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Yihadistas se atribuyen el derribo de avión ruso | Carlos Siula

  • Carlos Siula

PARÍS, Francia.- La rama egipcia del grupo yihadista Estado Islámico (EI) afirmó haber abatido el Airbus 321-200 de la compañía rusa Metrojet que se estrelló ayer en el desierto del Sinaí, provocando la muerte de sus 224 ocupantes. Pero las autoridades de Moscú desmintieron de inmediato esa reivindicación y atribuyeron la catástrofe a un problema técnico.

“Los soldados del Califato lograron hacer caer un avión ruso en la provincia del Sinaí que transportaba a más de 220 cruzados, quienes murieron todos”, afirmó en un tweet el grupo Ansar Beit Al-Maqdis (“Partidarios de Jerusalén”) que en noviembre de 2014 se alió al EI, también conocido como Daesh (por sus iniciales en árabe) o ISIS (por su sigla en inglés).

La fórmula “hicimos caer” -en lugar de “derribamos” o “abatimos” -sugiere que no se trata de un ataque con misiles, según especialistas del mundo árabe.

Al mismo tiempo, el movimiento difundió un video -realizado al parecer con un teléfono celular- en el que se ve un avión derribado por una explosión.

El ataque fue perpetrado en represalia por la intervención militar rusa en Siria, indicó el grupo que es particularmente activo en el Sinaí, donde en los últimos meses multiplicó sus ataques contra las fuerzas egipcias.

En las últimas semanas, amenazó varias veces al líder ruso Vladimir Putin por su apoyo al presidente Hafez el Assad y su intervención militar en Siria. El EI también definió a Rusia como el “enemigo número uno” del movimiento yihadista.

En un flash de información difundido por la cuenta Tweet del grupo de propaganda #Khilah_Infos, el EI le advierte a los rusos que “no hay lugar para vosotros ni en la tierra ni en el cielo en la patria de los musulmanes”. El mismo documento fue transmitido en otros idiomas a través de varias cuentas  de Twitter que tienen el mismo formato de presentación.

“Os mataremos como ustedes nos matan. Que Alá os destruya”, agrega el texto.

El ministro ruso de Transportes, Maksim Sokolov, afirmó que esas reivindicaciones “no puede ser consideradas como exactas”. Las autoridades egipcias, con las cuales se mantiene en permanente contacto, “no disponen de ninguna información que confirme esas insinuaciones”, aseguró.

El profesor Mathieu Guidère, islamólogo y especialista de geopolítica del mundo árabe y musulmán, en cambio, consideró “válida” esa serie de reivindicaciones. “El EI no miente en sus comunicados y jamás reivindica acciones que no cometió, pues está en juego su credibilidad”, aseguró. El avión, a su juicio, fue efectivamente objeto de “un atentado”, pero rehusó aventurarse en especulaciones sobre el tipo de explosivo o proyectil utilizado.

Los expertos militares sostienen que los combatientes de grupo Ansar Beit Al-Maqdis no disponen de misiles capaces de alcanzar un avión a 30 mil pies (9 mil 150 metros) de altitud. Sin embargo, no excluyen la posibilidad de que hubiera una bomba a bordo. En la filmación difundida por el grupo no se percibe la clásica estela blanca que deja un misil en vuelo. Solo se ve una explosión y luego la caída del avión en llamas, que dejan un rastro humeantes en el cielo diáfano del Sinaí.

La pérdida de contacto fue brutal sin que mediara previamente ningún mensaje de incidente a bordo. Las llamadas cajas negras que registran todos los parámetros del vuelo, halladas por los grupos de rescate, permitirán aclarar las circunstancias de la tragedia.

Los especialistas en aviación descartan en principio la hipótesis de un incidente técnico, pues el piloto hubiera tenido tiempo de enviar un mensaje de alerta. “Manifiestamente, no tuvo oportunidad de activar los procedimientos de alerta. Eso quiere decir que (el piloto) resultó sorprendido por la violencia de algo que ocurrió a bordo”, conjeturó el expiloto Gérard Feldzer, consultor en accidentes aéreos.

Otro experto sostiene en cambio que los restos del accidente tienden a eliminar la hipótesis del atentado: “Los cadáveres estaban enteros y esparcidos en un área muy reducida, al igual que los restos del avión”, estimó Guy Gratton, responsable del Laboratorio de Seguridad de Vuelos, de la Universidad Brunel, de Londres. En verdad, según los socorristas, los restos estaban dispersos en un radio de 5 kilómetros.

Las condiciones de vuelo eran excelentes, con tiempo calmo y despejado. El aparato -un bimotor A321-200 de Airbus- está considerado como un avión fiable. La aeronave accidentada tenía 20 años de servicio con sus obligaciones de mantenimiento en orden. Matriculado en Irlanda, su certificación periódica debía en consecuencia responder a las normas de seguridad que rigen en la Unión Europea (UE). La empresa también tenía buena reputación. El último accidente conocido fue el incendio de un motor en el momento del despegue, ocurrido el 1 de enero de 2011.

El sitio Flightrador24 que registra todos los parámetros de los aviones a partir de las informaciones transmitidas por los transponders, muestra que la catástrofe se produjo cuando el avión sobrevolaba el centro de la península a 33 mil 500 pies (10 mil 200 metros) de altitud a una velocidad de 400 kilómetros por hora. En el momento del accidente, es decir, a las 04:13 (tiempo GMT), la velocidad cae a 0 km y la trayectoria del avión comienza un descenso abrupto que dura pocos segundos hasta que se desaparece a unos 8 mil metros.

Cualesquiera sean las circunstancias, las empresas Lufthansa y Air France decidieron que no sobrevolarán esa zona hasta que se precisen las causas del accidente y existan pruebas de que no hay riesgos en materia de seguridad.

Las autoridades rusas enviaron de inmediato un equipo de expertos a la región del accidente y paralelamente lanzaron una investigación para verificar todos los elementos técnicos del avión, comenzaron a interrogar a todos el personal que participó en la preparación del vuelo, así como los antecedentes de la tripulación. Incluso registraron las oficinas de las oficinas de Metrojet en el aeropuerto Domodedovo de Moscú. También obtuvieron muestras del combustible que utilizó el avión en su última reaprovisionamiento en Samara.

El accidente obligó a suspender el lanzamiento de una campaña internacional de publicidad, que debía comenzar precisamente ayer, a fin de promover el turismo en Egipto, destinada a reactivar esa actividad que está prácticamente paralizada desde que comenzó la inestabilidad política del país en 2011. ||OEM-INFORMEX||

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