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Veracruz, la respuesta del Gobierno federal

  • Rebecca Arenas

Cuando ocurre un siniestro en cualquier punto de nuestra geografía, trátese de inundaciones, huracanes, temblores, derrumbes, o la suma de varios de éstos, el Gobierno federal activa ipso facto el Programa Nacional de Protección Civil donde personal calificado y un equipo moderno y adecuado permiten poner a salvo a la población en riesgo o damnificada. De forma simultánea se inicia la reconstrucción de daños, a través del Sistema Nacional de Protección Civil en Emergencias y Desastre Sinaproc, y se autoriza la utilización de recursos del Fondo de Desastres Naturales Fonden, con los que se costea la recuperación de daños.

Los importantes esfuerzos del Gobierno federal para proteger a la población civil de los desastres naturales me hacen lamentar que no exista un sistema equivalente que nos proteja a los ciudadanos de la devastación que cometen los malos gobiernos, dejando, no pocas veces, secuelas mayores a las de una hecatombe natural.

La crítica de los especialistas sobre la política reactiva del Gobierno federal me lleva a una sorprendente conclusión, que en el caso de la hecatombe veracruzana provocada por el deterioro moral de malos gobernantes, la respuesta del Gobierno federal no ha sido ni preventiva ni reactiva, ha sido omisa.

No fue preventiva cuando era el momento, y a pesar de contar con  evidencias fehacientes del saqueo de la entidad se pudo evitar, pero nada se hizo. Ya cometido el daño, ni la grave quiebra económica, ni la pobreza, ni el desempleo, ni la corrupción, la inseguridad ni la impunidad, han logrado convencer al Gobierno federal de acudir al rescate del Estado de Veracruz, que hoy por hoy enfrenta un daño infinitamente mayor al que ocasionan los desastres naturales, con un tejido social prácticamente inexistente e instituciones socavadas hasta lo indecible.

Ciertamente que el Sistema de Protección Civil en caso de Emergencias y Desastres, no contempla la atención a daños provenientes de la corrupción extrema de las gestiones de Gobierno, para ello existe el Sistema Único de Justicia Penal, que contempla el juicio imparcial a los presuntos responsables, un castigo ejemplar a los culpables, y concluyendo el proceso, la reparación del daño, es decir, la devolución de todo lo que fue saqueado, en este caso, al pueblo de veracruzano.

Eso dice la ley, pero ¿qué piensan y esperan los veracruzanos de la impartición de justicia en nuestro país?  Si durante años la Auditoría Superior de la Federación formuló observaciones, cada vez más graves, sobre el vertiginoso saqueo de las arcas públicas en Veracruz, focos rojos de alarma, nadie escuchó.

Cuál puede ser la percepción de los veracruzanos cuando al final de su mandato, Javier Duarte es acusado penalmente, pero se fuga a plena luz del día, sin que nadie lo impida. Tras desaparecer por meses, sorpresivamente reaparece en el extranjero y es detenido. Las escenas de su detención, plagadas de contradicciones, mientras su cónyuge y principal cómplice ponía tierra de por medio, sin ningún requerimiento por parte de la justicia mexicana, más parecen un reality show de Laura Bozo que un logro destacado de la justicia mexicana.

Habida cuenta de la dinámica gubernamental ¿Sería mucho pedir un desastre natural en Veracruz? ¡A ver si así hay respuesta del Gobierno federal!
rayarenas@gmail.com