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Virgilio, ¡padrón! / Juego de Palabras / Gilberto D’ Estrabau

  • Gilberto Destrabau

Luego de graduarse en el ITAM junto con sus cuates Luis Videgaray y José Antonio Meade, Virgilio Andrade chapulineó en la mediana burocracia durante 15 años. Entre 2012 y 2014 fue titular de la Comisión Nacional de Mejora Regulatoria (Cofemer) y en febrero de 2015 su cuaderno cuadriculado con raya roja Luis Videgaray lo aupó al gabinete para que dilucidara una cuestión habitacional en Malinalco.

Para solventar lo anterior, Andrade fue convertido en secretario de la Función Pública, una dependencia que el presidente Peña estaba tan decidido a desaparecer que la mantuvo acéfala e inoperante por los primeros 26 meses de su administración. Ya como SFP Andrade recibió su hoja de ruta y regresó al anonimato, para emerger algunos meses después con el traje un poco machado de pintura blanca, pero con los rizos muy bien peinados (al parecer, su ilusión fue siempre sustituir a Ricitos de Oro en el cuento de Robert Southey).

Ahora, para conmemorar el primer aniversario de su hazaña, lanzó el Sistema Integral de Quejas y Denuncias Ciudadanas (SIDEC), un portal en internet que será el intermediario entre el Gobierno federal y la raza.

Andrade aseguró detalló que se dará seguimiento a quejas, denuncias y peticiones en un plazo no mayor a los 120 días hábiles. Los conflictos de interés toman un poco más de tiempo.
Una bola de padrones

Las aventuras de la Lista Nominal de Electores – más conocida como “el Padrón” – recuerda a las más intrincadas novelas de Alejandro Dumas. Recién nacida, fue vendida a unos extranjeros, siete años más tarde, rodó por Tepito; luego la metieron a las redes y la semana pasada se consagró al aparecer en el catálogo de Amazon.

Lo que empadrona de todo este manoseo es que los datos personales de 83 millones de mexicanos andan rodando por ahí, al alcance de cualquiera, un exquisito y regalado bocado para los ladrones de identidad. Hace poco, el Instituto Nacional Electoral cosechó titulares al darle la opción a los electores, de poner o no su dirección en el plástico. Broma sangrienta. Se suponía que la tarjeta sin dirección, en caso de ser perdida o robada, no les serviría a los jackers. Y mientras millones de compatriotas creían en el INE y no ponían su dirección, su calle, su casa, su teléfono y todo lo demás estaba bonitamente acomodado en la nube, esperando a que los cacos pasaran por ella.

Mientras la legislación no diga otra cosa, confeccionar y resguardar la Lista Nominal es deber del Instituto Nacional Electoral. Pero les Valentín de la Sierra Madre Oriental. Y claro, cuando se la roban por quinta vez, Locovía y sus criminalmente irresponsables   achichincles hacen lo que siempre han hecho: echarle la culpa a los partidos. Así de sencillo: los partidos. Todos, cualquiera, el que sea.

También informan que han presentado una denuncia penal por estos hechos ante la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade), y que ya podrían tener identificada la fuente de la fuga (porque cada copia del padrón tiene una ‘huella digital’). Pero no les creemos nada, porque ya sabemos para que usan sus dígitos. Y no es porque sean cochinos.

Buenos días. Buena suerte.
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