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Violencia, mujeres y justicia, una relación indisoluble / En Cantera y Plata / Claudia S. Corichi

  • Claudia Corichi

En vísperas de la comparecencia ante el Pleno del Senado de las y los candidatos a cubrir con las dos vacantes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación  –y en un procedimiento “sui generis”-, no solo han quedado ignoradas las legítimas demandas de amplios sectores sociales con respecto de aumentar el número de mujeres en el más alto órgano de justicia en el país, sino que se ha abierto nuevamente el debate sobre las facciosas designaciones del Ejecutivo en puestos clave para la nación.

El caso del Poder Judicial en México es singular, pues a pesar de que las mujeres son  mayoría en esa soberanía, solo 5 por ciento de éstas logran acceder a puestos como juezas, magistradas o ministras. Esto, mientras que la tendencia regional es que al menos en la mitad de los países de América Latina la presencia de mujeres en los Máximos Tribunales de Justicia es de poco más 22.6 por ciento.

Existe una intrínseca relación entre la impartición de justicia, el género y violencia. Este próximo 25 de noviembre conmemoraremos una vez más el Día Mundial de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, no solo en el marco de múltiples agravios al sexo femenino, sino en flagrante trasgresión de los Derechos Humanos de las mujeres en México, toda vez que los feminicidios, las desapariciones, los acosos y diversos tipos de violencia siguen definiendo la realidad de muchas mexicanas.

Sin embargo, hoy escribo estas líneas sobre esas mujeres que han sido discriminadas en un sistema de justicia mexicano ciego al género, que ha olvidado llevar este enfoque desde los Ministerios Públicos –donde revictimizan muchas veces a las mujeres-, hasta la propia SCJN, a la que hoy le es negada la posibilidad de tener más mujeres.

Cifras de la última Encuesta a la Población en Reclusión del Sistema Penitenciario Federal, realizada por el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) señalan que las mujeres internas en los centros federales están sentenciadas en gran mayoría por delitos “contra la salud, no violentos”. Se trata de mujeres sin antecedentes penales en el 99 por ciento de los casos, mientras que en el 91.6, de los casos, ninguna de ellas portaba armas o actuó con violencia. Primodelincuentes, muchas veces orilladas a delinquir por hambre y falta de oportunidades.

Estas mujeres, son mayoritariamente jóvenes (entre 31 y 40 años), con hijos (hasta el 85 por ciento de ellas) provienen de contextos violentos y cuentan con escasa educación, pues el 60 por ciento de ellas no completaron ni la secundaria, mientras que el 45.3 por ciento señala que la razón por la que no continuaron estudiando es porque tenían necesidad de trabajar.

Mientras que tenemos cárceles sobrepobladas, diseñadas en estricto sentido para atender a hombres, -viviendo muchas veces en ellas incluso con sus hijos- y un Sistema Acusatorio que priva de la libertad a mujeres que “comenten crímenes de hambre” o que se enrolan como mulas de drogas para llevar algo que comer a sus hogares, hacen falta mujeres como la ministra Olga Sánchez Cordero, que con capacidad y visión sumen nuevos enfoques a la impartición de justicia en México.

Las mujeres debemos ser partícipes y protagonistas de la justicia, tal como lo señala la Recomendación General No. 22 de CEDAW. Si el Ejecutivo lo ha ignorado, como lo ha hecho con la exigencia de presentar perfiles imparciales para tan importantes puestos, es claro que su compromiso es con sus amigos –la mayoría del Estado de México- y no con la igualdad de género como pretende hacernos creer en el discurso.

No solo incumple con las y los ciudadanos que exigimos ampliar la presencia de mujeres en la Suprema Corte, sino con los compromisos que México ha adquirido como Estado ante la comunidad internacional.

En plena crisis de legitimidad y de cumplimiento con los Derechos Humanos como la que vivimos en México, no solo se están coartando las oportunidades a mujeres capaces de acceder a la SCJN, sino que una vez más, son víctimas de esa violencia invisible con la que pretenden que vivamos día a día. No más feminicidios, no más desparecidas, no más violencia, sí más mujeres con perspectiva de género y derechos humanos impartiendo justicia.