/ domingo 15 de enero de 2017

Aumenta número de mexicanas que trabajan

Las mexicanas han ingresado a la fuerza laboral en gran número desde principios de la década de 1990, pero aun así, menos de la mitad (46.8 por ciento) de las mujeres de entre 15 y 64 años participan en el mercado laboral. La brecha de género en el salario persiste, y casi 60 por ciento de las trabajadoras en México están atrapadas en empleos informales con poca protección social. La representación de la mujer en el sector público es mayor que en el sector privado; ocupan 51 por ciento de los empleos en el sector público, aunque todavía están subrepresentadas en los niveles administrativos.

Así lo revela el estudio de la OCDE “Construir un México inclusivo: Políticas y Buena Gobernanza para la Igualdad de Género”, presentado en días pasados, en el  que señala que en años recientes, México ha emprendido acciones muy importantes en las políticas para promover la igualdad de género. Señala que ahora que México cuenta con programas y políticas de igualdad entre mujeres y hombres es necesario garantizar su cabal implementación en todos los sectores y distintos órdenes de gobierno para lograr un cambio real.

La representación de la mujer en el sector público es mayor que en el sector privado. Las mujeres ocupan 51 por ciento de los empleos en el sector público, aunque todavía están subrepresentadas en los niveles administrativos. A muchas mujeres estos puestos les resultan más atractivos debido a la mayor estabilidad en el trabajo, mejores prestaciones y políticas que combaten el acoso, aunque los salarios por lo general son más bajos que en el sector privado.

Una gran proporción de mexicanos trabaja por cuenta propia (25 por ciento de mujeres y 27 por ciento de hombres) en relación con el promedio de la OCDE (10 por ciento de mujeres y 18 por ciento de hombres).

El estudio señala que el país se enfrenta a un entorno demográfico cambiante que ofrece tanto oportunidades como retos para las mujeres. Por una parte, las tasas de fecundidad han disminuido y casi están alineadas con la tasa de remplazo demográfico de 2.1 hijos por mujer.

Tener menos hijos significa la reducción potencial de las horas que las madres ocupan en cuidarlos y les da a las mujeres más oportunidades fuera del hogar. Al mismo tiempo, las altas tasas de embarazo adolescente, la proporción ascendente de madres solteras y el incremento en la esperanza de vida -con la creciente necesidad de cuidados para adultos mayores, que en gran parte son proporcionados por las mujeres- plantean retos continuos para el empoderamiento de la mujer.

Muchas mujeres jóvenes se pierden en la transición de la escuela secundaria a la enseñanza superior o al mercado laboral, lo que da por resultado altas tasas de mujeres ninis. Igual que en otros puntos de la OCDE, es insuficiente el número de niñas y mujeres que ingresan a los campos potencialmente lucrativos de la ciencia, la tecnología, la educación y las matemáticas.

A pesar del avance en la escolarización de las niñas, persisten grandes brechas de género en la incorporación a la fuerza de trabajo, como lo comprueba la brecha de 35.3 puntos porcentuales entre las tasas de participación de hombres y mujeres mexicanas en la fuerza de trabajo (PFT).

Las mexicanas han ingresado a la fuerza laboral en gran número desde principios de la década de 1990, pero aun así, menos de la mitad (46.8 por ciento) de las mujeres de entre 15 y 64 años participan en el mercado laboral.

Esta tasa está muy por debajo de la tasa de PFT promedio de la OCDE de 67.2 por ciento para las mujeres en sus años más productivos, y por debajo de las tasas en muchos otros países latinoamericanos de ingresos medios.

Hombres y mujeres enfrentan retos para desarrollar sus empresas en México, incluido el acceso insuficiente al crédito y un difícil entorno comercial, pero es más factible que los varones que trabajan por cuenta propia sean empleadores y estén inscritos formalmente en el Gobierno.

En contraste, las mujeres con trabajo autónomo tienden a hacerlo por cuenta propia y es más probable que lo hagan informalmente que los hombres, a menudo como trabajadoras domésticas o en el comercio callejero.

Otro problema importante que afecta a las mujeres en México es la violencia que sigue siendo uno de los problemas más apremiantes que han de resolver los que formulan las políticas, ya que se ha generalizado y se caracteriza por los elevados porcentajes de asaltos, homicidios, secuestros y violencia sexual.

Más de la mitad de las mexicanas reportan que han sido víctimas de algún tipo de violencia en su vida, aunque muchos de estos casos no se informan a la policía, lo que refleja la desconfianza pública en la policía y en el sistema de justicia. Las pruebas indican que la violencia contra la mujer no solo afecta negativamente su participación en la vida económica y pública, sino que también impone un costo económico y pérdida de productividad.

Abandonar la escuela o la fuerza de trabajo para cuidar a los hijos puede tener efectos a largo plazo: las decisiones de madres y padres al acercarse el parto respecto a quién cuidará al bebé y quién entrará a la fuerza de trabajo suelen transformarse en hábitos duraderos a medida que los hijos crecen.

Según los grupos de edad en México, hay brechas relacionadas con la maternidad en cuanto a la participación en la fuerza laboral, y las madres que trabajan se enfrentan a obstáculos para conciliar el trabajo y la vida familiar. Los apoyos para la licencia por maternidad, la licencia por paternidad, y la educación y atención en la primera infancia son endebles en México comparados con los de casi todos los demás países de la OCDE.

México tampoco cuenta con un sistema de licencia parental compartida después de que concluyen los periodos de licencia por maternidad y paternidad. Estos tipos de apoyo social son fundamentales para aumentar la igualdad de género en las tareas de cuidado e incrementar las oportunidades de las mujeres de permanecer (y progresar) en el mercado laboral.

