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Zonas Económicas Especiales / Raúl Aarón Pozos Lanz

  • Raúl Aarón Pozos

El proceso de desarrollo económico dista de ser un proceso homogéneo, que derrame sus beneficios de igual manera y a la misma velocidad a todas las regiones que quedan dentro de las fronteras políticas de un país. También lo es que incluso zonas o regiones que no pertenecen a un mismo territorio nacional, se ven beneficiadas por el boom económico de una nación. Un ejemplo. China, la economía más impresionante en la última década, no ha logrado incluir en el proceso de desarrollo económico a todas sus provincias, y por ello, algunas no solo se han integrado plenamente a la economía global, sino que además inducen una dinámica económica a todo el mundo, mientras que otras siguen en condiciones de atraso similares a las de un siglo atrás.

Por ello, no debería sorprender que en nuestro país debido a los patrones de desarrollo que se han adoptado a lo largo de los años y también a la conformación propia del sistema económico, a la dinámica poblacional, las condiciones geográficas, al desarrollo de la infraestructura, a sus capacidades productivas, e incluso a la influencia de los usos y costumbres y las tradiciones, existan Estados de la República, regiones enteras, que por una o la combinación de todas esas razones, no presentan condiciones de desarrollo similar a la de otras entidades federativas.

Por ello, y para resolver no solo problemas económicos y de generación de empleos, sino fundamentalmente para que el desarrollo impacte no solo a unos, sino a todos los rincones de nuestra país, el presidente Enrique Peña Nieto propuso la creación de Zonas Económicas Especiales, un arreglo institucional para crear una área delimitada geográficamente y que debido a sus ventajas naturales y logísticas, se pueda convertir en una región de alta capacidad productiva. La idea es que en esas zonas se cree un entorno de negocios excepcional para atraer la inversión y la generación de empleos de calidad. La iniciativa en comento incluiría beneficios fiscales y laborales, un régimen aduanero especial, un marco regulatorio ágil, infraestructura de primer nivel, programas de apoyo para el desarrollo del capital humano, políticas específicas de financiamiento y un impulso a la innovación, así como un conjunto de estímulos y condiciones preferenciales. Las Zonas Económicas Especiales son las que tienen un potencial geoestratégico en términos logísticos y de vinculación a los mercados internacionales.

A partir de uno de los ejes transversales del Plan Nacional de Desarrollo, el objetivo de estas zonas es pues la de democratizar la productividad a nivel regional para que quienes habitan en esas zonas tengan las mismas posibilidades de desarrollo y bienestar que los del resto del país. Se trata de que, a través de la creación de polos de desarrollo, las oportunidades que han gozado otras entidades de la República, ahora se generen en estas zonas que además, no solo son algunas de las que muestran mayores condiciones de marginación y pobreza, sino además las que presentan los menores niveles de competitividad y crecimiento económico.

En China, por ejemplo, en la provincia de Guangdong existe la Zona Económica Especial de Shenzhen, que desde 1980 funciona con arreglos institucionales especiales y diferentes, en comparación con otras provincias chinas. Ello se ha traducido en que ahora esa región del país oriental sea una de las regiones más ricas de la poderosa economía china. La experticia internacional muestra que ahí donde se han creado, las ZEE han incrementado la competitividad regional, han generado economías de aglomeración, han atraído inversión productiva nacional y extranjera, han creado empleos directos e indirectos, han permitido el desarrollo de infraestructura, han acelerado el crecimiento de las exportaciones y han diversificado la producción.

Precisamente lo que propone nuestro Presidente, con el proyecto de ley crearía por primera vez la figura jurídica de Zona Económica Especial y tiene como propósito crear un conjunto de estímulos a la medida de cada zona, así como programas y políticas públicas especiales para la generación de empleos, mejorar la calidad de vida de esas zonas, pero sobre todo, para cumplir la palabra de democratizar la productividad y generar oportunidades para millones de mexicanas y mexicanos.