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Zona de Guerra

  • Héctor Tenorio

  • Héctor Tenorio
  • Luchas fraticidas

Morena no desea negociar nada con el PRD, y ha empezado a cumplir su amenaza de destruirlo. Andrés Manuel López Obrador se ha fijado el objetivo de someter cualquier posición diferente a la suya; es una versión mejorada del López-portillismo. Los pretextos sobran: “salvar a la patria  requiere de sacrificios, desechar la libertad de pensamiento es algo menor”. El empuje de los morenistas va rodeando a los perredistas, quienes deambulan sin ideología, ni objetivos claros. Caen  en pánico y prefieren disciplinarse al oriundo de Macuspana, Tabasco, quien terminará llevándose gran parte de la militancia del Sol Azteca, pero el costo será mayor de lo que él mismo imagina. Nueva Izquierda (NI), y Foro Nuevo Sol (FNS) han elaborado una estrategia rústica, la cual pretende ser más ofensiva y su intensidad irá aumentado en la medida que se sientan más acorralados.

En este contexto, debe analizarse cómo va desarrollándose la batalla en los distintos frentes. En la Ciudad de México las encuestas indican que Morena en el 2017 avanzó seis puntos porcentuales, en comparación a los últimos meses del año pasado, llegando al 20 por ciento. Mientras que el PRD, en el mismo periodo del tiempo, perdió dos puntos porcentuales, ubicándose en el 12 por ciento de las preferencias electorales.

Quienes encabezan las encuestas para ser jefe de Gobierno de la Ciudad de México son: El delegado de la Cuauhtémoc, Ricardo Monreal, con un 26.1 por ciento; le sigue de cerca la delegada de Tlalpan, Claudia Sheinbaum, con un 25.8 por ciento; finalmente, Martí Batres cuenta con un 22.2 por ciento. La definición del candidato de Morena será a través de una encuesta con la intención de no distraer los quehaceres de la campaña presidencial de López Obrador.

Del otro lado, la perredista mejor posesionada es la actual presidenta nacional del Sol Azteca, Alejandra Barrales, que tiene un 15.3 por ciento, tales números la colocan en una tercera posición detrás de los panistas.

En contraste, los perredistas han logrado flagelar a Morena en Puebla y Tabasco, quitándoles militantes inclusos diputados locales. En Michoacán, el diputado federal, Jesús Zambrano Grijalva, logró que 50 liderazgos de 80 municipios se unieran al proyecto del gobernador Silvano Aureoles Conejo, quien se vio obligado a destaparse después de que el senador de la República, Miguel Barbosa Huerta, se pronunciara a favor de López Obrador. El excoordinador de la bancada en la Cámara alta creó un vacío y descobijó al jefe de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, dejándolo en la lona. El mandatario michoacano salió al quite a pesar del riesgo de un desgaste en su imagen. Otro que siguió sus pasos fue Graco Ramírez Garrido, gobernador de Morelos.

Los perredistas comprenden que en caso de llegar a pactar con el dirigente de Morena, ellos no pueden llegar sin nada a la mesa de negociación. Es comprensible que Los Chuchos estén dispuestos a ir solos a la carrera presidencial, aunque eso implique perder el registro. Confían ciegamente en que la ayuda vendrá de Los Pinos o del PAN y de este modo salvarán el registro y podrán continuar viviendo de las prerrogativas.

La izquierda se presentará dividida al proceso electoral del 2018, circunstancia que aumentará la posibilidad de que el blanquiazul y el tricolor se lleven el triunfo. A esto se debe añadir los múltiples candidatos independientes que podrían presentarse y que irán sobre los posibles electores de López Obrador. Sin exagerar, pareciera que se trata de  un “complot” contra él.
Tenorio_hector@hotmail.com