imagotipo

Zoológico gubernamental

  • Ramón Ojeda Mestre

Ramon Ojeda

Es verdad que Nezahualcóyotl y Moctezuma poseyeron impresionantes zoológicos. Pero no es menos cierto que, Jorge Luis Borges escribió el Manual de Zoología Fantástica o que Perucho logró el Bestiario Fantástico y que la mitología griega, la de la India y la de China ancestral alcanzaron el más deslumbrante listado de los animales imaginarios.

Hemos llegado ya al siglo XXI, de la era del conocimiento, de los mayores avances científicos de la humanidad y no tenemos derecho ya, bajo ninguna concepción, a seguir siendo crueles con los animales y con los seres humanos. La crueldad, el infringir dolor es un sesgo indeseable del humano en la plenitud de su proceso civilizatorio. Matamos más animales diariamente de los que los pobres irracionales nos llegan a sacrificar; por ser más inteligentes, les conquistamos el planeta y de castigo los estamos aniquilando.

El más hermoso tigre o el más fiero leopardo, o el más simpático chango, sin importar el cargo político que tenga, sufren terriblemente al estar enjaulados, al ser mantenidos en cautiverio, doblegando su impotencia frente al homo sapiens o quebrantando lo poco de espíritu que tengan. Los animales “irracionales” nunca han puesto en cautiverio al hombre: les faltó talento y maldad.

Los zoológicos son pruebas de ignorancia, de falta de respeto y de crueldad atávica hacia otros seres vivos que sienten y piensan en forma distinta. Simplemente, la naturaleza nos hizo evolucionar un poco más, hasta ahora en que da la impresión de que hemos iniciado el regreso aturdido hacia nuestra era rupestre, por nuestros daños al ambiente o las aberrantes matazones.

El estrés, la angustia, la tristeza, el azoro que padecen los mamíferos, aves, reptiles y peces enjaulados por el afán humano de divertirse, de disfrutar su originalidad, de mostrar su dominio o su poder, es muy reprobable. Por alguna razón espirálica, los seres humanos enjaulados o aprisionados en ciudades agresivas, visitamos como bobos, como zafios crueles a nuestros hermanos y maravillosas presencias de la creación en esas jaulas horrendas e insalubres hacinadas y pestilentes dentro de las grandes jaulas llamadas ciudades. Aunque la jaula sea de oro no deja de ser prisión, escribió Jiménez. ¿Qué no es más noble, más grandioso, lo que hace el extraordinario artista gráfico-plástico, Francisco Toledo el oaxaqueño, al regalarnos sus oníricos bestiarios, incruentos y bellos?

Los zoológicos los ponen los Gobiernos para divertir y entretener a las masas, no para educarlas, ilustrarlas o fortalecerlas epistemológicamente. El zoológico enseña ahora antivalores al niño, al joven y al adulto. Lo sensato es que el ser humano vaya a ver a los animales en libertad, en lo que les quede de hábitat no invadido y les sea respetado. Los podremos ver en vivo o a través de internet e, inclusive, en tiempo real con los avances de las redes o de Periscope o de drones o cámaras ocultas que no los molesten, pero que los Gobiernos mantengan los zoológicos es una aberración perversa cargada de estulticia.

Si usted mata a alguien va a dar a la cárcel como castigo. Un pobre avestruz, o un hipopótamo, no mataron a nadie y los metemos a la cárcel llamada zoológico. Hasta el Chapo tiene derecho a la privacidad cuando recibe visita conyugal o cuando se baña, en cambio la pareja de leones o de jaguares tiene que bañarse en público, comer en público, aparearse en público y realizar todas sus necesidades frente a la babia colectiva. Digamos no a los zoológicos gubernamentales o privados.
rojedamestre@yahoo.com