/ lunes 19 de octubre de 2015

La Orquesta Sinfónica de Guanajuato conquistó al público del FIC

Guanajuato.- Toda la fuerza y sutileza de la “Sinfonía núm. 2”, de Jean Sibelius (1875-1957), se unieron y, al unísono, sublimaron al público que la víspera asistió al homenaje que la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG), bajo la enérgica batuta del maestro Roberto Beltrán Zavala, rindió al compositor de largo aliento.

Fue en el marco del 43 Festival Internacional Cervantino (FIC), en el escenario del Teatro Juárez, donde la música de Sibelius en determinados momentos provocó en el público extraordinarios vaivenes anímicos y sensoriales, al pasar de un suave y ensoñador arrullo provocado por las cuerdas, a un estridentismo gozoso emanado de los metales.

Antes de esa interpretación que recordó la trascendencia de la obra del homenajeado, la OSUG inició el programa con la obertura “Festival académico”, de Johannes Brahms (1833-1897), y “Tetracrómatas”, obra que el FIC comisionó a Enrico Chapela (1974), un concierto para flauta amplificada y orquesta en tres movimientos recios y provocativos.

La “Sinfonía núm. 2” del finlandés Jean Sibelius es la más conocida e interpretada de su ciclo sinfónico. Compuesta durante una estancia en Italia, se estrenó en Helsinki, en 1902, marcando el final del primer periodo romántico del compositor, quien con siete sinfonías excepcionales ocupa una posición destacada en el desarrollo de esta forma compositiva.

Esta sinfonía, rezan las croniquillas, es la primera manifestación madura de la búsqueda de recursos formales de fragmentación y recombinación que venía realizando este autor. En ella, en lugar de seguir la corriente de sus contemporáneos con obras caracterizadas por la disonancia, tomó la tonalidad mostrando que la originalidad no radica en la escala.

Como homenaje al ingenio de Sibelius, esta obra fue interpretada por la OSUG, bajo la batuta del mexicano Roberto Beltrán-Zavala, joven director con una sólida reputación internacional. Al programa se integró el trabajo comisionado a Chapela, donde el artista multidisciplinario Alejandro Escuer participó como solista con su juego de flautas.

El primero y último movimientos de la sinfonía, heroicos y optimistas, son conocidos por haber sido exactamente lo que los finlandeses necesitaban durante un periodo de opresión rusa. La primera interpretación pública de esta obra consolidó la reputación de Sibelius como héroe nacional. Pronto, la pieza triunfó y fue aclamada también en el extranjero.

Lo anterior tuvo lugar en el marco del 150 aniversario del natalicio de Sibelius, nacido en Hämeenlinna, entonces Gran Ducado de Finlandia del imperio ruso. Comenzó a estudiar Derecho pero su pasión siempre fue la música, por lo que dejó las leyes para inscribirse en la Escuela de Música de Helsinki, que hoy lleva, en su honor y memoria, su nombre.

En sus primeras partituras quedó la huella de compositores como el noruego Edvard Grieg, el ruso Borodin y el mismo Chaikovski. Cabe recordar que escribió la mayoría de su trabajo entre 1880 y 1920. Su estilo inicial procede de la escuela clásica vienesa y del romanticismo temprano; de pasó al nacionalismo y al expresionismo-impresionista.

De acuerdo con sus biógrafos, como la mayoría de su generación, primero aceptó las normas musicales establecidas por los compositores de la segunda mitad del Siglo XIX.

Primero consideró que su camino sería la ópera y estudió distintas obras de Wagner, pero más tarde desechó el estilo wagneriano por considerarlo demasiado explícito y calculado.

Con el paso de los años, se enfocó a simplificar la construcción interna de la música, y optó por la sucesión de células y fragmentos melódicos, en lugar de por temas de múltiple contraste.

La “Sinfonía núm. 2 en re mayor”, que presentó la OSUG, fue un gran salto en su trabajo como compositor y, entre sus obras, es la más libre de todas las influencias.

