/ domingo 19 de marzo de 2017

Conoce la historia y tradición del pueblo de Santa María Macuá

TULA, Hgo..- Un cielo hermoso y penetrante invita a recorrer un pueblo curioso y reservado, que hace recordar un pasaje de la historia de Pedro Páramo. Se trata de Santa María Macuá, en donde convergen la leyenda y un santuario natural.

Situada en el municipio de Tula de Allende, que es una región que fue cuna de una civilización indígena importante de la historia de México, donde se asentó la cultura tolteca desde el año de 713 después de Cristo, cuyos testimonios existen en la majestuosidad de su zona arqueológica en donde destaca su gran centro espiritual con sus famosos atlantes y las pinturas que el transcurso de los siglos no ha podido destruir sus características de belleza autóctona.

Santa María Macuá mantiene sus costumbres y tradiciones, con sus clásicas conmemoraciones religiosas que anualmente se hacen en marzo, septiembre y diciembre, en honor a San José, Santo Patrono del Pueblo; a la Virgen María, y a la Virgen de Guadalupe, respectivamente.

En estas festividades se puede encontrar el simbolismo combinado de la cultura española cristiana y el ritual prehispánico, por el uso de ofrendas, copal, incienso, las “mayordomías”, etcétera, pero, desafortunadamente se han perdido muchas tradiciones como la celebración del carnaval de los “Xitas”, las carreras de gatos, el “cortagallos”, las peticiones de lluvias en la punta del “cerro grande” que incluye una ceremonia especial con un “rezandero” del pueblo que pronuncia diversos rezos y cánticos cristianos y realiza diversas posiciones y ademanes corporales especiales, que de acuerdo con la tradición, deben ser exactos para asegurar la lluvia.

Hablando de tradiciones, es triste reconocer que está a punto de perder su lengua materna, el otomí (hñahñu), que antiguamente hablaban los abuelos y que hoy en día solo conservan unas cuantas personas en la comunidad como don Francisco “Panchito” Pérez, y otro don Maximino Pérez “El Cuixa”, personas a quienes se les debe un tributo por lo auténtico de sus raíces y porque gracias a ellos hoy en día el pueblo sigue siendo considerado en México e internacionalmente como un pueblo con “lengua nacional”.

Actualmente, un grupo de personas inició, en forma personal, una escuela de otomí con el único propósito de rescatar la lengua de los abuelos y para que los jóvenes de la comunidad puedan ser bilingües o trilingües (para aquellos que estudian inglés), lo que les generará grandes oportunidades de desarrollo, dado que actualmente existen programas oficiales que apoyan a personas que hablan alguna lengua nacional (como becas en escuelas públicas y privadas, etcétera).

Pasando a cosas más agradables, en Macuá se puede saborear una de las barbacoas más sabrosas del Estado, hecha en forma tradicional en hoyo de tierra y pencas de maguey, y no se diga de sus tortillas hechas a mano (blancas y azules), de sus quesadillas de huitlacoche, verdolagas, quelites, flor de calabaza, nopales, gualumbos -flor del quihote del maguey-, hongos de cerro, todo natural y orgánico.

Pero lo más importante del pueblo es la hospitalidad y afecto de su gente, en ese lugar se sentirán como en su casa, pues haciendo honor al significado de pueblo, a los visitantes los tratan como verdaderos hermanos.

Lamentablemente también es un pueblo de emigrantes, que por años ha exportado mano de obra tanto a entidades de la república como a Estados Unidos, y posiblemente algunos tendrán que regresar debido a las políticas migratorias del presidente estadunidense Donald Trump.

Hoy se lleva a cabo la fiesta en honor a San José. Las celebraciones iniciaron desde el pasado viernes y terminan el lunes, siendo hoy el de mayor importancia por ser el día del santo patrono.

Apegado a sus tradiciones, las actividades van desde religiosas, deportivas, culturales y de entretenimiento, como los bailes donde tocan bandas de prestigio, algunas locales, así como la fiesta brava, que en esta ocasión corrió a cargo de la familia Gracidas Bautista, en un mano a mano entre los matadores Alberto Gracidas y Carlos Alberto Gracidas, quien regresa a los ruedos.

