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Violencia obstétrica / De Cara al Sol / Andrea Cataño Michelena

  • Andrea Cataño

El 25 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que fue creado por la ONU en 1999. Desde entonces, hasta la fecha, se han hecho innumerables esfuerzos por hacerla visible y combatirla. Cualquier forma de violencia contra la mujer es injustificable y debemos reforzar los mecanismos para atajarle el paso, pues está imbricada en costumbres atávicas o creencias religiosas, como la mutilación genital de la que se calcula han sido víctimas 133 millones de niñas y mujeres en los 29 países de África y Medio Oriente.

Pero hay otras formas de violencia contra las mujeres que ni siquiera cuentan con reconocimiento oficial en muchos países. Tal es el caso de la violencia obstétrica. La Ley de Acceso de las Mujeres de una Vida Libre de Violencia del Estado de Guanajuato define a la violencia obstétrica como: “[…] todo acto u omisión intencional, por parte del personal de salud, que dañe, lastime o denigre a la mujer durante el embarazo y parto, así como la negligencia en su atención médica”.

La violencia obstétrica es física (cuando hay prácticas invasivas, suministro de medicamentos injustificados o negación de la atención médica) y psicológica (que incluye el trato deshumanizado, la discriminación, los insultos, las bromas, la humillación y la negación o la omisión de información sobre la evolución del parto o embarazo). Es necesario recordar que este tipo de violencia puede suceder durante la atención institucional o en la esfera social, ya sea por parte de los familiares o desconocidos antes, durante y después del parto. El orillar u obligar a abortar y el esterilizar a la mujer sin consentimiento también es violencia obstétrica.

Alrededor de 23 mil mujeres mueren cada año en América Latina y el Caribe por causas relacionadas con el embarazo. (OPS 2002). En nuestro país haya 38.2 muertes maternas por cada 100 mil nacimientos, esta cifra se encuentra muy por arriba de meta de 22 por cada 100 mil, que fue establecida hace quince años dentro de los Objetivos del Milenio.

En México, la Ley General de Salud no incluye la violencia obstétrica, y en el nivel estatal únicamente Chiapas, Guanajuato, Durango y Veracruz cuentan con definiciones de violencia obstétrica en sus leyes respectivas; sin embargo, únicamente en Veracruz está tipificada como delito, al que se imponen penas que van de tres a seis años de prisión y multas de hasta 300 días de salario mínimo.

Hace unos días, el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) denunció en redes sociales un terrible caso de violencia obstétrica que resultó en la muerte de una mujer de 41 años, de nombre María Ligia, madre de cinco hijos. Estaba en la semana 21 de gestación de gemelos. Las causas de su muerte demuestran mal trato, negligencia, ineptitud, falta de información y todos los elementos que integran la definición de violencia obstétrica.

La violencia obstétrica representa un problema de salud pública que hay que enfrentar con un plan integral que incluya educación, información, capacitación, sensibilización y dotación de los insumos básicos necesarios para atender el embarazo, el parto y el puerperio. Ninguna mujer merece ser objeto de este cruel tipo de violencia que deja huérfanos a miles de niños que merecían haber conocido el único amor incondicional que existe: el de la madre.
andreacatano@gmail.com