Porque esta pieza es la “puerta de entrada” al estilo del finlandés, la OSUG abrió el apetito de los escuchas con la obertura del “Festival académico”, de Johannes Brahms, escrita en agradecimiento a la Universidad de Filosofía de Breslau por el Doctorado Honoris Causa que recibió el músico, y también presentará una obra comisionada por el FIC. (Notimex)

/afa

Guanajuato.- Toda la fuerza y sutileza de la “Sinfonía núm. 2”, de Jean Sibelius (1875-1957), se unieron y, al unísono, sublimaron al público que la víspera asistió al homenaje que la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG), bajo la enérgica batuta del maestro Roberto Beltrán Zavala, rindió al compositor de largo aliento.

Fue en el marco del 43 Festival Internacional Cervantino (FIC), en el escenario del Teatro Juárez, donde la música de Sibelius en determinados momentos provocó en el público extraordinarios vaivenes anímicos y sensoriales, al pasar de un suave y ensoñador arrullo provocado por las cuerdas, a un estridentismo gozoso emanado de los metales.

Antes de esa interpretación que recordó la trascendencia de la obra del homenajeado, la OSUG inició el programa con la obertura “Festival académico”, de Johannes Brahms (1833-1897), y “Tetracrómatas”, obra que el FIC comisionó a Enrico Chapela (1974), un concierto para flauta amplificada y orquesta en tres movimientos recios y provocativos.

La “Sinfonía núm. 2” del finlandés Jean Sibelius es la más conocida e interpretada de su ciclo sinfónico. Compuesta durante una estancia en Italia, se estrenó en Helsinki, en 1902, marcando el final del primer periodo romántico del compositor, quien con siete sinfonías excepcionales ocupa una posición destacada en el desarrollo de esta forma compositiva.

Esta sinfonía, rezan las croniquillas, es la primera manifestación madura de la búsqueda de recursos formales de fragmentación y recombinación que venía realizando este autor. En ella, en lugar de seguir la corriente de sus contemporáneos con obras caracterizadas por la disonancia, tomó la tonalidad mostrando que la originalidad no radica en la escala.

Como homenaje al ingenio de Sibelius, esta obra fue interpretada por la OSUG, bajo la batuta del mexicano Roberto Beltrán-Zavala, joven director con una sólida reputación internacional. Al programa se integró el trabajo comisionado a Chapela, donde el artista multidisciplinario Alejandro Escuer participó como solista con su juego de flautas.

El primero y último movimientos de la sinfonía, heroicos y optimistas, son conocidos por haber sido exactamente lo que los finlandeses necesitaban durante un periodo de opresión rusa. La primera interpretación pública de esta obra consolidó la reputación de Sibelius como héroe nacional. Pronto, la pieza triunfó y fue aclamada también en el extranjero.

Lo anterior tuvo lugar en el marco del 150 aniversario del natalicio de Sibelius, nacido en Hämeenlinna, entonces Gran Ducado de Finlandia del imperio ruso. Comenzó a estudiar Derecho pero su pasión siempre fue la música, por lo que dejó las leyes para inscribirse en la Escuela de Música de Helsinki, que hoy lleva, en su honor y memoria, su nombre.

En sus primeras partituras quedó la huella de compositores como el noruego Edvard Grieg, el ruso Borodin y el mismo Chaikovski. Cabe recordar que escribió la mayoría de su trabajo entre 1880 y 1920. Su estilo inicial procede de la escuela clásica vienesa y del romanticismo temprano; de pasó al nacionalismo y al expresionismo-impresionista.

De acuerdo con sus biógrafos, como la mayoría de su generación, primero aceptó las normas musicales establecidas por los compositores de la segunda mitad del Siglo XIX.

Primero consideró que su camino sería la ópera y estudió distintas obras de Wagner, pero más tarde desechó el estilo wagneriano por considerarlo demasiado explícito y calculado.

Con el paso de los años, se enfocó a simplificar la construcción interna de la música, y optó por la sucesión de células y fragmentos melódicos, en lugar de por temas de múltiple contraste.

La “Sinfonía núm. 2 en re mayor”, que presentó la OSUG, fue un gran salto en su trabajo como compositor y, entre sus obras, es la más libre de todas las influencias.

Porque esta pieza es la “puerta de entrada” al estilo del finlandés, la OSUG abrió el apetito de los escuchas con la obertura del “Festival académico”, de Johannes Brahms, escrita en agradecimiento a la Universidad de Filosofía de Breslau por el Doctorado Honoris Causa que recibió el músico, y también presentará una obra comisionada por el FIC. (Notimex)

/afa