Las mexicanas han ingresado a la fuerza laboral en gran número desde principios de la década de 1990, pero aun así, menos de la mitad (46.8 por ciento) de las mujeres de entre 15 y 64 años participan en el mercado laboral. La brecha de género en el salario persiste, y casi 60 por ciento de las trabajadoras en México están atrapadas en empleos informales con poca protección social. La representación de la mujer en el sector público es mayor que en el sector privado; ocupan 51 por ciento de los empleos en el sector público, aunque todavía están subrepresentadas en los niveles administrativos.

Así lo revela el estudio de la OCDE “Construir un México inclusivo: Políticas y Buena Gobernanza para la Igualdad de Género”, presentado en días pasados, en el  que señala que en años recientes, México ha emprendido acciones muy importantes en las políticas para promover la igualdad de género. Señala que ahora que México cuenta con programas y políticas de igualdad entre mujeres y hombres es necesario garantizar su cabal implementación en todos los sectores y distintos órdenes de gobierno para lograr un cambio real.

La representación de la mujer en el sector público es mayor que en el sector privado. Las mujeres ocupan 51 por ciento de los empleos en el sector público, aunque todavía están subrepresentadas en los niveles administrativos. A muchas mujeres estos puestos les resultan más atractivos debido a la mayor estabilidad en el trabajo, mejores prestaciones y políticas que combaten el acoso, aunque los salarios por lo general son más bajos que en el sector privado.

Una gran proporción de mexicanos trabaja por cuenta propia (25 por ciento de mujeres y 27 por ciento de hombres) en relación con el promedio de la OCDE (10 por ciento de mujeres y 18 por ciento de hombres).

El estudio señala que el país se enfrenta a un entorno demográfico cambiante que ofrece tanto oportunidades como retos para las mujeres. Por una parte, las tasas de fecundidad han disminuido y casi están alineadas con la tasa de remplazo demográfico de 2.1 hijos por mujer.

Tener menos hijos significa la reducción potencial de las horas que las madres ocupan en cuidarlos y les da a las mujeres más oportunidades fuera del hogar. Al mismo tiempo, las altas tasas de embarazo adolescente, la proporción ascendente de madres solteras y el incremento en la esperanza de vida -con la creciente necesidad de cuidados para adultos mayores, que en gran parte son proporcionados por las mujeres- plantean retos continuos para el empoderamiento de la mujer.

Muchas mujeres jóvenes se pierden en la transición de la escuela secundaria a la enseñanza superior o al mercado laboral, lo que da por resultado altas tasas de mujeres ninis. Igual que en otros puntos de la OCDE, es insuficiente el número de niñas y mujeres que ingresan a los campos potencialmente lucrativos de la ciencia, la tecnología, la educación y las matemáticas.

A pesar del avance en la escolarización de las niñas, persisten grandes brechas de género en la incorporación a la fuerza de trabajo, como lo comprueba la brecha de 35.3 puntos porcentuales entre las tasas de participación de hombres y mujeres mexicanas en la fuerza de trabajo (PFT).

Las mexicanas han ingresado a la fuerza laboral en gran número desde principios de la década de 1990, pero aun así, menos de la mitad (46.8 por ciento) de las mujeres de entre 15 y 64 años participan en el mercado laboral.

Esta tasa está muy por debajo de la tasa de PFT promedio de la OCDE de 67.2 por ciento para las mujeres en sus años más productivos, y por debajo de las tasas en muchos otros países latinoamericanos de ingresos medios.

Hombres y mujeres enfrentan retos para desarrollar sus empresas en México, incluido el acceso insuficiente al crédito y un difícil entorno comercial, pero es más factible que los varones que trabajan por cuenta propia sean empleadores y estén inscritos formalmente en el Gobierno.

En contraste, las mujeres con trabajo autónomo tienden a hacerlo por cuenta propia y es más probable que lo hagan informalmente que los hombres, a menudo como trabajadoras domésticas o en el comercio callejero.

Otro problema importante que afecta a las mujeres en México es la violencia que sigue siendo uno de los problemas más apremiantes que han de resolver los que formulan las políticas, ya que se ha generalizado y se caracteriza por los elevados porcentajes de asaltos, homicidios, secuestros y violencia sexual.

Más de la mitad de las mexicanas reportan que han sido víctimas de algún tipo de violencia en su vida, aunque muchos de estos casos no se informan a la policía, lo que refleja la desconfianza pública en la policía y en el sistema de justicia. Las pruebas indican que la violencia contra la mujer no solo afecta negativamente su participación en la vida económica y pública, sino que también impone un costo económico y pérdida de productividad.

Abandonar la escuela o la fuerza de trabajo para cuidar a los hijos puede tener efectos a largo plazo: las decisiones de madres y padres al acercarse el parto respecto a quién cuidará al bebé y quién entrará a la fuerza de trabajo suelen transformarse en hábitos duraderos a medida que los hijos crecen.

Según los grupos de edad en México, hay brechas relacionadas con la maternidad en cuanto a la participación en la fuerza laboral, y las madres que trabajan se enfrentan a obstáculos para conciliar el trabajo y la vida familiar. Los apoyos para la licencia por maternidad, la licencia por paternidad, y la educación y atención en la primera infancia son endebles en México comparados con los de casi todos los demás países de la OCDE.

México tampoco cuenta con un sistema de licencia parental compartida después de que concluyen los periodos de licencia por maternidad y paternidad. Estos tipos de apoyo social son fundamentales para aumentar la igualdad de género en las tareas de cuidado e incrementar las oportunidades de las mujeres de permanecer (y progresar) en el mercado laboral.