/ domingo 26 de junio de 2016

Mujeres en busca de sexo

  • Celia Gomez Ramos
  • Los caminos del placer

Querido mío:

Este bien podría ser un contrato en el que suscribiera mis urgencias y compromisos, pero quiero que suene más sutil, porque la tersura de la verdad, siempre será más arrebatadora y delicada, que cualquier farsa, por mayor recubrimiento que le acuda.

Bien, pues quiero contarte que estuve ahí, quiero que lo sepas. Minutos antes de la media noche, esperando conocer qué era lo que en ese lugar me ofertaban. Siempre en ese, mi afán por descubrir.

Debes saber que hace tiempo, me he interesado en esos pivotes que desencadenan el placer…, pero también el dolor. En aquello que somos capaces de sentir como seres humanos. Tanto en lo que es particular, como en lo que puede ser universal.

No lo sé, y procuro quizá comprenderme a mí misma, al momento de confiártelo. ¿Qué puede ser aquello que me seduce de todo esto? ¿Acaso reconocer mi poder en la sumisión? ¿Acaso reconocer mi poder en mi dominio? ¿Quién es el amo aquí, el que se brinda o el que prodiga dolor? ¿Es cuestión corporal meramente o es psicológica?¿Son ambas las que me asaltan?

Complejos equilibrios humanos. Fuerte en la cotidianeidad, sensible absoluta en la intimidad… Frágil en la cotidianeidad, superior entre cuatro paredes. ¿Será tan simple?

Así no fue como lo contó ella, pero quiero imaginarlo…

Una ocasión, consiguió una aguja de 18 centímetros y con su pareja, la hizo cruzar por sus senos. Era un dolor…, soportable. Al momento que comenzó a rodar la sangre al extraerla aguja, pensó, puedo aguantarlo. Era una ofrenda para el otro. Un regalo total. Esto sí lo escuché en una grabación. No sé si el hecho sea real; sí sé, que me subyugó de inmediato.

“El que piensa, pierde”, dictó el maestro, hablando de escritura; “aunque si no se piensa, se pierde también”. ¡Vaya dilema! Sentir o no sentir. Depositar mi existencia en el otro, al igual que mi espacio de goce… ¿Y el del otro?

Entonces se desatan todos los abismos y la furia inagotable de mis anhelos. Esa es mi fuga: voracidad y adicción… No hay calma, la agitación va en escalada cual incendio, cual volcán que se embravece; pero quien desconoce al respecto, urdirá todos los vocablos en contra, el cúmulo de palabras infieles, intentando mancillar el apetito de las sensaciones.

Nada importa. Reverbero, como si fuera el tambor. Percusión interna. Todo soy cauce y floto. Soy tierra, aire, naturaleza plena y mansedumbre con un claro objetivo: el extremo del placer.

*****

Nunca había acudido a un espectáculo así, menos en México. Cuando vi que entraban las agujas en su espalda –estas eran pequeñas-, no lo podía creer. Tampoco cuando vi los fuegos artificiales, que no lo eran, pero estéticamente se observaban alucinantes; las cuerdas y la caída de la parafina de las velas. Trago saliva, cierro los ojos, y descubro una tensión emocional que me estremece.

La participación del público fue grata, y se nota, ciertamente, lo mucho que necesita nuestra mente explorar.

Estaba en un espectáculo con sesión de BSDM (Bondage, Dominación, Sadismo y Masoquismo), con Fernanda Tapia y Marqués Alexander.

Explicaron cómo se daban nalgadas con técnica, para que fuera un acto de excitación, aunque estoy consciente que a mucha gente puede no gustarle este tipo de prácticas o tenga interés, pero nunca se atreva a llevarlas a cabo. Cada quién. Marqués Alexander, que era quien llevaba la batuta, mostró unas paletas, que se pueden comprar en tiendas de juguetes sexuales, de un lado afelpadas y del otro no, para el mismo objetivo: las nalgadas. Destacó que los utensilios de casa sirven perfectamente, para los mismos fines, pero que si no se quiere así, y/o, si uno se abochorna de ir a una tienda, también en el corredor que se encuentra atrás de la catedral metropolitana, puede encontrar uno las “barras de disciplina católica”.

Hubo una ofrenda. Comer del cuerpo, para celebrar la vida. Al menos así lo entendí, y el público acudió al festín.

Te insisto, cada quien sus expectativas y necesidades, aquello que quiera y no explorar, pero yo debo decirte, que celebré ese espectáculo. Sean quizá parte de mis deseos, necesidades y fantasías.

