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Vamos a la playa

  • La moviola/ Gerardo Gil

 

Vamos a la playa oh, oh, oh, oh, oh. Así comenzaba una canción ochentera interpretada por el grupo Los Joao. Pero el título de esta columna, no hace referencia al éxito musical playero de hace unos años, sino a la nueva adaptación cinematográfica de una serie que se desarrollaba entre cuerpos de esculturales actrices, tramas sosas y predecibles y mucho humor involuntario.  Por supuesto fue un éxito: Baywatch:Guardianes de la bahía.

El programa de televisión no fue un golpe inmediato, de hecho después de transmitir su primera temporada en 1989, la serie fue cancelada porque de plano no llamó la atención de la audiencia.

Pero su protagonista, el otrora galán y ahora
folklórico David Hasselhoff, intuyó que la combinación de tramas fáciles y chavas en bikini tenían la fórmula del éxito, sobre todo si se enfocaban al público adolescente, que en aquellos años gastaba sus horas televisivas en bobas comedias de High school o remembranzas de infancias en los suburbios con noviecita bobalicona incluida. Así es que en 1991 retomó el show ya como productor. Lo demás es historia.

Ahora en medio de veranos cinematográficos que requieren casi cada semana meter un blockbuster en taquilla, llega el remake cinematográfico. En esta ocasión, Baywatch: Guardianes de la bahía, tiene la dirección del sobre todo realizador televisivo Seth Gordon, quien ha dirigido varios episodios de
Modern family. Y vaya que se nota esto porque al filme en su primera mitad se le notan problemas de
ritmo y su edición es muy cercana a la de la TV.

Dwayne Johnson, que ya es ajonjolí de todos los moles, encarna en esta ocasión a Mitch Buchannon, y de la trama poco se puede decir, como no sea que es una suerte de episodio de casi dos horas de duración en la que Mitch, debe desenmarañar un complot de tráfico de drogas en la playa, mientras entrena a los nuevos miembros de su equipo entre los que destaca el bobón galán playero Matt (Zach Efron).

Dos puntos cabe destacar de esta adaptación: El primero, es que no se puede parodiar lo que ya es paródico en sí mismo; la serie es famosa hoy en día, no solo por la escultural Pamela Anderson, sino por el humor involuntario que tenía. Los personajes en este remake a pesar del tono de gag en el que pretenden estar, se toman demasiado en serio. Y por otro lado, en medio de la época de oro de la televisión, sobre todo en sus contenidos streaming, en la que podemos ver asuntos de gran complejidad en los guiones y dirección  como Black Mirror o el regreso de Twin Peaks, la industria cinematográfica en su voracidad semanal, toma un asunto de medio pelo en la historia televisiva y lo lanza con bombo y platillo.

Ya se le está convirtiendo en costumbre a Hollywood tomar asuntos televisivos y convertirlos en lanzamientos cinematográficos para atraer al público que gusta de la remembranza. La verdad es que casi siempre dejan un regular sabor de boca, basta recordar Starsky y Hutch (Todd Philliphs, 2014)y la muy mediana Los dukkes de Hazzard (Jay Chandrasekhar, 2005). Baywatch: Guardianes de la bahía, si acaso convence a los convencidos.
EN CORTO

El hombre que vio demasiado (Trisha Ziff, 2015) ostenta hasta este momento dos premios Ariel, Mejor Largometraje Documental y Mejor Música Original. Lo anterior, dada la intensa y desigual competencia para ocupar las pantallas exhibidoras, no le garantiza una justa permanencia en los cines. Es importante que este tipo de filmes, más independientes y lejanos a una gran maquinaria publicitaria, se vean en su primera semana
de exhibición.

El documental hace una radiografía sin concesiones sobre la personalidad y el trabajo del fotógrafo de nota roja Enrique Metinides. Es el hombre ante la cámara y su desnudez que resulta enriquecedora y otras veces estremecedora para el público.

Es el outsider que conduce su propio relato sobre las pulsiones y motivaciones del trabajo diario, ya a estas alturas, referencial en el periodismo. Ziff, como todo documentalista, construye y destruye al objeto de su estudio con ritmo cinematográfico y algo de humor. De lo mejor dentro del género.