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Vestigios de nuestra historia

  • Cuadratura: Enrique pardo Genis

Un lugar que guarda los registros de nuestra evolución es el museo ¿no? Por lo menos al viajar, yo acostumbro visitar alguno para conocer más sobre nuestra historia. Pero eso no siempre fue posible. Por ello me di a la tarea de busca el museo público más antiguo del planeta.

Los museos documentan nuestra historia a través de vestigios propios de las épocas y lugares, que precisan el desarrollo de culturas o acontecimientos y estos, a su vez, refuerzan o dan pie a teorías de nuestra evolución. Ahí tenemos el penacho de Moctezuma en el museo de Viena, en Austria, y la lanza clavada a Jesucristo hace 2017 años, resguardada en el mismo lugar.

El ser humano siempre ha dejado rastros de su paso en el tiempo, pero los destinatarios en muchas ocasiones fueron exclusivos. El museo Ashmolean de arte y arqueología, en Oxford, Reino Unido, fue el primer recinto que abrió sus puertas al público en 1683, para mostrar al público la colección de medallas, monedas, pinturas, manuscritos, obras impresas y curiosidades rarísimas del anticuario, matemático y astrólogo masón Elías Ashmole.

El edificio en Beaumont Street se convirtió así en el primer lugar de exposición abierto al público de forma permanente. Más tarde, durante el siglo 18 se inauguraron el British Museum en Londres y el Louvre en París. En específico en 1753 y 1793, respectivamente.

Otros museos también muy antiguos son el de ciencias naturales de Madrid, que fue abierto en 1752, en plena era de las exploraciones científicas, y el Hermitage de San Petersburgo, en Rusia, abierto al público en 1852. Ahora, otro museo del que merece la pena hablar es del Ennigaldi-Nanna, en Dhi Qar, Irak, pues si bien no se trata del primer museo público, sí podría tratarse del primer museo del mundo, pues data del año 530, antes de Cristo. Fue el arqueólogo Leonard Woolley, quien lo descubrió mientras excavaba en un palacio de Babilonia en 1925. Desde entonces se convirtió en el primer museo conocido por los historiadores. Ahora, regresando al tema de la lanza sagrada, clavada a Jesucristo, debo decir que además de la de Viena existen otras 3. Una en Cracovia, otra en El Vaticano, y otra en Armenia; todas ellas con posibilidades de ser la original. Yo conocí la que resguardan en la capital austriaca y debo decir que al preguntar sobre su autenticidad, ellos mismos no pueden asegurarla. Esto no se debe a que aquella no sea fidedigna, sino que reconocen el gran peso de las demás.

Viva la vida y sea feliz.

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