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Venezuela y la dictadura

  • Luis Humberto Fernández

Venezuela vive hoy una tragedia y se está perfilando a un caos y un conflicto de mayores proporciones. El deterioro en la calidad de vida, en la economía y la deplorable gestión del gobierno son evidencia de un Maduro mal comediante y pésimo gobernante, que va en una ruta directa hacia la dictadura y el caos. La izquierda mexicana no puede ser solidaria con quien actúa en contra de los principios de libertad y democracia que profesamos.

El pasado domingo 30 de julio el pueblo venezolano fue convocado a elegir la Asamblea Constituyente propuesta por el presidente Maduro, en medio de una crisis política y social de la que parece no existir salida, al menos en el corto plazo.

La intervención, la manipulación de los comicios del Constituyente, la violencia, la detención y retención de presos políticos, la destrucción y el uso faccioso de las instituciones venezolanas son más cercanas a las prácticas priistas y representan la esencia de lo que la izquierda ha combatido a lo largo de su historia.

Hay un esfuerzo importante por identificar a Venezuela y a Maduro con la izquierda progresista mexicana, nada más absurdo y alejado de la realidad. En la lucha contra la corrupción y un establishment depredador no se ha roto ni un vidrio y no se ha llamado a la rebelión. Los gobiernos cercanos al movimiento de López Obrador son distantes de este tipo de acciones.

En cambio, la Venezuela de Maduro tiene grandes similitudes con el gobierno actual de México. Ambos siendo potencias petroleras compran gasolina y petróleo a Estados Unidos. Ambos tienen como ideología preservar el poder al costo que sea. Una muestra de las similitudes de los regímenes es que en 2016, las importaciones de gasolinas desde Estados Unidos sumaron para Venezuela 2,853 millones de barriles, lo que equivale a un promedio de 92 mil BPD. México importa 62% de la gasolina que consume, es decir, 504.6 mil barriles diarios para satisfacer la demanda nacional, equivalente a 815 MBD.

Venezuela está viviendo un autogolpe de Estado y va en la ruta hacia una guerra civil. ¿Esto justifica que México deba intervenir? No. Los principios de la política exterior mexicana señalan con claridad que nuestro país reconoce Estados, no gobiernos, además es contundente y explícita la política de no intervención.

Nuestro país debe tener una posición clara sobre este caso: pronunciarse en contra de la violencia, la represión y las violaciones a los derechos humanos. Es muy delicado pasar de este tipo de pronunciamiento al activismo internacional o la intervención en problemas de otras soberanías.

México requiere de la mayor credibilidad e influencia en América Latina. Será muy difícil que se prestigie haciendo acompañamiento a la política de Washington, sobre todo cuando había decidido ser omiso en todo este proceso.

La salida del conflicto venezolano debe ser a través del diálogo y la negociación, orientada a restablecer el orden democrático. La única utilidad que podría tener nuestro país para los venezolanos sería participar como un eventual mediador entre las partes, pero realizando una intervención directa se descalificará para ello.

México no puede apoyar un régimen como el de Maduro, pero tampoco puede ser el fontanero del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Así, la única opción digna y legal es el respeto a los principios de política exterior mexicana.

@LuisHFernandez