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Venezuela y Argentina: un alto en el camino / Economía y Política / Miguel Ángel Ferrer

  • Miguel Ángel Ferrer

Una revisión, así sea somera y apresurada, de los acontecimientos de las dos últimas décadas en América Latina nos revela una situación muy distinta a la que prevalecía hace veinte o veinticinco años. Muy distinta y muy favorable para las fuerzas progresistas y antiimperialistas de la región.

Esa historia de dos decenios es una saga de éxitos y fracasos alternados, pero cuyo saldo es netamente positivo para los pueblos latinoamericanos y caribeños.

Ciertamente no han sido pocas y dolorosas las derrotas. Ahí están el golpe de Estado que derrocó al Gobierno progresista y popular del presidente Manuel Zelaya, en Honduras. Y golpe suave, disfrazado de parlamentario, que tumbó al también progresista y popular del presidente Fernando Lugo, en Paraguay. Y en la lista de descalabros deben consignarse las derrotas electorales del chavismo y del kirchnerismo.

Pero sin duda es más abultada la relación de éxitos. Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Brasil, Cuba y hasta Argentina y Venezuela han logrado vencer los aprestos golpistas y de intervención militar estadunidense. Y eso no es poca cosa. Las derrotas electorales son superables, pero de un golpe de Estado o de una invasión extranjera no se recuperan tan fácilmente los pueblos agredidos.

Es verdad que Washington todavía domina y tiene sometidos a los gobiernos de México, Colombia, Perú, Panamá, Honduras y Guatemala. Pero ya no son los tiempos de dominio absoluto e indiscutible de Estados Unidos sobre la totalidad del subcontinente.

Ahora ya no existe realmente aquella OEA, bien llamada por Cuba Ministerio de las Colonias. Y a la casi extinción de ese ministerio se suma, en extraordinario e histórico logro, la creación, sólida existencia, creciente prestigio e influencia y determinante y exitoso batallar político de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), cuya cuarta, exitosa y promisoria Cumbre acaba de ser clausurada en Ecuador.

Este irrebatible triunfo latinoamericano y caribeño es la contraparte de la igualmente innegable declinación del poder del imperialismo norteamericano en la región y en otras partes del planeta. Declinación que puede ser datada por primera vez en 1961, con la derrota de la invasión yanqui y mercenaria en Playa Girón.

Este somero y apresurado repaso de la historia latinoamericana es en sí mismo una muestra concentrada de la historia, universal y milenaria, de la lucha de clases, de la lucha social, de la lucha económica, del combate político y del enfrentamiento ideológico entre dominadores y dominados, entre centro y periferia, entre expoliación y resistencia, entre colonialismo y anticolonialismo.

Ninguna derrota y ninguna victoria son para siempre. Lo único constante es esa línea de progreso, de avance, de mejoría humana a que conduce la lucha entre clases antagónicas.

“Zapata vive, la lucha sigue”, decimos en México. Y también podría decirse con igual justeza Bolívar, Hidalgo, Chávez viven y las luchas siguen. Las recientes derrotas electorales del chavismo y del kirchnerismo son solamente altos temporales en el camino. El chavismo está ahora a la defensiva, pero vivo y actuante. Y en Argentina ya comenzó sólida y ruidosamente una nueva etapa de la lucha social, ahora contra el neoliberal Macri y sus mandantes de Washington. Y todo ello con el telón de fondo de una nueva insurrección popular en Haití contra la ocupación militar estadunidense, mal vestida con uniformes de la ONU.

La derecha mexicana, latinoamericana y planetaria está de plácemes con sus recientes éxitos. Pero nuevas movilizaciones e insurrecciones populares ya avisan sonoramente que Bolívar, San Martín y Hugo Chávez viven. Y que aunque derecha, imperialismo y colonialismo no quieran, las luchas siguen.
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