/ martes 25 de octubre de 2016

Literatura: “La vida por un imperio”

POR ROBERTO RONDERO ¿Realmente hubo un pacto entre Maximiliano y Juárez? “La vida por un imperio” (Ediciones B, 195 páginas), libro escrito por Anamari Gomís (Ciudad de México, 1950), profesora de literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y exdirectora de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), lo pone en duda.

Pese a que no existe evidencia que lo compruebe, se dice que Maximiliano de Habsburgo no fue fusilado en el Cerro de las Campanas, sino que el emperador pactó con el presidente Benito Juárez su salida del país y, bajo el nombre de Justo Armas, pasó el resto de sus días en El Salvador, donde murió ya entrado el siglo XX. ¿PACTO EN LO OSCURITO?

En “La vida por un imperio”, Anamari Gomís cuenta la historia de Fernanda, una joven universitaria y ama de casa, quien al lado del excéntrico historiador Segismundo Altamirano, emprende en 1987 una aventura por Centroamérica, que tiene como finalidad confirmar los rumores en torno al paradero de Maximiliano y la verdadera identidad de Justo Armas. En medio de este periplo, donde nada resulta como ella espera, Fernanda se verá obligada a tomar decisiones que cambiarán el rumbo de su vida.

“...El archiduque de Austria fue un hombre sensible, culto, liberal. Aprendió francés, italiano, inglés, húngaro, polaco, checo y, sin duda, español. Vivió su juventud en la corte imperial de Viena, dedicado a la lectura y a trabajar con adminículos científicos. Sabía de la guerra y de esgrima, montaba a caballo con enorme elegancia. A veces gastaba de más. Eso se sabe muy bien”.

-Solo queremos documentar, si lo logramos, que no fue fusilado en el Cerro de las Campanas y que vivió hasta su muerte en El Salvador.

“... Se alistaron para fusilar a Maximiliano de Habsburgo, y a los generales conservadores Miguel Miramón y Tomás Mejía. El criado húngaro, Tüdos, ayudó a que el emperador se visitera de civil para su ejecución. Maximiliano llevaba una camisa blanca, chaleco, pantalón oscuro y una levita larga, que no se asemejaba a las usadas por Benito Juárez. El benemérito cruzado el desierto ataviado como de frac, sin tomar en cuenta las altas temperaturas. Asía se las gastaba el indígena Juárez. En cuanto al indulto, sabía que Napoleón III y los propios conservadores, tan aristocratizantes ellos, le daban la espalda al austriaco mexicanizado. Fusilar a Maximiliano crearía un precedente para cualquier extranjero que quisiera venir a gobernar México”.

POR ROBERTO RONDERO ¿Realmente hubo un pacto entre Maximiliano y Juárez? “La vida por un imperio” (Ediciones B, 195 páginas), libro escrito por Anamari Gomís (Ciudad de México, 1950), profesora de literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y exdirectora de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), lo pone en duda.

Pese a que no existe evidencia que lo compruebe, se dice que Maximiliano de Habsburgo no fue fusilado en el Cerro de las Campanas, sino que el emperador pactó con el presidente Benito Juárez su salida del país y, bajo el nombre de Justo Armas, pasó el resto de sus días en El Salvador, donde murió ya entrado el siglo XX. ¿PACTO EN LO OSCURITO?

En “La vida por un imperio”, Anamari Gomís cuenta la historia de Fernanda, una joven universitaria y ama de casa, quien al lado del excéntrico historiador Segismundo Altamirano, emprende en 1987 una aventura por Centroamérica, que tiene como finalidad confirmar los rumores en torno al paradero de Maximiliano y la verdadera identidad de Justo Armas. En medio de este periplo, donde nada resulta como ella espera, Fernanda se verá obligada a tomar decisiones que cambiarán el rumbo de su vida.

“...El archiduque de Austria fue un hombre sensible, culto, liberal. Aprendió francés, italiano, inglés, húngaro, polaco, checo y, sin duda, español. Vivió su juventud en la corte imperial de Viena, dedicado a la lectura y a trabajar con adminículos científicos. Sabía de la guerra y de esgrima, montaba a caballo con enorme elegancia. A veces gastaba de más. Eso se sabe muy bien”.

-Solo queremos documentar, si lo logramos, que no fue fusilado en el Cerro de las Campanas y que vivió hasta su muerte en El Salvador.

“... Se alistaron para fusilar a Maximiliano de Habsburgo, y a los generales conservadores Miguel Miramón y Tomás Mejía. El criado húngaro, Tüdos, ayudó a que el emperador se visitera de civil para su ejecución. Maximiliano llevaba una camisa blanca, chaleco, pantalón oscuro y una levita larga, que no se asemejaba a las usadas por Benito Juárez. El benemérito cruzado el desierto ataviado como de frac, sin tomar en cuenta las altas temperaturas. Asía se las gastaba el indígena Juárez. En cuanto al indulto, sabía que Napoleón III y los propios conservadores, tan aristocratizantes ellos, le daban la espalda al austriaco mexicanizado. Fusilar a Maximiliano crearía un precedente para cualquier extranjero que quisiera venir a gobernar México”.