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Y sin embargo: se vota

  • Ciro Murayama

El domingo 4 de junio hubo elecciones ordinarias en Coahuila, el Estado de México, Nayarit y Veracruz. En los tres primeros estados se acudió a las urnas para renovar la gubernatura, en Coahuila y Nayarit también el Congreso local y los ayuntamientos, mientras que el Veracruz sólo se eligió a autoridades municipales. Cinco centenas de cargos de elección estuvieron en juego y participaron 3 mil 265 candidatos formalmente registrados.

Las elecciones mostraron un alto contraste entre el comportamiento generalizado de la ciudadanía y la percepción que, de los procesos, se manifestaba en los medios de comunicación y la opinión publicada. Mientras en tertulias radiofónicas y artículos con frecuencia se alertaba del deterioro de la vida electoral, en los hechos se pudo instalar el total de las 34 mil 075 casillas programadas y eso fue posible porque 138 mil ciudadanos insaculados y capacitados por el Instituto Nacional Electoral (INE) decidieron dedicar la jornada del domingo a abrir cada mesa de votación, recibir el sufragio de sus vecinos, contarlos, llenar las actas correspondientes y entregarlas en las sedes de la autoridad electoral. Los ciudadanos cumplieron de forma ejemplar.

El dato más relevante para saber si hay empatía de la ciudadanía con las elecciones es la participación. En la elección anterior a gobernador en el Estado de México, ocurrida en 2011, votó el 46.15% de la lista nominal, y el domingo anterior salió a sufragar el 52.5%. En Veracruz, la elección previa de presidentes municipales ocurrida en 2013 convocó al 41.92% del electorado, mientras que la de este año consiguió que la participación electoral alcanzara el 57.28%. En Coahuila la participación electoral se mantuvo (62% frente a 61.45% de la vez anterior) al igual que en Nayarit (pasó de 61.7% a 62.37%).

Ante esta evidencia, cabe preguntarse, si la democracia es tan decepcionante, ¿por qué la gente no solo no deja de acudir a las urnas sino que lo hace con mayor intensidad? Quizá porque es claro para la ciudadanía que, por más deficiencias en los resultados de los gobiernos emanados de las elecciones, no hay otra vía legítima para definir quién ha de ocupar el poder político que la pacífica e institucional, esto es, a través del voto.

Un capítulo aparte es el tema del procesamiento de los resultados de las elecciones, una vez que la gente sufragó. El domingo presenciamos una feria de irresponsabilidad de distintos actores de diferentes orígenes partidistas autoproclamándose ganadores apenas cerraron las urnas, antes incluso de que los votos se terminaran de contar en las casillas. Ante ello, es muy oportuno que las autoridades electorales realicen conteos rápidos –ya es obligatorio por decisión del INE que se hagan en cada elección a gobernador- y difundan el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP). Así ocurrió esta vez. En el Edomex y en Nayarit los conteos rápidos hicieron estimaciones del porcentaje de votos a cada candidato que permitió identificar suficiente distancia entre primero y segundo lugar, y los PREP confirmaron esas tendencias. En Coahuila la ciudadanía votó de forma tan competida que el conteo rápido no permitió anticipar ganador, y esa contienda cerrada fue corroborada por el PREP.

En todas estas elecciones el cómputo oficial, con validez legal, empieza este miércoles. A ese resultado definitivo debemos aguardar, con paciencia y responsabilidad.

*Consejero electoral

@CiroMurayamaINE