/ domingo 28 de agosto de 2016

Literatura: ¡VIVEN! de Pier Paul Read

La verdadera historia de los llamados “supervivientes de los Andes”, la escalofriante peripecia que vivieron los deportistas del equipo de rugby Old Christians y sus acompañantes en 1972, es relatado en ¡VIVEN! (Ediciones B, 446 páginas), libro escrito por el galardonado novelista británico, historiador y biógrafo Pier Paul Read.

Este libro-documento encarna el triunfo del espíritu humano y el instinto de supervivencia que, en su momento, impactó a la opinión pública mundial.

En 1972 partió de Montevideo, con destino a Santiago de Chile, un avión Fairchild Hiller FH-227 de las fuerzas aéreas uruguayas en el que viajaba el equipo de rugby Old Chrsitians y sus acompañantes. Sin embargo, les aguardaba un destino muy distinto del que habían proyectado. Las infernales condiciones climatológicas determinaron la catástrofe y el aparato se estrelló en los Andes.

EL TRIUNFO DEL ESPÍRITU HUMANO

Solo 16 de los 45 pasajeros que viajaban en el avión sobrevivieron al accidente y a los casi tres meses de indescriptibles rigores que surgieron a consecuencia del hambre, el frío y el dolor. Sin otras provisiones, se vieron obligados a enfrentarse al horror de alimentarse con la carne de sus compañeros muertos, en un acto desesperado por conservar la vida.

Chilenos, argentinos y uruguayos buscaron el avión durante ocho días. Entre los pasajeros no solo se encontraban los quince componentes del equipo de rugby, sino además veinticinco amigos y parientes de los jugadores, todos ellos pertenecientes a influyentes familias uruguayas. La búsqueda no obtuvo resultados. Era evidente que el piloto había calculado erróneamente la posición y había virado hacia el norte, hacia Santiago, cuando aún se encontraba en medio de las montañas.

“El avión no solo se había estrellado en las montañas, sino también en un desierto. Los primeros en salir del avión fueron Marcelo Pérez y Roy Harley, que tuvieron que derribar la barricada que tan costosamente habían construido y conservado la noche anterior. El cielo estaba nublado, pero había cesado de nevar, así que pudieron apartarse un poco del destrozado aparato para estudiar lo desesperado de su situación.

“En el interior del avión, Canessa y Zerbino comenzaron de nuevo a examinar a los heridos y descubrieron que habían muerto tres personas más durante la noche, incluido Panchito Abal, que yacía inmóvil sobre el cuerpo de Susana Parrado. Tenía los pies ennegrecido por la congelación, y era evidente, dada la rigidez de sus extremidades, que estaba muerto. Por un momento creyeron que Susana también había muerto, debido a su inmovilidad, pero cuando apartaron el cuerpo de Abal pudieron comprobar que estaba viva y consciente. Sus pies tenían un color púrpura a causa del frío, y se quejaba a su madre:

“-Mamá, mamá -se quejaba-, me duelen los pies. Me duelen mucho. Por favor, vamos a casa”.

La verdadera historia de los llamados “supervivientes de los Andes”, la escalofriante peripecia que vivieron los deportistas del equipo de rugby Old Christians y sus acompañantes en 1972, es relatado en ¡VIVEN! (Ediciones B, 446 páginas), libro escrito por el galardonado novelista británico, historiador y biógrafo Pier Paul Read.

Este libro-documento encarna el triunfo del espíritu humano y el instinto de supervivencia que, en su momento, impactó a la opinión pública mundial.

En 1972 partió de Montevideo, con destino a Santiago de Chile, un avión Fairchild Hiller FH-227 de las fuerzas aéreas uruguayas en el que viajaba el equipo de rugby Old Chrsitians y sus acompañantes. Sin embargo, les aguardaba un destino muy distinto del que habían proyectado. Las infernales condiciones climatológicas determinaron la catástrofe y el aparato se estrelló en los Andes.

EL TRIUNFO DEL ESPÍRITU HUMANO

Solo 16 de los 45 pasajeros que viajaban en el avión sobrevivieron al accidente y a los casi tres meses de indescriptibles rigores que surgieron a consecuencia del hambre, el frío y el dolor. Sin otras provisiones, se vieron obligados a enfrentarse al horror de alimentarse con la carne de sus compañeros muertos, en un acto desesperado por conservar la vida.

Chilenos, argentinos y uruguayos buscaron el avión durante ocho días. Entre los pasajeros no solo se encontraban los quince componentes del equipo de rugby, sino además veinticinco amigos y parientes de los jugadores, todos ellos pertenecientes a influyentes familias uruguayas. La búsqueda no obtuvo resultados. Era evidente que el piloto había calculado erróneamente la posición y había virado hacia el norte, hacia Santiago, cuando aún se encontraba en medio de las montañas.

“El avión no solo se había estrellado en las montañas, sino también en un desierto. Los primeros en salir del avión fueron Marcelo Pérez y Roy Harley, que tuvieron que derribar la barricada que tan costosamente habían construido y conservado la noche anterior. El cielo estaba nublado, pero había cesado de nevar, así que pudieron apartarse un poco del destrozado aparato para estudiar lo desesperado de su situación.

“En el interior del avión, Canessa y Zerbino comenzaron de nuevo a examinar a los heridos y descubrieron que habían muerto tres personas más durante la noche, incluido Panchito Abal, que yacía inmóvil sobre el cuerpo de Susana Parrado. Tenía los pies ennegrecido por la congelación, y era evidente, dada la rigidez de sus extremidades, que estaba muerto. Por un momento creyeron que Susana también había muerto, debido a su inmovilidad, pero cuando apartaron el cuerpo de Abal pudieron comprobar que estaba viva y consciente. Sus pies tenían un color púrpura a causa del frío, y se quejaba a su madre:

“-Mamá, mamá -se quejaba-, me duelen los pies. Me duelen mucho. Por favor, vamos a casa”.