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Venezuela: salto al vacío

  • Pedro Peñaloza

1. De lo grotesco a lo violento. Nicolás Maduro es un personaje que sintetiza el atraso político y el aventurerismo demagógico. Sí, no pueden entenderse de otra manera sus presentaciones envalentonadas y llenas de calificativos. Son los viejos desplantes de pequeños dictadores que mandan mensajes a su población mediante la emisión de diatribas a sus “enemigos”. El montaje que usa es tan hueco como el contenido de sus discursos: después de cada frase de Maduro las cámaras proyectan a un público uniformado con pants y chamarras del color de la bandera venezolana y militares, que festinan y aplauden los dichos de su líder. Así, la homilía se presenta como ayuda catártica a una población que vive en medio de la escases, sin medicinas y, cada vez menos alimentos. En cuatro años el PIB per cápita ha caído al menos 40%; las exportaciones petroleras, también medidas por persona, disminuyeron dos mil 200 dólares entre 2012 y 2016; el ingreso nacional se ha reducido en 51%; entre mayo de 2012 y 2017, el salario mínimo en Venezuela –que ahí es el ingreso promedio de los trabajadores– disminuyó un 75%. Si se comparan estos ingresos con su capacidad para adquirir las calorías más baratas que haya disponibles, resulta que hace cinco años, con un salario mínimo se podían comprar casi 53 mil calorías, hoy apenas siete mil. (Según los datos de Ricardo Hausmann, exministro de Planeación de Venezuela y ahora profesor en la Universidad de Harvard (project-syndicate.org).

2. Autoritarismo y crisis política. El problema en Venezuela no podemos enfocarlo solo al ámbito económico, aunque éste sea un componente para el análisis. Estamos en presencia de un bloque gobernante que está conduciendo al país a una creciente polarización social y a un evidente aislamiento internacional. La conducción de Maduro y sus cercanos ha sido un desastre, han pasado de acciones que conculcan los derechos democráticos elementales, hasta las prácticas más deleznables. El catálogo dado a conocer por el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Raad Al Hussein, exhibe la práctica sistemática de tratos crueles, torturas, choques eléctricos, reos colgados por sus muñecas, asfixia con gases lacrimógenos y violencia sexual por fuerzas de seguridad del Estado.

Asimismo, la convocatoria a una incierta Asamblea Constituyente, nos recuerda Pablo Estefanoni, en su artículo El retroceso ‘nacional-estalinista’, “parece una fuga hacia delante de un gobierno, el de Maduro, que fue perdiendo apoyo popular, tanto en las urnas como en las calles. Es cierto, que las propuestas tienen más intensidad en algunos territorios que otros, pero la afirmación de que son solo los ricos de Altamira o del Este de Caracas quienes se oponen al gobierno es desmentida por la aplastante derrota del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en las elecciones parlamentarias de 2015. Por eso después ya no hubo elecciones regionales. Y por eso, la Constituyente fue diseñada de tal forma que el voto ciudadano se combinara con el territorial y corporativo, en una viveza criolla revestida de principismo revolucionario”.

Epílogo. Quien sostiene a Maduro es la cúpula militar, involucrada en la corrupción y en los privilegios. Las prácticas oficialistas nada tienen que ver con posturas socialistas y menos, marxistas revolucionarias. Son unos vulgares nacionalistas-estalinistas. Es injustificable el seguidismo de quienes apoyan acríticamente a Maduro, los “maduristas” y “chavistas tardíos” defienden las diversas violencias, que por supuesto, no aceptarían en México.

pedropenaloza@yahoo.com

@pedro_penaloz