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“Yo observante”

  • Palabra: Terry Guindi

El lenguaje a veces confunde, se hace serio, se vuelve elemento de comunicación excluyente, propiedad de grupos, de clanes que dicen ser dueños de la verdad, que se apropian de conceptos como si fuesen
exclusivamente suyos.

La expresión “yo observante” parece de suyo profunda, nada más distante de ello, es la conciencia interior que todos poseemos aunque a veces lo negamos como parte de nuestra propia realidad, de la que los hechos se acompañan y circunstancias rodean.

El yo observante es indisoluble, es único, es tu propia experiencia que te acompaña a perpetuidad, solamente es visto como distinto a ti mismo cuando la conciencia deja ir a tu lado, lo que ocurre únicamente en lapsos determinados de inconsciencia, tan finitos como las circunstancias que lo generan.

Esta cualidad la escuchamos pocas veces y cuando lo hacemos tenemos una profunda proclividad a desestimarla y a tacharla de inocua, como si su influencia fuera escasa o importara poco, como si a nadie le hiciera falta.

El yo observante que, cuando la situación lo permite, incrementa la autocrítica, nos lleva a detener actitudes y a confrontar realidades, es un ancla para la visualización y materialización de los deseos.

El yo observante conoce en una segunda instancia nuestra relación con el Universo, nuestra aportación a los equilibrios inestables y la conciencia verdadera del papel que ello juega; es ahí donde lo desestimamos y dejamos de hacerle caso, dejamos de creer en él; su importancia es tan relevante que sobrepasa a la visión corta que la cotidianeidad nos impone de nosotros mismos.

El yo observante nos da la oportunidad de crecer en conciencia, de ubicar la energía que nosotros emanamos y la que recibimos, de balancearla apropiadamente lo que permite utilizarla en arreglos mayores; conoce casi con certeza el resultado de todo, sus repercusiones y valora eficazmente muchas posibilidades alternadamente.

Hacerle caso, ubicarlo y quitarle los fantasmas que a veces nos confunden, es parte del método, es otro de los secretos que requieren un trabajo a profundidad y sobre todo compartir la experiencia inherente.

El método comienza en la conciencia y tiene como camino a la energía, sus equilibrios y sus razones, se compone de leyes, de tareas y consejos por descubrir; lograrlo requiere del trabajo cotidiano y del esfuerzo, del convencimiento interno de que somos merecedores del éxito y la felicidad, que depende de nosotros y del ahínco que pongamos para conseguirlo.

Para querer alcanzar algo se requiere desearlo en verdad, definirlo, trazar la ruta de acceso y por supuesto llevar a cabo acciones que nos
conduzcan a ello.

La inmovilidad es la madre de los fracasos, equivocarse es consecuencia de andar, de intentar y de buscar; difícilmente se llega a la meta si nada se hace.

Atrévete a compartir experiencias y sobre todo a abrirte a la sensación y la oportunidad que implican el flujo energético, sus secretos y sus recovecos, la palabra es mágica y es el comienzo del camino.

Te invito a visitar mi www.realizate.com

twitter@terryguindi