/ viernes 20 de marzo de 2020

"… Y los sueños, sueños son…"

Por añísimos, los seres humanos han intentado interpretar sus sueños. Para algunos, como ya se sabe en el caso de Freud, los sueños son obsesiones

Lo relata en “La interpretación de los sueños”: ‘Una mujer acude a la consulta con el doctor Sigmund Freud y le pide ayuda porque tiene un sueño que es pesadilla. En este sueño –dice ella- un hombre entra en su casa y asalta con violencia. El problema es que este sueño se repite de forma constante’. Freud comienza su trabajo de sicoanálisis para saber por qué le ocurre esto.

Luego de una serie de sesiones con preguntas y respuestas, al final encuentra que algo que la señora había olvidado, aunque el subconsciente había guardado, es que una tarde, al llegar de su compra, al subir las escaleras a su departamento, en un rellano se encontró a un hombre desconocido para ella.

No tomó mucho en consideración el hecho, pero esto, según Freud, quedó guardado en su subconsciente y desarrolló su propia historia durante los sueños de la señora. Una obsesión. Esto es que, según el sicoanalista austriaco: “Una función importante que cumple el cerebro durante el sueño es la de desechar y seleccionar los recuerdos. ... Cuando soñamos, nuestro cerebro intenta solucionar los problemas que nos ocupan durante el día”.

Por añísimos, los seres humanos han intentado interpretar sus sueños. Para algunos, como ya se sabe en el caso de Freud, los sueños son obsesiones. “Son deseos inconscientes que no se quieren reconocer y que por este motivo aparecen en los sueños representados de forma simbólica”.

Según el padre del sicoanálisis, “los sueños son la vía de expresión de deseos reprimidos que tiene la persona. Y los deseos reprimidos son todas aquellas cosas que una persona desea hacer y no hace. La capacidad de una persona de reprimir sus deseos es proporcional al aguante que tiene la persona para ser infeliz y soportarlo”.

Para los antiguos seres humanos los sueños eran otra forma de vivir. O eran premoniciones. O eran las locuras que vive el ser humano mientras duerme. O son los sueños –decían- la vía de comunicación con otras formas de vivir. O son mensajes. O más recientemente se intenta saber qué sueñan los seres humanos para conocer sus intensidades individuales y colectivas.

Así. Por ejemplo, en 1983 estuvo en Michoacán, México, el escritor Jean Marie Gustave Le Clezio, Premio Nobel de Literatura en 2008, y quien quiso conocer el sueño de los michoacanos, sobre todo en las comunidades indígenas de la meseta tarasca. Su obsesión por su presente pero siempre –decía él- su obsesión por los orígenes. Así produjo una obra: “El sueño mexicano, o el pensamiento interrumpido”. Esto es: el sueño por querer regresar al punto de partida: Ahí escribe:

“De aquí soy, de aquí vengo y aquí habré de quedar.

Yo sé, aunque no siempre lo tenga presente,

que diste vuelo a mis alas,

tierra de hermanos y abuelos, con sangre, fuego y sudor.

Por eso mismo te digo tierra valiente,

que anhelo, óyelo bien, que no olvido,

que pienso y que sueño.

Que de entre cenizas vamos

y al viento con rabia volcánica nos lanzamos.

Que digan tierra guerrera, que sientan

todos los que te tientan...

que somos resistencia”.

Pero no nadamás eso. Los mexicanos estamos obsesionados con eso: los sueños, y los sueños, sueños son, que dijera Calderón de la Barca.

Octavio Paz resumía sus reflexiones en “Merece lo que sueñas”, aunque en mucho su “Laberinto de la Soledad” está plagada del sueño mexicano, por ser él mismo, y por entenderse…

Sor Juana Inés de la Cruz tenía asimismo su propia fascinación por los sueños. Uno de ellos convertido en arte: “Primero sueño”, una de las obras más emblemáticas de la poetisa novohispana, la más personal y la más extensa. El ser interno y externo. El sueño magistral:


“…y en el modo posible

que concebirse puede todo lo invisible

en sí, mañosa la representaba

y al alma las mostraba.

La cual, en tanto, toda convertida

a su inmaterial ser y esencia bella,

aquélla contemplaba,

participaba del alto ser, centella

que con similitud en sí gozaba...”

Al respecto Octavio Paz nos explica: “Primero sueño no es el poema del conocimiento como un vano sueño sino el poema del acto de conocer. Ese acto adopta la forma del sueño, no en el sentido vulgar de la palabra sueño ni en el de ilusión irrealizable, sino en el de viaje espiritual [...]

