/ lunes 10 de octubre de 2016

Realizan réquiem al dramaturgo Miguel de Cervantes en el Cervantino

Guanajuato.- Tras su muerte, el eximio dramaturgo, soldado, poeta y novelista español Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 1547-Madrid, 1616) no tuvo un servicio funerario de acuerdo con su grandeza. Ese funeral de Estado que toda la humanidad le debía fue pagado la víspera por el 44 Festival Internacional Cervantino (FIC).

El réquiem y procesión fúnebre contó con el apoyo del musicólogo Albert Recasens, director y fundador de La Grande Chapelle, quien guió a ese ensamble de música antigua y el conjunto coral Schola Antiqua para que ejecutaran un réquiem recreado con música, instrumentos y vestimentas similares a los usados en la época que tocó vivir a Cervantes.

Fue la cuarta ocasión que se ejecutó ese réquiem hecho para el autor de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, quien en los albores de 1616 llevaba en su mano derecha una vela blanca y en la izquierda, que ya no pudo mover del todo después de la batalla de Lepanto, la cuerda y el hábito que eran atributos de la Orden Tercera de San Francisco.

El escritor estaba recién fallecido, pero días antes de su muerte, había profesado con los franciscanos, quienes el 23 de abril de 1616 llevaron su cuerpo al monasterio de las Monjas Trinitarias de Madrid, donde se celebró una misa para difuntos.

[caption id="attachment_495331" align="aligncenter" width="615"] Foto: Festival Internacional Cervantino México / Facebook[/caption]

Hasta hace poco nada se sabía de la música que se tocó durante el oficio fúnebre, explicó Recasens.

Tampoco se sabe si hubo sólo instrumentos o también voz, o qué ensamble participó en la liturgia. Hay una gran incógnita sobre el ambiente sonoro de la muerte de Cervantes, que el musicólogo se propuso disipar con una estrategia de sólida base histórica, y junto con su ensamble, La Grande Chapelle, grabó en el 2005 el “Réquiem para Cervantes”.

Fue un homenaje sonoro para el dramaturgo a 400 años de su muerte. Primero hubo una procesión fúnebre que partió del Museo Iconográfico del Quijote, hizo una parada en la Tumba del Quijote y llegó a la magna construcción que domina la Plaza de la Paz. La Grande Chapelle da nueva lectura al repertorio musical español, del siglo XVI al XVIII.

Sus dos objetivos, explorar la relación entre música y literatura de los Siglos de Oro y recuperar la producción de los más destacados compositores españoles del Renacimiento y el Barroco. A su labor en la investigación y recuperación del patrimonio musical hispano se suman algunos encargos realizados, comisiones que le han dado prestigio.

[caption id="attachment_495334" align="aligncenter" width="615"] Foto: Festival Internacional Cervantino México / Facebook[/caption]

El grupo coral que acompañó a La Grande Chapelle, Schola Antiqua, se dedica desde su fundación en 1984 al estudio, investigación e interpretación de la música antigua, en especial del canto gregoriano. Su director es Juan Carlos Asencio, quien participó con Recasens en la investigación y construcción del réquiem con que se conmemora a Cervantes.

“Réquiem para Cervantes” es un programa integrado por obras de compositores activos en el momento en que Cervantes falleció, como Mateo Romero (1575-1647), nacido en Lieja, Flandes, quien fue maestro de capilla de los reyes españoles y creador sin publicar nada en vida, pero cuyas obras permearon por toda la Península ibérica y por América.

La pieza central del réquiem es la “Missa pro Defunctis” a ocho voces, de Romero, obra polifónica a dos coros, cuya única copia está en la catedral de Burgos, España, y que fue muy interpretada a principios del siglo XVII.

El programa avanzó con responsorios de los maitines para oficio de difuntos, de Romero y de Ruimonte, que se cantaban durante las absoluciones.

Se entonó el salmo “De profundis”, que los clérigos recitaban mientras se dirigían a la sepultura del difunto. La obra culminó con un canto sobre el texto “Tota pulchra es Maria”, de Sebastián López de Velasco. Los cantos que integran el réquiem se inscriben en la noción esperanzadora de la vida eterna propia del catolicismo.

No obstante, sigue siendo una incógnita cuál fue la música que en realidad se interpretó durante el funeral del más grande escritor en lengua hispana. Lo cierto es que desde que se estrenó en 2005, esta fue la cuarta vez que se interpretó ese réquiem que recrea los funerales de Don Miguel de Cervantes Saavedra.

