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Uso de la fuerza pública vista por estudiosos de la política (I)

  • Alejo Martínez

  • Alejo Martínez

Buena parte del territorio nacional está entrando en una escalada de violencia, caos y anarquía. Considerables sectores sociales inconformes y opuestos a gobiernos estatales, municipales y federal han encontrado o descubierto un arma extraordinariamente eficaz para arrancarle beneficios a regímenes pusilánimes y amedrentados: entre más perjudiquen a la sociedad, a la iniciativa privada, a los bienes e instituciones públicos, entre más vehículos roben o incendien, entre más bloqueos de vías terrestres de comunicación realicen, entre más pérdidas ocasionen a la economía nacional, mayores son los beneficios, premios y canonjías que obtienen de gobiernos, dominados por una desmesurada lenidad e ineptitud.

Esa ineptitud alcanzó niveles escalofriantes el 19 de junio en Nochixtlán, Oaxaca, cuando la Policía Federal (PF) demostró una enorme incapacidad para operar con adecuados servicios de inteligencia, sin visión para capitalizar el impresionante mundo de avances tecnológicos al alcance de los modernos cuerpos de seguridad pública, sin estrategia que garantizara una operación exitosa, sin bajas en los manifestantes ni en las propias filas, lo cual derivó en que la PF cayera en una emboscada y fuera recibida a balazos. Para colmo, su respuesta también de balazos, fue en un principio negada oficialmente ante los medios de comunicación, y cuando se descubrió la verdad, el desprestigio y la desconfianza contra el Gobierno federal crecieron todavía más. Peor aún, en un operativo que debió haber sido muy bien preparado, el Gobierno ha sido incapaz de probar y sancionar a los culpables de los deleznables asesinatos ahí ocurridos.

Nochixtlán, ante un pernicioso bloqueo, que entonces duraba ya una semana, fue un muy excepcional y aislado intento de recurrir al uso de la fuerza pública para tratar de restablecer la circulación en una vía que estaba afectando con severidad, buena parte de la comunicación e intercambios con el sur de la República. Ante el estruendoso fracaso gubernamental y el éxito en restablecer el bloqueo y la continuidad de los graves perjuicios a la economía del sur del país, el Gobierno federal se inhibió y la CNTE se engrandeció.

En efecto, los violentos y vandálicos opositores al régimen, han venido adquiriendo cada vez mayor poder e influencia y están comprensiblemente engolosinados con ello. Quieren más. Difícilmente se detendrán. Por ello, embonan aquí con toda idoneidad unas sabias advertencias emitidas por el brillante jurista, de singular sensibilidad política, Édgar Bodenheimer:

“Es una experiencia eterna -dijo Montesquieu- que todo hombre que tiene autoridad es capaz de abusar de ella, irá cada vez más allá, hasta que encuentre una barrera”. Los hombres de estado contemporáneo que han acariciado la ilusión de que los fuertes impulsos de poder político, podían ser enfrentados mediante concesiones y gestos de “apaciguamiento” podían haber aprendido mucho de Montesquieu. “Como el gas o la energía eléctrica, el poder tiende a extenderse o avanzar hasta donde pueda llegar -hasta que se construya a su alrededor una valla o recipiente que aquel no pueda trascender ni horadar”.

Cuando el Gobierno renuncia a su primordial misión de proteger a sus ciudadanos, permitiendo que sean impunemente atropellados en sus propiedades, en sus trabajos y en sus derechos, como es el caso que en la actualidad padecemos en México, de ninguna forma logrará que ese creciente poder se apacigüe y mágicamente se vuelva razonable. Por el contrario, nuestro Gobierno propicia, con su reprobable abstención, que esa impune violencia se fortalezca y se propague cada vez más, a medida que en lugar de resistencia encuentra inane condescendencia.
amartinezv@derecho.unam.mx   @AlejoMVendrell

Montesquieu y Bodenheimer advierten sobre los nocivos efectos de la ingenuidad que pretende apaciguar la violencia con condescendencia.