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Veracruz y un gobernador de siete semanas

  • María Antonieta Collins

Desde Miami

  • María Antonieta Collins

Esta columna no la escribo como periodista, ni como partidaria de ningún político en especial. La escribo como veracruzana que ama a su tierra y que esta cada día más preocupada de ella.

La noticia que me contaba mi amiga la Chata Tubilla desde mi Coatzacoalcos adorado me llenaba de alegría: Flavino Ríos Alvarado hasta hace dos días Secretario de Gobierno de Veracruz había juramentado como gobernador del Estado.

Durante meses, la peor pesadilla a la distancia, no solo mía, sino de decenas de veracruzanos en los Estados Unidos, era imaginar los zafarranchos que se producirían antes y durante la toma de posesión del gobernador electo el próximo primero de diciembre.

No podía pensar en otro escenario que no fueran los gritos, las acusaciones, el odio y todos aquellos sentimientos que alimentan el morbo popular.

¿Qué hacer para evitar más escándalos? Pensaba que posiblemente Javier Duarte podría elegir no ir a entregar el poder físicamente, ya que la ceremonia de posesión es un mero acto protocolar, Y que Miguel Ángel Yunes, el primer gobernador de oposición en la historia contemporánea de Veracruz ascendería así al poder.

Sin embargo la toma de posesión de Flavino Ríos, es la esperanza que muchos esperan y le voy a decir por qué. El reloj de mi vida dio entonces marcha atrás exactamente cuarenta y siete años, se detuvo en 1969 cuando junto a una serie de jóvenes que participábamos en concursos de oratoria, conocimos a este minatitleco que de inmediato nos unió a todos con una de las grandes características de su personalidad: su gran poder de conciliación y la creencia de que todas las corrientes pueden convivir en el marco del respeto a lo que el otro piense.

Pronto, Flavino Ríos era ya una especie de hermano mayor en el que siempre podíamos confiar aquel grupo de estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad Veracruzana que tuvimos el honor de convivir con él. Era el Director Juvenil de la entonces CNOP y políticamente muy activo, pero también Flavino nos motivaba a estudiar, a saber cada día mas de todo aquello que el México en el que vivíamos exigía. Acababan de suceder los eventos del 68 y la efervescencia de los estudiantes estaba en boga.

Por ese tiempo la oratoria era mi materia favorita. Había ganado concursos de la CNOP representando a mi ciudad y finalmente en 1972 era la campeona estatal. Junto a mi madre y compañeros partí a Mexicali a aquel concurso nacional de donde Flavino Ríos no nos abandonó a ninguno y dejó muy impresionado con aquella delegación juvenil a don Julio Bobadilla Peña, entonces del dirigente nacional de las organizaciones populares.Siempre supimos que llegaría muy lejos.

Especialmente porque nadie que le conozca de cerca puede hablar algo en contra. Dueño de un temperamento a prueba de todo. Jamás sale de control, cuida la forma y el fondo, respeta y por eso le respetan. Sabe entender a quienes atacan y busca finalmente el bien de los más débiles.

Tengo que aclarar que hace muchos años que no tengo contacto alguno con él y que no planeo tenerlo tampoco. Por eso puedo escribir esto libremente como veracruzana a la distancia.

“Si, pero solo será gobernador por siete semanas” me dice alguien y le respondo: aRíos Alvarado situaciones difíciles como la que vive Veracruz en este momento con los secuestros, la violencia, la extorsión no solo al rico sino también a la sufrida gente de a pie, son el aliciente para trabajar como nadie. A fin de cuentas, aunque mereciera un mandato largo, por ahora, ya pasó a la historia de nuestro amado Estado. Y ni quien se lo quite.

Siete semanas en el Palacio de Jalapa también pueden hacerlo un buen gobernador.