/afa

Guanajuato.- Tras su muerte, el eximio dramaturgo, soldado, poeta y novelista español Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 1547-Madrid, 1616) no tuvo un servicio funerario de acuerdo con su grandeza. Ese funeral de Estado que toda la humanidad le debía fue pagado la víspera por el 44 Festival Internacional Cervantino (FIC).

El réquiem y procesión fúnebre contó con el apoyo del musicólogo Albert Recasens, director y fundador de La Grande Chapelle, quien guió a ese ensamble de música antigua y el conjunto coral Schola Antiqua para que ejecutaran un réquiem recreado con música, instrumentos y vestimentas similares a los usados en la época que tocó vivir a Cervantes.

Fue la cuarta ocasión que se ejecutó ese réquiem hecho para el autor de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, quien en los albores de 1616 llevaba en su mano derecha una vela blanca y en la izquierda, que ya no pudo mover del todo después de la batalla de Lepanto, la cuerda y el hábito que eran atributos de la Orden Tercera de San Francisco.

El escritor estaba recién fallecido, pero días antes de su muerte, había profesado con los franciscanos, quienes el 23 de abril de 1616 llevaron su cuerpo al monasterio de las Monjas Trinitarias de Madrid, donde se celebró una misa para difuntos.

[caption id="attachment_495331" align="aligncenter" width="615"] Foto: Festival Internacional Cervantino México / Facebook[/caption]

Hasta hace poco nada se sabía de la música que se tocó durante el oficio fúnebre, explicó Recasens.

Tampoco se sabe si hubo sólo instrumentos o también voz, o qué ensamble participó en la liturgia. Hay una gran incógnita sobre el ambiente sonoro de la muerte de Cervantes, que el musicólogo se propuso disipar con una estrategia de sólida base histórica, y junto con su ensamble, La Grande Chapelle, grabó en el 2005 el “Réquiem para Cervantes”.

Fue un homenaje sonoro para el dramaturgo a 400 años de su muerte. Primero hubo una procesión fúnebre que partió del Museo Iconográfico del Quijote, hizo una parada en la Tumba del Quijote y llegó a la magna construcción que domina la Plaza de la Paz. La Grande Chapelle da nueva lectura al repertorio musical español, del siglo XVI al XVIII.

Sus dos objetivos, explorar la relación entre música y literatura de los Siglos de Oro y recuperar la producción de los más destacados compositores españoles del Renacimiento y el Barroco. A su labor en la investigación y recuperación del patrimonio musical hispano se suman algunos encargos realizados, comisiones que le han dado prestigio.

[caption id="attachment_495334" align="aligncenter" width="615"] Foto: Festival Internacional Cervantino México / Facebook[/caption]

El grupo coral que acompañó a La Grande Chapelle, Schola Antiqua, se dedica desde su fundación en 1984 al estudio, investigación e interpretación de la música antigua, en especial del canto gregoriano. Su director es Juan Carlos Asencio, quien participó con Recasens en la investigación y construcción del réquiem con que se conmemora a Cervantes.

“Réquiem para Cervantes” es un programa integrado por obras de compositores activos en el momento en que Cervantes falleció, como Mateo Romero (1575-1647), nacido en Lieja, Flandes, quien fue maestro de capilla de los reyes españoles y creador sin publicar nada en vida, pero cuyas obras permearon por toda la Península ibérica y por América.

La pieza central del réquiem es la “Missa pro Defunctis” a ocho voces, de Romero, obra polifónica a dos coros, cuya única copia está en la catedral de Burgos, España, y que fue muy interpretada a principios del siglo XVII.

El programa avanzó con responsorios de los maitines para oficio de difuntos, de Romero y de Ruimonte, que se cantaban durante las absoluciones.

Se entonó el salmo “De profundis”, que los clérigos recitaban mientras se dirigían a la sepultura del difunto. La obra culminó con un canto sobre el texto “Tota pulchra es Maria”, de Sebastián López de Velasco. Los cantos que integran el réquiem se inscriben en la noción esperanzadora de la vida eterna propia del catolicismo.

No obstante, sigue siendo una incógnita cuál fue la música que en realidad se interpretó durante el funeral del más grande escritor en lengua hispana. Lo cierto es que desde que se estrenó en 2005, esta fue la cuarta vez que se interpretó ese réquiem que recrea los funerales de Don Miguel de Cervantes Saavedra.

/afa