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Velocidad | Punto de Vista | Jesús Michel Narváez

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Rugirán los motores. La ciudad –entre la high society y unos cuantos que sacrificarán todo- se paralizará para observar, con ojo de águila, porque de lo contrario, será mejor estar frente un analógico o alta definición televisor, cómo los bólidos queman las llantas Michelin en el asfalto del Autódromo Hermanos Rodríguez.

Surge una afición inexistente, pero la publicidad, los “beneficios” para la Ciudad, la movilidad inventada, la presencia de todos aquellos que tienen “amor por la velocidad”, hará el milagro: Olvidar que la Línea 12 sigue con seis estaciones cerradas, que los delitos del fuero común van al alza, que tener raticida en la casa no lo hace mataperros, que anunciar cirugía plástica para todas las mujeres con senos carcomidos por el cáncer, que habrá recursos para la educación superior, que el ambulantaje no crecerá, que las calles están cual bombardeo contra los
yihadistas, que todo marcha a velocidad de 300 kilómetros y que Sergio “El Checo” Pérez nos hará felices cuando suba al podio.

Día de velocidad en un área mientras en otras la lentitud es parte de la vida. Velocidad generada por un evento que producirá dos mil millones de dólares con una “mínima” inversión del 10 por ciento, sin que a nadie se le informe en qué se invertirán las utilidades.

En otras latitudes de la misma Ciudad de México, miles de personas acudirán a los panteones para recordar a sus niños muertos. Personas que no saben con qué se come asistir a un evento que de suyo es elitista y monárquico.

¡Qué bueno que haya espectáculos para ricos! … son los que gastan.

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/jodp