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Victorias pírricas

  • Alejandro Díaz

Pirro, rey de Epiro (Grecia continental), vivió entre los siglos tercero y segundo a.C., enfrentando militarmente a macedonios, etruscos y romanos durante largos años. Al final de una batalla contra los romanos, la de Asculum (279 a.C.), Pirro salió triunfador, pero a un costo tan alto que no pudo recuperarse y tuvo que negociar la paz. De ahí el término “victorias pírricas” que se da a los triunfos que tienen un costo tan alto que habría sido mejor no entrar en conflicto.

El pasado domingo 4 de junio, el gobierno mexicano tuvo no una, sino dos “victorias pírricas” en los estados de Coahuila y de México. Ganó -al menos así se ve en estos momentos-, las elecciones para gobernador como se hizo en buena parte del siglo XX. No quiso arriesgarse a perder y las arrebató como si hubiera olvidado las palabras de Luis Donaldo Colosio: “Los tiempos de la competencia política en nuestro país han acabado con toda presunción de la existencia de un partido de Estado”.

Un régimen gubernamental con bajos índices de aceptación requiere al menos señales de que lo hará bien en el futuro y corregirá lo mal hecho para intentar mejorar en la aceptación popular. Una imposición sin recato en esas dos entidades no fue el mejor método para lograrlo. Lo que hizo va en dirección contraria y los índices continuarán cayendo hasta que dejen de registrarlos por inútiles.

A pesar de que se dispersó el voto en el EdoMex mediante hábiles maniobras, no impidió que Morena compitiera con éxito hasta el punto en que no se sabe con certeza quién ganó. Si bien en Coahuila no se intentó dispersar el voto, el árbitro -el Instituto Electoral local- se decantó en apoyo al candidato oficial mediante omisiones para dar tiempo a rehacer actas y paquetes electorales a conveniencia. Suspendió el PREP cuando faltaban mil de las tres mil 628 casillas por computar. Desapareció al menos medio millón de votos. Hubo robo de paquetes y sustitución de actas, se alteraron resultados y se omitieron casillas inconvenientes, como dejaron múltiples huellas del atraco que en tribunales van a quitarle el sueño a los candidatos teóricamente victoriosos y a otros muchos.

La reacción popular en el primer caso fue de incredulidad, de estupor. No ha habido movilizaciones a pesar de que el presidente de Morena es muy conocido por ellas. Aunque han hecho múltiples declaraciones, no descartan acciones futuras. Otros partidos han advertido que buscarán anular esa elección por
irregularidades.

Pero en Coahuila el escenario es diferente. Una alta votación mostró el carácter de los ciudadanos y desde el día siguiente a la elección salieron centenas de miles de ciudadanos a manifestarse en las principales ciudades del estado. Pacífica, pero firmemente, mostraron su rechazo a la manipulación electoral. Sin convocatoria previa, en forma espontánea, salieron a calles y plazas demandando respeto a la voluntad popular. Si bien no fueron reprimidos, tampoco les escucharon.

Imposible mejorar el índice de aceptación con métodos regresivos. Aunque ambos candidatos llegaran a tomar posesión, quedará el estigma de su ilegitimidad. Y lo más grave será el señalamiento al gobierno federal y a su partido, que conducen a México a un retroceso de 25 o 30 años. Hacen esperar lo peor para el 2018.

daaiadpd@hotmail.com