imagotipo

¿Vieja Revolución? / El Agua del Molino / Raúl Carrancá y Rivas

  • Raúl Carrancá y Rivas

Ferdinand Lassalle, el célebre abogado y político socialista alemán, escribió en “¿Qué es una Constitución?” que “los problemas constitucionales no son, primariamente, problemas de derecho sino de poder”, añadiendo que como consecuencia “las constituciones escritas no tienen valor ni son duraderas más que cuando dan expresión fiel a los factores de poder imperantes en la realidad social” (en traducción de Wenceslao Roses para la Editorial Ariel). En tal virtud, yo me pregunto qué celebramos exactamente este 20 de noviembre al festejar una Revolución cuya ideología e ideales se vertieron íntegros en una Constitución mutilada, alterada, desobedecida. Revolución y Constitución, en el caso de México, forman un binomio inseparable. ¿Por lo tanto, qué factores de poder imperan en la realidad social del México actual? ¿Qué Revolución festejamos? ¿Es acaso la nuestra una vieja Revolución sin sentido? Porque siendo verdad que los problemas constitucionales son de poder más que de derecho, la misma definición se puede aplicar a la Revolución de 1910, cuyos problemas, dinámica y actualidad son evidentemente de poder. ¿Cuál poder, qué poder, el de aquella época? ¿El poder de facto de nuestros días o el que se apoya -se debería apoyar- en una sólida base jurídica, en un conjunto de normas jurídicas?

Ahora bien, no hay la menor duda de que gran parte de los ideales revolucionarios siguen vigentes, pero con otra estructura de poder vinculada a intereses que no son precisamente los de las mayorías populares. En tal virtud, se han generado innumerables reformas constitucionales, y también a leyes secundarias, alejadas de aquellos intereses. Y lo que queda del ideario revolucionario plasmado en la Carta Magna es con harta frecuencia ignorado, lo cual ha traído consigo una seria fractura en el Estado de Derecho. Añádase a esto la delincuencia organizada, la violencia, el narcotráfico, la severa crisis en la procuración e impartición de justicia y la corrupción generalizada. El resultado es que la estructura de poder actual se asienta sobre bases jurídicas endebles, en muchas ocasiones contradictorias y por supuesto insuficientes. No se pierda de vista al respecto que principios fundamentales emanados de la Revolución y que se hallan insertos en el capítulo constitucional de las garantías individuales y de los derechos humanos, no son respetados en su mayoría debido a la presión de incontables intereses de grupo; lo que contribuye, de nueva cuenta, al debilitamiento del Estado de Derecho. Señalando un punto, solo un punto de partida, del movimiento revolucionario de 1910 he allí el clamor popular de justicia en la época pre y post revolucionaria, verdadero grito del pueblo gobernado, mal gobernado, que resumió a la perfección don Justo Sierra: “¡El pueblo tiene hambre y sed de justicia!”. Lo que pone de manifiesto que la Revolución cuyo aniversario 105 celebramos mañana buscaba primordialmente saciar esa sed. La gran pregunta es si lo hemos logrado, y no me refiero exclusivamente al mundo profesional del Derecho, al litigio en los tribunales, sino a la insatisfacción generalizada por la ausencia en nuestro medio social de los valores de la justicia. De tal manera que las loas a la Revolución a cargo de muchos pregoneros oficiales no hacen más que resaltar el contraste entre el deber ser constitucional y el ser de una realidad que causa molestia, enojo y desilusión. Pensemos en ello al celebrar con ceremonias austeras y solemnes el aniversario revolucionario que despierta, en medio de una sensación de respeto, dudas y reflexiones. Y cuidado, porque éstas se pueden convertir en otro tipo de violencia, que no la criminal, que ponga en serio entredicho una estabilidad que, a pesar de los problemas que padecemos, es necesaria, imprescindible, para el progreso de México. Sí, es verdad, “las constituciones escritas no tienen valor ni son duraderas más que cuando dan expresión fiel a los factores de poder imperantes en la realidad social”.
Sígueme en Twitter:@RaulCarranca

Y Facebook: www.facebook.com/despacho.raulcarranca