/ miércoles 5 de octubre de 2016

El arte mexicano del siglo XX llega a París con la fuerza de relato de realismo mágico

[caption id="attachment_486155" align="aligncenter"width="615"]El arte y la cultura mexicana en el Grand Palais deParís[/caption]

PARÍS, Francia. (OEM-Informex).- El arte mexicano del siglo XXofrece la paradoja de expresar la singularidad y la potencia de unmovimiento profundamente nacionalista y, al mismo tiempo, estarvinculado a las grandes corrientes internacionales devanguardia.

Esa aparente incoherencia es probablemente el rasgo másinteresante de la exposición “México 1900-1950” que abre suspuertas hoy (miércoles) en el Grand Palais de París y quepermanecerá abierta hasta el 23 de enero próximo.

La muestra fue oficialmente inaugurada anoche por la cancillermexicana Claudia Ruiz Massieu y la ministra francesa de CulturaAudrey Azoulay.

“Es una muestra de valor excepcional”, aseguró el curadormexicano de la muestra, Agustín Arteaga, en diálogo con El Sol deMéxico durante el vernissage organizado el lunes último. Su valorproviene precisamente de haber logrado reunir un conjunto tanimportante de piezas en una sola muestra: 202 cuadros, dibujos,esculturas, grabados, instalaciones, fotos y películasdistribuidas en 14 salas que se despliegan sobre dos plantas delinmenso Palacio de Hierro y vidrio inaugurado el 12 de noviembre de1900 para recibir “las grandes manifestaciones artísticas” dela capital francesa.

Para poder concretar esa hazaña, una decena de museos deprimer nivel mundial aceptaron prestar sus obras, entre ellos elMuseo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York, el Prado de Madrid o elMuseo de Arte Latinoamericano (Malba) de Buenos Aires, así comovarios coleccionistas de Estados Unidos, Inglaterra, España yArgentina.

No fue casual haber escogido ese suntuoso edificio para relatar-a través de sus obras más significativas- la fascinante historiade uno de los movimientos artísticos más importantes del sigloXX. “El postulado de base de la muestra es permitir al públicoacceder a un arte mexicano que va mucho más allá de los TresGrandes”, dice Arteaga aludiendo a Diego Rivera, David AlfaroSiqueiros y José Clemente Orozco. Cada uno de ellos tiene una salaexclusivamente reservada a sus obras. Para que el público francéspueda comprender el origen del movimiento artístico queprotagonizaron esos tres hombres, el relato de esa epopeya comienzaen tres salas con la exposición de obras del siglo XIX -quedescriben los antecedentes que remontan a 1867-, continúa con“el arte antes de la revolución” y una tercera parte dedicadaa “los mexicanos en París”.

Ese capítulo del relato tiende un puente entre el lugar dondese realiza la exposición y la fuerte atracción que ejercía laCiudad Luz, que a principios del siglo XX estaba considerada comola capital mundial del arte.

Agustín Arteaga, que en los últimos años dirigió el MuseoNacional de Arte de México (MUNAL) hasta que fue nombrado alfrente del Museo de Arte de Dallas (DMA), desmitifica la ideasegún la cual los artistas partían a Francia con el únicoobjetivo de continuar sus estudios. “La mayoría de ellos teníanuna formación académica y su verdadera inspiración era tomarcontacto con los grandes creadores y unirse a los círculosartísticos de París, Madrid o Roma”, explica el curador. Esasí como Rivera, Ángel Zárraga o Roberto Montenegro se impregnande las vanguardias del cubismo y el futurismo. “Eso les permite,una vez de regreso a México, reencontrarse con su propiatradición y crear un estilo propio”, precisa.

La sala de la Revolución describe didácticamente para elpúblico francés la influencia que tuvo esa una guerra civil sobrelos Tres Grandes, que fueron los auténticos padres fundadores delmuralismo. Pero también rescata del olvido a otras corrientes quehabían quedado injustamente postergadas, como el estridentismo,influenciado por el movimiento futurista europeo, el dadaísmo y elultraísmo.

Ese prólogo y los salones siguientes, consagrados a los TresGrandes, se completa con un espacio dedicado a “la revolución delos hombres”, imprescindible para comprender un movimientorevolucionario que fue esencialmente masculino, pero que permitióa las mujeres participar del esfuerzo militar y económico, y lasestimuló a irrumpir -sin pedir permiso- en el escenarioartístico. Ese fenómeno, poco conocido en el exterior desde esaperspectiva, encuentra su reconocimiento en una sala titulada“las mujeres fuertes”.