“El viaje —sueño lúcido— no termina en una revelación como en los sueños de la tradición del hermetismo y el neoplatonismo, en verdad el poema no termina: el alma titubea, se mira en Faetón y, en esto, el cuerpo despierta. Épica del acto de conocer, el poema es también la confesión de las dudas y las luchas del Entendimiento. Es una confesión que termina en un acto de fe: no en el saber sino en el afán de saber.” (Octavio Paz. “Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe”.)

Pero, bueno. Muchos escritores, poetas, compositores, pintores, cineastas (El sueño del pequeño Pedro mientras duerme en el que consigue el cariño materno, en “Los Olvidados” de Luis Buñuel es una escena emblemática de la obra, Patrimonio Cultural de la Humanidad) se han ocupado de “los sueños” del ser humano, de sus propios sueños, no en sentido de aspiración, que sí como parte de su vida mientras duerme y por qué ocurren esos sueños y por qué son insospechados toda vez que son formas de expresión personal y particular sin control.

La psicología moderna lo interpreta de una forma distinta a la propuesta de Freud: Allan Hobson (2000) describe de la siguiente forma lo que es un sueño:

“La actividad mental que ocurre en el sueño se caracteriza por una imaginación sensomotora vivida que se experimenta como si fuera la realidad despierta, a pesar de características cognitivas como la imposibilidad del tiempo, del lugar, de las personas y de las acciones; emociones, especialmente el miedo, el regocijo, y la ira, predominan sobre la tristeza, la vergüenza y la culpabilidad y a veces alcanzan una fuerza suficiente para despertar al durmiente; la memoria, incluso de los muy vívidos, es tenue y tiende a desvanecerse rápidamente después de despertarse a no ser que se tomen medidas especiales para retenerlo”.

Y de ahí derivan en las distintas etapas del sueño:

‘La Etapa 1 de transición de la vigilia al sueño, ocupa cerca del 5% del tiempo de sueño en adultos sanos, desaparecen las ondas alfa que en el EEG corresponden a la vigilia y son substituidas por ondas más lentas (ondas theta) propias del sueño lento. También aparece un enlentecimiento del latido cardíaco. Durante esta fase, el sueño es fácilmente interrumpible. Esta etapa dura pocos minutos.

“La Etapa 2 aparece a continuación de la 1 y representa más del 50% del tiempo de sueño. Se caracteriza por ondas electroencefalográficas con una frecuencia mayor, que las theta. El tono muscular se hace algo más débil y se eleva el umbral del despertar. Corresponde al principio del sueño propiamente dicho.

“Las Etapas 3 y 4 se corresponden al sueño más profundo porque durante ellas aparecen las ondas delta, que son muy lentas. El tono muscular es débil y la frecuencia cardiaca y respiratoria disminuyen. Durante ellas ocurren los sueños, así como los episodios de terror nocturno en el niño y los episodios de sonambulismo. Los movimientos oculares, si existen, son lentos.”: (Bobes, Diaz y Bomper, 1999, citado por el doctor José Antonio García Higuera).

''Todo el Cielo para los Viajantes'' de Ricardo Fernández Ortega

Pero, bueno. El tema es que soñamos. Cada noche nos encontramos con ese algo que existe en nosotros y que transforma la realidad en lo que nuestra mente decide. Pesadillas, ensueños, sueños, imaginación, contrastes, dudas, encuentros aberrantes con uno mismo, encuentros felices con uno y todos… Eso es: nuestra mente no descansa ni aun en sueños, porque al final de cuentas Pedro Calderón de la Barca lo dice:

“Sueña el rey que es rey, y vive

con este engaño mandando,

disponiendo y gobernando;

y este aplauso, que recibe

prestado, en el viento escribe,

y en cenizas le convierte

la muerte, ¡desdicha fuerte!


¿Que hay quien intente reinar,

viendo que ha de despertar

en el sueño de la muerte?


Sueña el rico en su riqueza,

que más cuidados le ofrece;

sueña el pobre que padece

su miseria y su pobreza;

sueña el que a medrar empieza,

sueña el que afana y pretende,

sueña el que agravia y ofende,

y en el mundo, en conclusión,

todos sueñan lo que son,

aunque ninguno lo entiende.


