor expresión.  Y, sobre todo, el caos que rige el sistema carcelario mexicano.

Es obvio que existe una falta de control inconmensurable, que conviene a criminales, demostrando que no hay voluntad política para cambiar apatía, omisión y corrupción en ese ámbito.

Las cárceles mexicanas son el mayor sitio de horror a imaginar, porque así lo quieren los gobernantes, tanto los estatales como el primer mandatario.

Cambiar esa realidad implica un esfuerzo económico inmenso en temas como la falta de infraestructura, y un poco de ganas en lo importante.  Bastaría con querer que quienes no tienen razón para estar encarcelados sean liberados.

Nuestras cárceles albergan a 254,705 reos, exactamente 51,705 más de los que deberían por razones de espacio.  Nos sobran, justo, esa cantidad de presos. Es un problema físico gravísimo que obliga que en algunas prisiones tengan que dormir hasta 10 personas en una celda pequeñísima.

Esos más de 51 mil reos que sobran deberían estar en la calle.  No por un error administrativo, sino, porque el 60 por ciento de los reos mexicanos fueron encarcelados por delitos que no son graves.

Y una vez dentro de las prisiones sufren la estupidez de un sistema de aplicación de justicia donde puede tardar más de la pena máxima del delito cometido el tiempo del juicio.  Hay muchos reos que son encontrados “inocentes” cinco o siete años después…

Estos reos son ciudadanos que fueron detenidos por faltas administrativas, por un accidente de tránsito, por robarse una bicicleta o una bolsa de pan, por una acusación interesada de agresión… por los motivos más alejados de nuestra realidad de violencia permanente.  La mayoría de los prisioneros no son asesinos ni violadores, son ciudadanos atrapados en la maraña de un sistema inoperante.

Que, también en mayoría, no tienen dinero para pagar abogados o fianzas.  Que no le interesan a sus familias y menos todavía al Estado.

Esta realidad podría modificarse con el interés oficial, eso es lo único que basta en cualquier cárcel mexicana para pagar fianzas, contratar abogados, destrabar la burocracia.  Muchos de los encarcelados son primo delincuentes, es decir que cometieron un delito no grave por vez primera.

Esto no se hace.

Como tampoco se ha hecho un análisis a fondo sobre los muchos miles de ciudadanos mexicanos que están en las cárceles por delitos relacionados con la droga, sea por venta en menudeo o por ser la parte más vulnerable, los burros de carga de una organización criminal.

Y aquí falta una nueva clasificación delincuencial que nos lleve a colocar a estos reos en otro tipo de cárceles, porque tampoco podemos hablar de una prisión de “alta seguridad” para quien fue detenido en una esquina con unas cuantas dosis de droga…

Por lo pronto, tenemos una historia apasionante que ningún periodista ha querido averiguar: ¿Qué hizo que un preso liberado por error decidiese regresar a seguir purgando su condena?

Y una pregunta sin respuesta: ¿Qué va a hacer Renato Sales Heredia para que estos 51 mil ciudadanos que sobran en las cárceles mexicanas encuentren su lugar?
En Tuiter: @isabelarvide  Blog: EstadoMayor.mx