Por la noche, se lleva a cabo la quema del castillo de fuegos pirotécnicos y el famoso torito, al que nadie quiere que lo alcance.

ATRACTIVOS

Pero no todo es fiesta, también hay lugares atractivos a donde ir a pasear.

En comunidad existe el cañón de las adjuntas, donde hay formaciones rocosas de más de cinco metros de altura, y que son conocidos como los órganos.

En ese lugar hay evidencias de manifestaciones rupestres y asentamientos prehispánicos que indican la importancia que tuvo el lugar antes de la llegada de los españoles, además de formaciones troncocónicas que sobresalen en el terreno, formadas a través del tiempo por la erosión eólica e hídrica que afecta la superficie, donde predomina escasamente la vegetación consistente en árboles de mezquite, pirul y huizache; además de plantas como nopal, maguey, órgano, biznaga y nopalillo.

También cuenta con una perspectiva paisajista, es semidesértico con un oasis natural donde hay manantiales, que es usado para actividades acuáticas durante el verano, además de que se canaliza las aguas para el regadío a lo largo de su cauce que pasa por la población de San Miguel de las Piedras y de ahí hacia la presa Requena.

El pueblo tiene además tres presas en su derredor (“presa Macuá”, “presa Julián Villagrán” y “presa Peña Colorada”), en las que se pueden hacer prácticas de pesca. Es también importante destacar que la comunidad tiene construcciones muy antiguas como la de la Iglesia que data de más de cinco siglos de edad, así como diversas capillas dispersas en todo el poblado a las que llaman “bóvedas”; incluso, en el lugar llamado los órganos aún existen vestigios de cimentación de una población muy antigua, anterior a la fundación del pueblo, y que fue una de esas doce aldeas o “tribus” que al unirse formaron el pueblo que hoy conocemos como Macuá.

Contaba la abuela Gertrudis que la palabra Macúa en otomí significa unión de hermanos. Los pobladores actuales siguen manteniendo esa unión y estarían dispuestos a dar su vida por este maravilloso lugar. (Con información de Yadira Arteaga).

TULA, Hgo..- Un cielo hermoso y penetrante invita a recorrer un pueblo curioso y reservado, que hace recordar un pasaje de la historia de Pedro Páramo. Se trata de Santa María Macuá, en donde convergen la leyenda y un santuario natural.

Situada en el municipio de Tula de Allende, que es una región que fue cuna de una civilización indígena importante de la historia de México, donde se asentó la cultura tolteca desde el año de 713 después de Cristo, cuyos testimonios existen en la majestuosidad de su zona arqueológica en donde destaca su gran centro espiritual con sus famosos atlantes y las pinturas que el transcurso de los siglos no ha podido destruir sus características de belleza autóctona.

Santa María Macuá mantiene sus costumbres y tradiciones, con sus clásicas conmemoraciones religiosas que anualmente se hacen en marzo, septiembre y diciembre, en honor a San José, Santo Patrono del Pueblo; a la Virgen María, y a la Virgen de Guadalupe, respectivamente.

En estas festividades se puede encontrar el simbolismo combinado de la cultura española cristiana y el ritual prehispánico, por el uso de ofrendas, copal, incienso, las “mayordomías”, etcétera, pero, desafortunadamente se han perdido muchas tradiciones como la celebración del carnaval de los “Xitas”, las carreras de gatos, el “cortagallos”, las peticiones de lluvias en la punta del “cerro grande” que incluye una ceremonia especial con un “rezandero” del pueblo que pronuncia diversos rezos y cánticos cristianos y realiza diversas posiciones y ademanes corporales especiales, que de acuerdo con la tradición, deben ser exactos para asegurar la lluvia.

Hablando de tradiciones, es triste reconocer que está a punto de perder su lengua materna, el otomí (hñahñu), que antiguamente hablaban los abuelos y que hoy en día solo conservan unas cuantas personas en la comunidad como don Francisco “Panchito” Pérez, y otro don Maximino Pérez “El Cuixa”, personas a quienes se les debe un tributo por lo auténtico de sus raíces y porque gracias a ellos hoy en día el pueblo sigue siendo considerado en México e internacionalmente como un pueblo con “lengua nacional”.