Yo sueño que estoy aquí

destas prisiones cargado,

y soñé que en otro estado

más lisonjero me vi.


¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño:

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.

joelhsantiago@gmail.com


Lo relata en “La interpretación de los sueños”: ‘Una mujer acude a la consulta con el doctor Sigmund Freud y le pide ayuda porque tiene un sueño que es pesadilla. En este sueño –dice ella- un hombre entra en su casa y asalta con violencia. El problema es que este sueño se repite de forma constante’. Freud comienza su trabajo de sicoanálisis para saber por qué le ocurre esto.

Luego de una serie de sesiones con preguntas y respuestas, al final encuentra que algo que la señora había olvidado, aunque el subconsciente había guardado, es que una tarde, al llegar de su compra, al subir las escaleras a su departamento, en un rellano se encontró a un hombre desconocido para ella.

No tomó mucho en consideración el hecho, pero esto, según Freud, quedó guardado en su subconsciente y desarrolló su propia historia durante los sueños de la señora. Una obsesión. Esto es que, según el sicoanalista austriaco: “Una función importante que cumple el cerebro durante el sueño es la de desechar y seleccionar los recuerdos. ... Cuando soñamos, nuestro cerebro intenta solucionar los problemas que nos ocupan durante el día”.

Por añísimos, los seres humanos han intentado interpretar sus sueños. Para algunos, como ya se sabe en el caso de Freud, los sueños son obsesiones. “Son deseos inconscientes que no se quieren reconocer y que por este motivo aparecen en los sueños representados de forma simbólica”.

Según el padre del sicoanálisis, “los sueños son la vía de expresión de deseos reprimidos que tiene la persona. Y los deseos reprimidos son todas aquellas cosas que una persona desea hacer y no hace. La capacidad de una persona de reprimir sus deseos es proporcional al aguante que tiene la persona para ser infeliz y soportarlo”.

Para los antiguos seres humanos los sueños eran otra forma de vivir. O eran premoniciones. O eran las locuras que vive el ser humano mientras duerme. O son los sueños –decían- la vía de comunicación con otras formas de vivir. O son mensajes. O más recientemente se intenta saber qué sueñan los seres humanos para conocer sus intensidades individuales y colectivas.

Así. Por ejemplo, en 1983 estuvo en Michoacán, México, el escritor Jean Marie Gustave Le Clezio, Premio Nobel de Literatura en 2008, y quien quiso conocer el sueño de los michoacanos, sobre todo en las comunidades indígenas de la meseta tarasca. Su obsesión por su presente pero siempre –decía él- su obsesión por los orígenes. Así produjo una obra: “El sueño mexicano, o el pensamiento interrumpido”. Esto es: el sueño por querer regresar al punto de partida: Ahí escribe:

“De aquí soy, de aquí vengo y aquí habré de quedar.

Yo sé, aunque no siempre lo tenga presente,

que diste vuelo a mis alas,

tierra de hermanos y abuelos, con sangre, fuego y sudor.

Por eso mismo te digo tierra valiente,

que anhelo, óyelo bien, que no olvido,

que pienso y que sueño.

Que de entre cenizas vamos

y al viento con rabia volcánica nos lanzamos.

Que digan tierra guerrera, que sientan

todos los que te tientan...

que somos resistencia”.

Pero no nadamás eso. Los mexicanos estamos obsesionados con eso: los sueños, y los sueños, sueños son, que dijera Calderón de la Barca.

Octavio Paz resumía sus reflexiones en “Merece lo que sueñas”, aunque en mucho su “Laberinto de la Soledad” está plagada del sueño mexicano, por ser él mismo, y por entenderse…

Sor Juana Inés de la Cruz tenía asimismo su propia fascinación por los sueños. Uno de ellos convertido en arte: “Primero sueño”, una de las obras más emblemáticas de la poetisa novohispana, la más personal y la más extensa. El ser interno y externo. El sueño magistral:


“…y en el modo posible

que concebirse puede todo lo invisible

en sí, mañosa la representaba

y al alma las mostraba.

La cual, en tanto, toda convertida

a su inmaterial ser y esencia bella,

aquélla contemplaba,

participaba del alto ser, centella

que con similitud en sí gozaba...”

Al respecto Octavio Paz nos explica: “Primero sueño no es el poema del conocimiento como un vano sueño sino el poema del acto de conocer. Ese acto adopta la forma del sueño, no en el sentido vulgar de la palabra sueño ni en el de ilusión irrealizable, sino en el de viaje espiritual [...]