[caption id="attachment_486163" align="aligncenter"width="615"]Ese festival de colores, lenguajes y mensajes termina explicando el“encuentro de dos mundos”[/caption]

“En el dominio artístico las mujeres tuvieron un papeldeterminante, calificado a veces de protofeminismo […]Participaron en la búsqueda de un lenguaje estético capaz deexpresar sus dudas y sus interrogantes”, explica Arteaga. Lamayor exponente de esa corriente es Frida Kahlo, cuyo famoso óleo“Las dos Fridas” de 1939 domina la exposición y eclipsa -comoen la vida real- a otras mujeres artistas de gran valor de suépoca, como las fotógrafas Tina Modotti y Lola Ávarez Bravo o laasombrosa pintora Nahui Olin.

La muestra también acuerda especial importancia a la influenciaque tuvieron algunos franceses seducidos por la fuerza de ese arte,como Jean Charlot, Antonin Artaud o André Breton. La mayoría deesas figuras aparecen en el cierre de la exposición, dedicado alsurrealismo. La influencia de ese movimiento alcanzó su apogeo en1940 con la Exposición Internacional del Surrealismo presentada enla Galería de Arte mexicano.

Ese festival de colores, lenguajes y mensajes termina explicandoel “encuentro de dos mundos”, es decir, la hibridaciónprovocada por el intercambio entre el arte mexicano que surgió dela Revolución con la fuerza de un volcán y las expresiones queaparecieron en Estados Unidos cuando el país se hundió en la peorcrisis económica de su historia. “Ese fenómeno se completódespués del estallido de la Segunda Guerra Mundial cuando Méxicoacogió a artistas estadunidenses y europeos, y se convirtió en elrefugio que permitió reunir a pintores, poetas, cineastas yfotógrafos que huían de su país y convertían a México en elcrisol de numerosos lenguajes estéticos singulares”, sintetizóel curador.

Ese relato, apasionante como una novela de realismo mágico,permitirá que los franceses puedan conocer el origen y lossecretos de ese arte mexicano de la primera mitad del siglo XX quetuvo una influencia crucial en el desarrollo de la modernidad anivel internacional.

[caption id="attachment_486155" align="aligncenter"width="615"]El arte y la cultura mexicana en el Grand Palais deParís[/caption]

PARÍS, Francia. (OEM-Informex).- El arte mexicano del siglo XXofrece la paradoja de expresar la singularidad y la potencia de unmovimiento profundamente nacionalista y, al mismo tiempo, estarvinculado a las grandes corrientes internacionales devanguardia.

Esa aparente incoherencia es probablemente el rasgo másinteresante de la exposición “México 1900-1950” que abre suspuertas hoy (miércoles) en el Grand Palais de París y quepermanecerá abierta hasta el 23 de enero próximo.

La muestra fue oficialmente inaugurada anoche por la cancillermexicana Claudia Ruiz Massieu y la ministra francesa de CulturaAudrey Azoulay.

“Es una muestra de valor excepcional”, aseguró el curadormexicano de la muestra, Agustín Arteaga, en diálogo con El Sol deMéxico durante el vernissage organizado el lunes último. Su valorproviene precisamente de haber logrado reunir un conjunto tanimportante de piezas en una sola muestra: 202 cuadros, dibujos,esculturas, grabados, instalaciones, fotos y películasdistribuidas en 14 salas que se despliegan sobre dos plantas delinmenso Palacio de Hierro y vidrio inaugurado el 12 de noviembre de1900 para recibir “las grandes manifestaciones artísticas” dela capital francesa.

Para poder concretar esa hazaña, una decena de museos deprimer nivel mundial aceptaron prestar sus obras, entre ellos elMuseo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York, el Prado de Madrid o elMuseo de Arte Latinoamericano (Malba) de Buenos Aires, así comovarios coleccionistas de Estados Unidos, Inglaterra, España yArgentina.