Actualmente, un grupo de personas inició, en forma personal, una escuela de otomí con el único propósito de rescatar la lengua de los abuelos y para que los jóvenes de la comunidad puedan ser bilingües o trilingües (para aquellos que estudian inglés), lo que les generará grandes oportunidades de desarrollo, dado que actualmente existen programas oficiales que apoyan a personas que hablan alguna lengua nacional (como becas en escuelas públicas y privadas, etcétera).

Pasando a cosas más agradables, en Macuá se puede saborear una de las barbacoas más sabrosas del Estado, hecha en forma tradicional en hoyo de tierra y pencas de maguey, y no se diga de sus tortillas hechas a mano (blancas y azules), de sus quesadillas de huitlacoche, verdolagas, quelites, flor de calabaza, nopales, gualumbos -flor del quihote del maguey-, hongos de cerro, todo natural y orgánico.

Pero lo más importante del pueblo es la hospitalidad y afecto de su gente, en ese lugar se sentirán como en su casa, pues haciendo honor al significado de pueblo, a los visitantes los tratan como verdaderos hermanos.

Lamentablemente también es un pueblo de emigrantes, que por años ha exportado mano de obra tanto a entidades de la república como a Estados Unidos, y posiblemente algunos tendrán que regresar debido a las políticas migratorias del presidente estadunidense Donald Trump.

Hoy se lleva a cabo la fiesta en honor a San José. Las celebraciones iniciaron desde el pasado viernes y terminan el lunes, siendo hoy el de mayor importancia por ser el día del santo patrono.

Apegado a sus tradiciones, las actividades van desde religiosas, deportivas, culturales y de entretenimiento, como los bailes donde tocan bandas de prestigio, algunas locales, así como la fiesta brava, que en esta ocasión corrió a cargo de la familia Gracidas Bautista, en un mano a mano entre los matadores Alberto Gracidas y Carlos Alberto Gracidas, quien regresa a los ruedos.

Por la noche, se lleva a cabo la quema del castillo de fuegos pirotécnicos y el famoso torito, al que nadie quiere que lo alcance.

ATRACTIVOS

Pero no todo es fiesta, también hay lugares atractivos a donde ir a pasear.

En comunidad existe el cañón de las adjuntas, donde hay formaciones rocosas de más de cinco metros de altura, y que son conocidos como los órganos.

En ese lugar hay evidencias de manifestaciones rupestres y asentamientos prehispánicos que indican la importancia que tuvo el lugar antes de la llegada de los españoles, además de formaciones troncocónicas que sobresalen en el terreno, formadas a través del tiempo por la erosión eólica e hídrica que afecta la superficie, donde predomina escasamente la vegetación consistente en árboles de mezquite, pirul y huizache; además de plantas como nopal, maguey, órgano, biznaga y nopalillo.

También cuenta con una perspectiva paisajista, es semidesértico con un oasis natural donde hay manantiales, que es usado para actividades acuáticas durante el verano, además de que se canaliza las aguas para el regadío a lo largo de su cauce que pasa por la población de San Miguel de las Piedras y de ahí hacia la presa Requena.

El pueblo tiene además tres presas en su derredor (“presa Macuá”, “presa Julián Villagrán” y “presa Peña Colorada”), en las que se pueden hacer prácticas de pesca. Es también importante destacar que la comunidad tiene construcciones muy antiguas como la de la Iglesia que data de más de cinco siglos de edad, así como diversas capillas dispersas en todo el poblado a las que llaman “bóvedas”; incluso, en el lugar llamado los órganos aún existen vestigios de cimentación de una población muy antigua, anterior a la fundación del pueblo, y que fue una de esas doce aldeas o “tribus” que al unirse formaron el pueblo que hoy conocemos como Macuá.

Contaba la abuela Gertrudis que la palabra Macúa en otomí significa unión de hermanos. Los pobladores actuales siguen manteniendo esa unión y estarían dispuestos a dar su vida por este maravilloso lugar. (Con información de Yadira Arteaga).