“El viaje —sueño lúcido— no termina en una revelación como en los sueños de la tradición del hermetismo y el neoplatonismo, en verdad el poema no termina: el alma titubea, se mira en Faetón y, en esto, el cuerpo despierta. Épica del acto de conocer, el poema es también la confesión de las dudas y las luchas del Entendimiento. Es una confesión que termina en un acto de fe: no en el saber sino en el afán de saber.” (Octavio Paz. “Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe”.)

Pero, bueno. Muchos escritores, poetas, compositores, pintores, cineastas (El sueño del pequeño Pedro mientras duerme en el que consigue el cariño materno, en “Los Olvidados” de Luis Buñuel es una escena emblemática de la obra, Patrimonio Cultural de la Humanidad) se han ocupado de “los sueños” del ser humano, de sus propios sueños, no en sentido de aspiración, que sí como parte de su vida mientras duerme y por qué ocurren esos sueños y por qué son insospechados toda vez que son formas de expresión personal y particular sin control.

La psicología moderna lo interpreta de una forma distinta a la propuesta de Freud: Allan Hobson (2000) describe de la siguiente forma lo que es un sueño:

“La actividad mental que ocurre en el sueño se caracteriza por una imaginación sensomotora vivida que se experimenta como si fuera la realidad despierta, a pesar de características cognitivas como la imposibilidad del tiempo, del lugar, de las personas y de las acciones; emociones, especialmente el miedo, el regocijo, y la ira, predominan sobre la tristeza, la vergüenza y la culpabilidad y a veces alcanzan una fuerza suficiente para despertar al durmiente; la memoria, incluso de los muy vívidos, es tenue y tiende a desvanecerse rápidamente después de despertarse a no ser que se tomen medidas especiales para retenerlo”.

Y de ahí derivan en las distintas etapas del sueño:

‘La Etapa 1 de transición de la vigilia al sueño, ocupa cerca del 5% del tiempo de sueño en adultos sanos, desaparecen las ondas alfa que en el EEG corresponden a la vigilia y son substituidas por ondas más lentas (ondas theta) propias del sueño lento. También aparece un enlentecimiento del latido cardíaco. Durante esta fase, el sueño es fácilmente interrumpible. Esta etapa dura pocos minutos.

“La Etapa 2 aparece a continuación de la 1 y representa más del 50% del tiempo de sueño. Se caracteriza por ondas electroencefalográficas con una frecuencia mayor, que las theta. El tono muscular se hace algo más débil y se eleva el umbral del despertar. Corresponde al principio del sueño propiamente dicho.

“Las Etapas 3 y 4 se corresponden al sueño más profundo porque durante ellas aparecen las ondas delta, que son muy lentas. El tono muscular es débil y la frecuencia cardiaca y respiratoria disminuyen. Durante ellas ocurren los sueños, así como los episodios de terror nocturno en el niño y los episodios de sonambulismo. Los movimientos oculares, si existen, son lentos.”: (Bobes, Diaz y Bomper, 1999, citado por el doctor José Antonio García Higuera).

''Todo el Cielo para los Viajantes'' de Ricardo Fernández Ortega

Pero, bueno. El tema es que soñamos. Cada noche nos encontramos con ese algo que existe en nosotros y que transforma la realidad en lo que nuestra mente decide. Pesadillas, ensueños, sueños, imaginación, contrastes, dudas, encuentros aberrantes con uno mismo, encuentros felices con uno y todos… Eso es: nuestra mente no descansa ni aun en sueños, porque al final de cuentas Pedro Calderón de la Barca lo dice:

“Sueña el rey que es rey, y vive

con este engaño mandando,

disponiendo y gobernando;

y este aplauso, que recibe

prestado, en el viento escribe,

y en cenizas le convierte

la muerte, ¡desdicha fuerte!


¿Que hay quien intente reinar,

viendo que ha de despertar

en el sueño de la muerte?


Sueña el rico en su riqueza,

que más cuidados le ofrece;

sueña el pobre que padece

su miseria y su pobreza;

sueña el que a medrar empieza,

sueña el que afana y pretende,

sueña el que agravia y ofende,

y en el mundo, en conclusión,

todos sueñan lo que son,

aunque ninguno lo entiende.


Yo sueño que estoy aquí

destas prisiones cargado,

y soñé que en otro estado

más lisonjero me vi.


¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño:

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.

joelhsantiago@gmail.com


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