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Y se hizo el silencio… / Cuchillito de Palo / Catalina Noriega

  • Catalina Noriega

La escandalera cimbró hasta los muros de Gobernación: Se pedía orden de aprehensión, por parte de la Fiscalía Especial Para la Atención de Delitos Electorales (Fepade), en contra de Arturo Escobar, subsecretario de la mencionada Secretaría y cabeza política visible del Partido Verde. Los aztecas enloquecimos de la emoción. Al fin habría justicia contra quienes se rieron, a mandíbula batiente, del Código electoral.

Escobar renunció y dijo que se defendería de las acusaciones, en las que también se involucró a los proveedores de las gananciosas tarjetas, que repartieron durante la campaña.

De pronto, el silencio. Ni se volvió a mencionar, ni Escobar y presuntos cómplices están tras las rejas ni se le dio a la opinión pública la mínima explicación. Parecía que sus pares priístas “corrieron una cortina de humo” sobre el tema, hasta que cayera, como tantas otras estridencias politiqueras, en el olvido.

En eso estábamos cuando el periódico “El Universal” destapó la trayectoria del mandamás de la Fepade, Santiago Nieto. He aquí que, el “aplaudido” fiscal provenía de una asesoría de tiempo completo, para la fracción perredista del Senado, organismo político del que es militante.

¡Dioses del Olimpo!, ¿habrá forma de ser un ferviente miembro de una estafeta partidista y luego tomar una “chamba”, para la que se debe ser ¡apartidista!?

El quemón cae, en primer término, sobre una Cámara de Senadores que aprobó su nombramiento sin revisar siquiera su currículo. Al permitir que un perredista declarado se convirtiera en juez y parte, los insignes senadores nos confirman su juego de los “repartos”: tantos ministros de un color, tantos de otro, tantos del tercero.  Y la distribución de puestos, de acuerdo con la pertenencia, se da lo mismo a nivel consejero electoral, que magistrado y demás posiciones donde, el criterio fundamental tendría que ser el de no identificarse, con ninguna de las fuerzas políticas.

Al destape de lo que se califica como fraude, por parte del mencionado Santiago Nieto, con cinismo contestó que, en su biografía de vida, no tenía por qué incluir el total de sus actividades.  Si tuviera un ápice de vergüenza y un mínimo de dignidad, ya tendría que haber renunciado. Otro tanto los senadores, quienes debieran disculparse frente a una sociedad atónita y exigir la inmediata remoción del susodicho.

Al develarse la vida secreta del mentado fiscal, el Verde y el PRI, sin duda alguna, metieron baza. Da lo mismo: el señorito aludido, debe irse a tomar vientos frescos y, ¡por supuesto!, la investigación de las fechorías del apéndice del tricolor, debe seguir su curso, aunque las tendrá que encabezar un fiscal que tenga las manos limpias.

Es la repetitiva cantaleta de las porquerizas y las alquimias autóctonas. Las demenciales ambiciones de los partidos se cuelan hasta la cocina. Actúan como si fueran los propietarios de la República mexicana y pudieran repartírsela de acuerdo con sus negociaciones en lo oscurito.

Ofenden a la inteligencia de quienes aspiramos a instituciones independientes, ajenas a intereses creados y a “chicanas” revanchistas. El Instituto Nacional Electoral (INE) tendría que haber sido la cabeza de una auténtica sanción contra el Verde. Le impusieron multas económicas, pero se detuvieron en incisos tan importantes como la pérdida de registro.

La suma de escándalos afecta al INE, a la Fepade, a los Partidos, al Senado y al juez que no ha dicho “esta boca es mía”. Por algo se llenaron las urnas a favor de independientes.
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Tuiter: @catalinanq