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Velando armas

  • Alejandro Díaz

  • Alejandro Díaz

Mientras los estadunidenses eligen a su próximo Presidente el resto del mundo está en vela. Estados Unidos (EUA), una democracia sólida cuyo Presidente toma decisiones que afectan no solo a su país sino al mundo entero. Así, eligen hoy a quien tendrá capacidad para afectar la economía, la política y la paz mundiales. Los norteamericanos decidirán su voto en base a opiniones personales -racionales, emocionales o de conveniencia-, tomando en cuenta, en teoría, al bien común de su nación sin que les interese lo que le suceda al resto del mundo.

Desde principios del siglo XX EUA es la potencia hegemónica del continente -aunque temporalmente haya tenido problemas con algunos países, como con Cuba durante medio siglo-. Durante la II Guerra logró, además, posicionarse como factor determinante en el resto del mundo. Con hábiles maniobras se impuso a sus aliados europeos para ser la potencia militar que saliera triunfadora para enfrentar a la Unión Soviética. Desde que ésta cae y se disgrega en 1991, EUA son la única potencia realmente mundial, aunque China ya inició el surgimiento de sus
cenizas.

Quien gane la contienda el día de hoy tendrá la oportunidad de continuar la actual política de distensión militar o de cambiarla por una belicista. Trump acusa a Clinton de buscar el conflicto con Rusia, pero al mismo tiempo es una incógnita cómo él resolverá los diferendos actuales o que se presenten durante su posible mandato.

En migración tienen visiones políticas encontradas. Mientras Hillary Clinton habló de amnistía para ciertos grupos de inmigrantes, Trump denuncia a los inmigrantes -y al TLC con México- como quienes han “robado” trabajos a los estadunidenses. Quienes están desempleados compran el argumento y han dado su apoyo al conflictivo candidato.

A pesar de que editorialistas norteamericanos e internacionales poco a poco se decantaron por la candidata Clinton, parecen no haber influido en el sentir popular. Las encuestas mostraron un apoyo creciente a Trump hasta empatar la intención de voto, como si los argumentos emocionales del republicano se impusieran sobre los racionales de la demócrata. Por el peculiar sistema electoral estadunidense no es fácil predecir al triunfador. Puede ganar Trump aunque a muchos no nos
guste.

Como la política es más emoción que raciocinio no debe sorprender el avance del populismo en esa democracia “sólida”. Si se confirma el triunfo de Trump, el planeta lo resentirá y México estará contra la pared; tendremos que reforzar nuestra relación con el resto del mundo para encontrar una salida. Perder el destino de un alto porcentaje de nuestras exportaciones y recibir millones de connacionales de regreso al mismo tiempo es un golpe muy duro.

Salvo una sorpresa, vamos a sufrir mucho. Pero si se diera la oportunidad, debiéramos ser capaces de mostrar que podemos erradicar la corrupción, la impunidad y la pobreza. Solo así convenceremos a los estaunidenses para que confíen en que somos, junto con los canadienses, los mejores vecinos que pudieran tener.

daaiadpd@hotmail.com