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Zonas Económicas Especiales en México / Daniel Ávila Ruiz

  • Daniel Ávila Ruíz

Uno de los temas que más se ha trabajado y estudiado en el Congreso mexicano desde el inicio de la LXIII Legislatura es elde las Zonas Económicas Especiales (ZEE), las cuales consisten en un proyecto de desarrollo estratégico para lograr crecimiento en áreas del país que han estado rezagadas durante décadas.

Un referente en el tema es la iniciativa de decreto que el presidente Enrique Peña Nieto envió a la Cámara de Diputados el 29 de septiembre de 2015, por la que se expide la Ley Federal de Zonas Económicas Especiales y se adiciona el artículo 9 de la Ley General de Bienes Nacionales, la cual se encuentra pendiente en comisiones de la Cámara de Senadores.

De acuerdo con un documento publicado por investigadores del Instituto Belisario Domínguez del Senado de la República, una Zona Económica Especial consiste en un área delimitada geográficamente y ubicada en un sitio con ventajas naturales y logísticas para convertirse en una región altamente productiva.

El documento referido señala que México se divide en siete regiones socioeconómicas. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las entidades federativas se clasifican en siete estratos, divididos conforme a distintos aspectos de bienestar.

El estrato con mayor bienestar es el siete, donde se ubica el Distrito Federal y habita el 8.83 por ciento de la población del país. En cambio, en el estrato uno se encuentran los Estados de Chiapas, Guerrero y Oaxaca, puesto que su situación socioeconómica es menos favorable que la del resto de las entidades federativas. Dicho estrato concentra 10.71 por ciento de la población. Mi Estado natal, Yucatán, se ubica en el estrato cuatro, junto con otras siete entidades (Colima, México, Morelos, Nayarit, Querétaro, Quintana Roo y Sinaloa), que en conjunto concentran 12.17 por ciento de la población nacional.

En este contexto y a fin de disminuir la brecha de desarrollo existente entre las distintas regiones del país, el presidente Enrique Peña Nieto envió la iniciativa de Ley Federal de Zonas Económicas Especiales,a través de la cual propone tres ZEE que beneficiarían a los Estados de Chiapas, Guerrero y Oaxaca; así como a Veracruz, Michoacán, Campeche, Quintana Roo y Yucatán, pues se propone su establecimiento en Puerto Chiapas, Puerto Lázaro Cárdenas y el corredor Transístmico; lugares con alto potencial productivo y logístico, con posibilidades de enlazarse con el resto de la República y nuevos mercados internacionales y que, por su ubicación geográfica, serían atractivas para los inversionistas.

Cabe señalar, que el proyecto de las Zonas Económicas Especiales no es exclusivo de México. De hecho, la estrategia de contar con zonas en donde se otorguen beneficios fiscales, aduaneros y administrativos a la iniciativa privada nacional y extranjera, así como donde se impulse el desarrollo humano y se mejore la infraestructura (entre otros elementos), ha sido instrumentada por diversas naciones del mundo como China, Corea del Sur, Polonia e India. En América Latina resaltan los ejemplos de la Zona Libre de Colón, en Panamá, y la Zona Franca de Manaus, en Brasil.

No obstante, los especialistas alertan sobre los riesgos de este tipo de estrategias. Por ejemplo, el director para México y Colombia del Banco Mundial, Gerardo Corrochano, en su alocución durante el lanzamiento de la Iniciativa del Ejecutivo federal en 2015, señaló que por sí solas éstas no son una panacea y existen muchas Zonas Económicas Especiales en el planeta que no han alcanzado los objetivos esperados en términos de atracción de inversión y de creación de empleo.

También expresó que el Banco Mundial ha apoyado al desarrollo de estas zonas, puesto que, cuando son exitosas, pueden convertirse en un importante motor para el crecimiento regional y para la generación de empleo, siempre y cuando su implementación tome en cuenta dos principios clave: el importante rol que el sector privado y los inversionistas juegan para poder lograr el éxito de dichas áreas, así como una visión integral de la zona que permita conectarla con la región y no dejar que se convierta en un enclave.

Además, se han identificado algunos posibles riesgos en la adopción de este tipo de medidas. Por ejemplo, que los empresarios no consideren rentable instalarse en algún sitio. Si es así, el gasto realizado en infraestructura (carreteras, gasoductos, instalaciones) no sería útil o no cumpliría su finalidad; que a pesar de existir estímulos fiscales y aduaneros, la competencia internacional siga siendo más atractiva para inversionistas; y que se utilicen criterios políticos y no económicos para establecer las ZEE.

Finalmente, los legisladores del Senado de la República debemos considerar que las Zonas Económicas Especiales constituyen una estrategia que debe ser planeada con detalle e instrumentada con un marco jurídico específico, a fin de coadyuvar al desarrollo, tanto de regiones en particular como del país en general, a mediano y largo plazo.

Por este motivo, es importante tener en consideración la participación de los sectores privado y social en la planeación, desarrollo y operación de dichas zonas, así como tener claras tanto las prerrogativas como las obligaciones de los inversionistas y de los administradores integrales.
* Senador por Yucatán. Secretario de las comisiones de Juventud y Deporte, de Relaciones Exteriores Asia-Pacífico y del Instituto Belisario Domínguez. Integrante de las comisiones de Turismo, Reforma Agraria y Bicameral del Canal del Congreso.