imagotipo

Vigilando al turista / Horizonte Económico / David Colmenares Páramo

  • David Colmenares

Hay una serie de televisión en Netflix que se llama Vigilando al Turista; es inglesa y el tema es que el conductor del programa y su staff visitan las principales ciudades del mundo para dejarse estafar, con el fin de que no estafen a los turistas. La serie empieza en Roma, pero en su segunda temporada incluye a la Ciudad de México. Las estafas empiezan generalmente en los taxis, desde el que te dice que le diste un billete de menor cantidad -en Brasil-, los que te llevan a tugurios -en Colombia-, los que dan vueltas más largas como en Las Vegas, pero lo más infame se da en la Ciudad de México, donde no es solo la estafa, es el secuestro exprés e incluso el riesgo de morir a manos de los delincuentes y, de los que he visto, es donde es más clara la corrupción policiaca. Llegan a hablar de la “infame ciudad”.

El turismo es una de nuestras principales fuentes de divisas, hay ciudades que solo viven de eso, como algunas capitales y los destinos de playa. Lo anterior a propósito del asueto de Semana Santa, que además de una buena derrama económica, del turismo básicamente nacional en lugares como Acapulco o Oaxaca, sucede exactamente lo mismo el abuso en contra de los turistas, empezando por el transporte público, principalmente los taxistas. Los de los hoteles cobrando tarifas del doble por lo menos del equivalente a un buen servicio independiente. Curiosamente ni Acapulco ni Oaxaca tienen el servicio de Uber, pero sería muy sano se introdujera. En la CDMX las terminales de autobuses son lugares muy peligrosos, para los turistas y la gente más pobre.

En Ciudad de México es frecuente que casi 80 por ciento de los taxis de la calle altera las tarifas; si los intentas tomar en Polanco, carros maltratados con chóferes sucios e impreparados pretenden cobrar una tarifa especial a sitios como el aeropuerto, y los de calle alteran los taxímetros, sus carros no sirven y los chóferes son groseros y agresivos.

El conductor del programa llega a Tepito con un “guía-protector” que contactó en un altar de la Santa Muerte; al salir de ahí es transportado por un chofer que le cuenta que se dedicaba a vender ropa, que tuvo que matar a un tipo de un balazo en la cabeza, pero que pagando a través de su abogado salió libre y por eso maneja un taxi. Éste le contacta con un policía corrupto que, a su vez, lo conecta con un secuestrador exprés, casi en todos los casos se trata de expolicías o policías dedicados al crimen.

En Oaxaca es común que a los turistas les cobren mucho más, a veces el doble de sus tarifas de usos y costumbres; abundan los carros en malas condiciones, líderes o patrones que tienen verdaderas flotillas, explotan a los llamados chóferes, que les llaman patrones, y los han usado para presionar a las autoridades, por ejemplo para protestar contra el Metrobús o una posible llegada de Uber.

En Acapulco es peligroso, pero sucede lo mismo, incluso contra el turismo nacional. En una sola esquina puedes ver un mundo de tarifas y no es competencia, es abuso.

En los lugares frecuentados por turistas, como restaurantes, los abusos son terribles, la lógica es que el cliente de todas maneras no regresará; los fraudes con las “piezas arqueológicas halladas en el campo”, etcétera.

Cuidemos del turista, no olvidemos que es la segunda fuente más importante de divisas del país, que hay ciudades como las dos mencionadas que solo viven de eso.
brunodavidpau@yahoo.com.mx