Vayan a verlo, que solo estará la próxima semana, para los que estén en la Ciudad de México, en El Vicio. #S3sados, ese es el nombre. Luego se irán de gira. Comentarios: celiatgramos@gmail.com

  • Celia Gomez Ramos
  • Los caminos del placer

Querido mío:

Este bien podría ser un contrato en el que suscribiera mis urgencias y compromisos, pero quiero que suene más sutil, porque la tersura de la verdad, siempre será más arrebatadora y delicada, que cualquier farsa, por mayor recubrimiento que le acuda.

Bien, pues quiero contarte que estuve ahí, quiero que lo sepas. Minutos antes de la media noche, esperando conocer qué era lo que en ese lugar me ofertaban. Siempre en ese, mi afán por descubrir.

Debes saber que hace tiempo, me he interesado en esos pivotes que desencadenan el placer…, pero también el dolor. En aquello que somos capaces de sentir como seres humanos. Tanto en lo que es particular, como en lo que puede ser universal.

No lo sé, y procuro quizá comprenderme a mí misma, al momento de confiártelo. ¿Qué puede ser aquello que me seduce de todo esto? ¿Acaso reconocer mi poder en la sumisión? ¿Acaso reconocer mi poder en mi dominio? ¿Quién es el amo aquí, el que se brinda o el que prodiga dolor? ¿Es cuestión corporal meramente o es psicológica?¿Son ambas las que me asaltan?

Complejos equilibrios humanos. Fuerte en la cotidianeidad, sensible absoluta en la intimidad… Frágil en la cotidianeidad, superior entre cuatro paredes. ¿Será tan simple?

Así no fue como lo contó ella, pero quiero imaginarlo…

Una ocasión, consiguió una aguja de 18 centímetros y con su pareja, la hizo cruzar por sus senos. Era un dolor…, soportable. Al momento que comenzó a rodar la sangre al extraerla aguja, pensó, puedo aguantarlo. Era una ofrenda para el otro. Un regalo total. Esto sí lo escuché en una grabación. No sé si el hecho sea real; sí sé, que me subyugó de inmediato.

“El que piensa, pierde”, dictó el maestro, hablando de escritura; “aunque si no se piensa, se pierde también”. ¡Vaya dilema! Sentir o no sentir. Depositar mi existencia en el otro, al igual que mi espacio de goce… ¿Y el del otro?

Entonces se desatan todos los abismos y la furia inagotable de mis anhelos. Esa es mi fuga: voracidad y adicción… No hay calma, la agitación va en escalada cual incendio, cual volcán que se embravece; pero quien desconoce al respecto, urdirá todos los vocablos en contra, el cúmulo de palabras infieles, intentando mancillar el apetito de las sensaciones.

Nada importa. Reverbero, como si fuera el tambor. Percusión interna. Todo soy cauce y floto. Soy tierra, aire, naturaleza plena y mansedumbre con un claro objetivo: el extremo del placer.

*****

Nunca había acudido a un espectáculo así, menos en México. Cuando vi que entraban las agujas en su espalda –estas eran pequeñas-, no lo podía creer. Tampoco cuando vi los fuegos artificiales, que no lo eran, pero estéticamente se observaban alucinantes; las cuerdas y la caída de la parafina de las velas. Trago saliva, cierro los ojos, y descubro una tensión emocional que me estremece.

La participación del público fue grata, y se nota, ciertamente, lo mucho que necesita nuestra mente explorar.

Estaba en un espectáculo con sesión de BSDM (Bondage, Dominación, Sadismo y Masoquismo), con Fernanda Tapia y Marqués Alexander.

Explicaron cómo se daban nalgadas con técnica, para que fuera un acto de excitación, aunque estoy consciente que a mucha gente puede no gustarle este tipo de prácticas o tenga interés, pero nunca se atreva a llevarlas a cabo. Cada quién. Marqués Alexander, que era quien llevaba la batuta, mostró unas paletas, que se pueden comprar en tiendas de juguetes sexuales, de un lado afelpadas y del otro no, para el mismo objetivo: las nalgadas. Destacó que los utensilios de casa sirven perfectamente, para los mismos fines, pero que si no se quiere así, y/o, si uno se abochorna de ir a una tienda, también en el corredor que se encuentra atrás de la catedral metropolitana, puede encontrar uno las “barras de disciplina católica”.

Hubo una ofrenda. Comer del cuerpo, para celebrar la vida. Al menos así lo entendí, y el público acudió al festín.

Te insisto, cada quien sus expectativas y necesidades, aquello que quiera y no explorar, pero yo debo decirte, que celebré ese espectáculo. Sean quizá parte de mis deseos, necesidades y fantasías.

Vayan a verlo, que solo estará la próxima semana, para los que estén en la Ciudad de México, en El Vicio. #S3sados, ese es el nombre. Luego se irán de gira. Comentarios: celiatgramos@gmail.com