No fue casual haber escogido ese suntuoso edificio para relatar-a través de sus obras más significativas- la fascinante historiade uno de los movimientos artísticos más importantes del sigloXX. “El postulado de base de la muestra es permitir al públicoacceder a un arte mexicano que va mucho más allá de los TresGrandes”, dice Arteaga aludiendo a Diego Rivera, David AlfaroSiqueiros y José Clemente Orozco. Cada uno de ellos tiene una salaexclusivamente reservada a sus obras. Para que el público francéspueda comprender el origen del movimiento artístico queprotagonizaron esos tres hombres, el relato de esa epopeya comienzaen tres salas con la exposición de obras del siglo XIX -quedescriben los antecedentes que remontan a 1867-, continúa con“el arte antes de la revolución” y una tercera parte dedicadaa “los mexicanos en París”.

Ese capítulo del relato tiende un puente entre el lugar dondese realiza la exposición y la fuerte atracción que ejercía laCiudad Luz, que a principios del siglo XX estaba considerada comola capital mundial del arte.

Agustín Arteaga, que en los últimos años dirigió el MuseoNacional de Arte de México (MUNAL) hasta que fue nombrado alfrente del Museo de Arte de Dallas (DMA), desmitifica la ideasegún la cual los artistas partían a Francia con el únicoobjetivo de continuar sus estudios. “La mayoría de ellos teníanuna formación académica y su verdadera inspiración era tomarcontacto con los grandes creadores y unirse a los círculosartísticos de París, Madrid o Roma”, explica el curador. Esasí como Rivera, Ángel Zárraga o Roberto Montenegro se impregnande las vanguardias del cubismo y el futurismo. “Eso les permite,una vez de regreso a México, reencontrarse con su propiatradición y crear un estilo propio”, precisa.

La sala de la Revolución describe didácticamente para elpúblico francés la influencia que tuvo esa una guerra civil sobrelos Tres Grandes, que fueron los auténticos padres fundadores delmuralismo. Pero también rescata del olvido a otras corrientes quehabían quedado injustamente postergadas, como el estridentismo,influenciado por el movimiento futurista europeo, el dadaísmo y elultraísmo.

Ese prólogo y los salones siguientes, consagrados a los TresGrandes, se completa con un espacio dedicado a “la revolución delos hombres”, imprescindible para comprender un movimientorevolucionario que fue esencialmente masculino, pero que permitióa las mujeres participar del esfuerzo militar y económico, y lasestimuló a irrumpir -sin pedir permiso- en el escenarioartístico. Ese fenómeno, poco conocido en el exterior desde esaperspectiva, encuentra su reconocimiento en una sala titulada“las mujeres fuertes”.

[caption id="attachment_486163" align="aligncenter"width="615"]Ese festival de colores, lenguajes y mensajes termina explicando el“encuentro de dos mundos”[/caption]

“En el dominio artístico las mujeres tuvieron un papeldeterminante, calificado a veces de protofeminismo […]Participaron en la búsqueda de un lenguaje estético capaz deexpresar sus dudas y sus interrogantes”, explica Arteaga. Lamayor exponente de esa corriente es Frida Kahlo, cuyo famoso óleo“Las dos Fridas” de 1939 domina la exposición y eclipsa -comoen la vida real- a otras mujeres artistas de gran valor de suépoca, como las fotógrafas Tina Modotti y Lola Ávarez Bravo o laasombrosa pintora Nahui Olin.

La muestra también acuerda especial importancia a la influenciaque tuvieron algunos franceses seducidos por la fuerza de ese arte,como Jean Charlot, Antonin Artaud o André Breton. La mayoría deesas figuras aparecen en el cierre de la exposición, dedicado alsurrealismo. La influencia de ese movimiento alcanzó su apogeo en1940 con la Exposición Internacional del Surrealismo presentada enla Galería de Arte mexicano.

Ese festival de colores, lenguajes y mensajes termina explicandoel “encuentro de dos mundos”, es decir, la hibridaciónprovocada por el intercambio entre el arte mexicano que surgió dela Revolución con la fuerza de un volcán y las expresiones queaparecieron en Estados Unidos cuando el país se hundió en la peorcrisis económica de su historia. “Ese fenómeno se completódespués del estallido de la Segunda Guerra Mundial cuando Méxicoacogió a artistas estadunidenses y europeos, y se convirtió en elrefugio que permitió reunir a pintores, poetas, cineastas yfotógrafos que huían de su país y convertían a México en elcrisol de numerosos lenguajes estéticos singulares”, sintetizóel curador.

Ese relato, apasionante como una novela de realismo mágico,permitirá que los franceses puedan conocer el origen y lossecretos de ese arte mexicano de la primera mitad del siglo XX quetuvo una influencia crucial en el desarrollo de la modernidad anivel internacional.

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