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Vida Paralela/ Numerados

  • Camilo Kawage

  • Camilo Kawage Vera

1.-Una de las mentes más brillantes del primer exilio cubano fue Luis Enrique Aguilar León y su memoria, siempre presente por las dotes del queridísimo amigo, erudito historiador y doliente expatriado de su añorado país, retumba a la hora de los funerales del personaje que acomodó la historia a su voluntad, cambió las manecillas del reloj y le vertebró un brusco vuelco con su dominio total sobre Cuba, expansivo a buena parte del mundo no libre. Nacidos ambos en 1926, Luis en Manzanillo y Fidel en Birán, fueron amigos y compañeros de clase, desde la primaria en el Colegio de Dolores en Santiago, el Colegio de Belén en la capital al bachillerato, hasta Derecho en la Universidad de la Habana, donde se recibieron, Luis en 1949, Fidel en 1950.

2.-El querido Lundi -como le llamaban sus cercanos, que eran incontables-, cumplió después un postgrado en la Universidad Complutense de Madrid, al término del cual regresó a Santiago y se instaló más tarde en la Habana al ejercicio de su profesión, que alternó con el periodismo como articulista político en “Prensa Libre”, publicación que luego fue proscrita por su amigo y co-fundó el movimiento social cristiano que también sería aplastado al triunfo de la revolución. En esos años se casó con la inolvidable Vera Mestre, integrante a la familia propietaria de CMQ, la radiodifusora y televisora más importante del país, que a 1959 poblaban 7 millones de habitantes.

3.-Los años que Castro dedicó a su rebeldía guerrillera y sus intentos de deponer a Batista por las armas, Aguilar los aplicó al estudio social y al activismo político, para derrocarlo por la pluma del Derecho, perseguían las mismas causas por distinta vía, pero no eran enemigos personales, hasta que Fidel inició el sacudimiento final del régimen e impuso el toque de queda en que quedó Cuba desde 1959. Aguilar siguió procurando atemperar la furia comunista que ahora se había apoderado de Fidel y pugnó sin éxito por la libertad de pensamiento y de palabra.

4.-Fue la publicación del ensayo, “La hora de la unanimidad”, que en mayo de 1960 condenaba la censura impuesta, que produjo el rompimiento definitivo. Luis Aguilar fue detenido por los servicios de seguridad y el comité de libertades revolucionarias demandó nada menos que su ejecución. Contado por él mismo años después, pudo hablar por teléfono con el caudillo quien, por una indulgencia especial, le perdonó la vida y le dio 24 horas para abandonar Cuba. El jurista se trasladó con su familia, primero a Miami y luego a Nueva York, donde dio clases en las universidades de Columbia y Cornell, para después sentar base en Washington, D. C. como catedrático, luego profesor emérito, en la Universidad de Georgetown, que fue su casa.

5.-Tuvimos el privilegio de conocerlos cuando en 1971 el Cafetero fue invitado al Banco Interamericano de Desarrollo, a colaborar con don Antonio Ortiz Mena. Su esposa Vera trabajaba en el banco y le presentó a Lundi, para de ahí trabar una desbordante comunidad de afectos, de afinidades y de inteligencias que trascendió los tiempos. En su casa de Bethesda escuchamos sus anécdotas, sus reflexiones y su visión de la realidad de la Cuba suya, a la que anticipaba una larga época de dictadura, que para entonces duraba ya doce años. Su conversación exquisita alrededor de un congrí y los gratificantes y enriquecedores intercambios con Don Alfredo, son inmemoriales.

6.-Otra vez vino a México por navidades. El acontista entendió por él, quién y qué era la Coatlicue, entre tantas lecciones que intentó aprender, “un brandicito, doña Mina”, sugería en ese invierno impío. El amigo de infancia de Fidel se apagó en 2008 sin poder regresar a Cuba, nadie sabe qué le habría deparado la vida latente de un pueblo, que en la cuarta generación no ha conocido otra cosa que su Dios, el hacedor de vida. Ya estarán platicando.
camilo@kawage.com