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Vientres subrogados / Cuchillito de Palo / Catalina Noriega

  • Catalina Noriega

El tema resulta escabroso, tanto o más que los muchos otros surgidos a raíz de ciertos avances científicos. A quienes somos originarios del romanticismo de épocas pasadas, nos cuesta aceptar y, sobre todo adaptarnos a estos días en los que los valores se trastocan.

Por vientre subrogado, o “de alquiler” se entiende el acuerdo que se establece con una mujer, para que “preste su cuerpo” para albergar la gestación de un bebé, que al nacer pasará a ser propiedad de unos padres solicitantes.

La práctica –común en California, Estados Unidos-, se dirige a quienes tienen problemas de esterilidad. Hay dos variedades: la que se “alquila” da su óvulo y el espermatozoide proviene del futuro padre, o de algún otro hombre, o, cuando quienes contratan el servicio aportan el material genético, de sí mismos o de donantes.

Este tipo de tratos podrían pasar desapercibidos, si no fuera porque empiezan a ser frecuentes en el país. El alto costo que tienen en California (130 a 150 mil dólares) obligó a los que están detrás de la lucrativa empresa, a buscar enclaves más baratos. Rusia, Ucrania, Grecia, la India y ahora México aparecen como paraísos reproductivos, donde resulta sencillo encontrar a quienes a cambio de poco dinero, aceptan albergar la semilla que será de otros.

En Tabasco se legalizó desde hace años; en Sinaloa también y en el DF lo aprobó la Asamblea Legislativa, aunque nunca se publicó en el Diario Oficial, por lo que no está vigente. En Coahuila está prohibido y en el resto de la República hay un vacío legal.

Hay clínicas y agencias que se dedican a reclutar a las “incubadoras” y hacer uso de sus servicios es tan fácil como meterse al internet. Prolifera la práctica que puede dar cabida a innumerables delitos, como la estafa, además de conflictos tan serios como el de que el niño nazca con alguna malformación u otro problema y lo rechacen.

Ha habido confrontaciones jurídicas fuertes, como cuando la gestante conoce a su cría y se niega a entregarla a quienes la “ordenaron”. Como hay dinero y contratos de por medio, el litigio puede ser de pronóstico reservado.

De acuerdo a la legislación, en algunas naciones se puede prestar el cuerpo, pero no cobrar por el servicio. Se garantiza el que se cubra la atención médica de la embarazada y su bienestar durante ese plazo, pero al nacer la criatura acaba la manutención. Si se piensa en las cantidades de dinero que cobran las agencias, se nota a leguas que poco cumplen con la ley y que, gestante y clínica o agencia, resultan beneficiadas, en particular estas últimas. O, ¿lo hacen por amor al prójimo y todos son hermanitas de la caridad?

En Francia, España, Alemania, Italia, Portugal y Bélgica está prohibido. El peligro de los delitos reproductivos es serio y más cuando estos “negocios” se asientan en lugares donde hay altos índices de pobreza.

En Quintana Roo, la agencia Surrogacy beyond borders reclutaba gestantes con la promesa de darles un buen trato; se obligaba a las mujeres a vivir en condiciones de insalubridad, lejos de su familia y sin atención médica.

Las candidatas tienen que pasar exámenes de salud y estar entre los 25 y los 35 años, además de haber dado a luz, cuando menos a un hijo. En la India y en México, el costo para los futuros padres está entre los 50 y los 80 mil dólares, vellocino de oro para sátrapas de malas intenciones.

En paralelo a la modernidad, aparecen delitos crueles, como salidos de una novela de ciencia ficción. Ya están aquí, a la vuelta de la esquina y habrá que lidiar con ellos.

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