/ sábado 9 de abril de 2016

Santo Domingo, belleza barroca

La penumbra en la que está la iglesia de Santo Domingo provoca que no sea apreciada en todo su esplendor, pero representa una verdadera joya del barroco mexicano, cuyo trazado fue del maestro Pedro Arrieta.

El templo formó parte del convento del mismo nombre, el cual se ubica en el cruce la calle de Brasil y Belisario Domínguez, en el Centro Histórico, conocida anteriormente como calle de la Cerca de Santo Domingo.

El folleto que narra la historia del actual inmueble, el cual fue construido en el siglo XVI, indica que ahí se venera a San Martín de Porres y que el arquitecto mexicano, Manuel Tolsá, fue quien construyó el retablo principal de la iglesia.

Aledaño al edificio se localiza la Antigua Escuela de Medicina, la cual anteriormente fue sede de la pavorosa Santa Inquisición de la Nueva España y sobre sus paredes están trazados los instrumentos de tortura usados en ese sitio para castigar a herejes, brujos y judaizantes.

Al igual que otros edificios de la Ciudad de México, lo que se puede observar de la iglesia de Santo Domingo es apenas una parte de todo lo que fue en algún día, pues a raíz de la aplicación de las Leyes de Reforma, Convento y templo fue desocupado por la orden de los dominicos y demolidas el monasterio y otras capillas del conjunto conventual.

Su fachada es de estilo barroco, en ella aparecen esculturas de los santos Agustín y Francisco de Asís.

El retablo principal fue obra del arquitecto Manuel Tolsa, quien lo diseño en dos cuerpos con 18 columnas, adornado por dos oleos, varias esculturas con medallones dorados y lienzos en los cuales se cuenta parte de la vida de la Virgen María.

El Cristo que preside ese altar constituye la imagen más antigua del templo, ya que data del siglo XVI y fue elaborado con pasta de caña de maíz y se le llama El Cristo del Noviciado, que según la leyenda fue donado por los ángeles. Finalmente, en una de las capillas laterales del templo está la imagen de El Cristo del Rebozo, cuyas paredes tienen cientos de piezas de esa prenda de vestir muy mexicana.

FOTOS: FERNANDO LÓPEZ

/arm

La penumbra en la que está la iglesia de Santo Domingo provoca que no sea apreciada en todo su esplendor, pero representa una verdadera joya del barroco mexicano, cuyo trazado fue del maestro Pedro Arrieta.

El templo formó parte del convento del mismo nombre, el cual se ubica en el cruce la calle de Brasil y Belisario Domínguez, en el Centro Histórico, conocida anteriormente como calle de la Cerca de Santo Domingo.

El folleto que narra la historia del actual inmueble, el cual fue construido en el siglo XVI, indica que ahí se venera a San Martín de Porres y que el arquitecto mexicano, Manuel Tolsá, fue quien construyó el retablo principal de la iglesia.

Aledaño al edificio se localiza la Antigua Escuela de Medicina, la cual anteriormente fue sede de la pavorosa Santa Inquisición de la Nueva España y sobre sus paredes están trazados los instrumentos de tortura usados en ese sitio para castigar a herejes, brujos y judaizantes.

Al igual que otros edificios de la Ciudad de México, lo que se puede observar de la iglesia de Santo Domingo es apenas una parte de todo lo que fue en algún día, pues a raíz de la aplicación de las Leyes de Reforma, Convento y templo fue desocupado por la orden de los dominicos y demolidas el monasterio y otras capillas del conjunto conventual.

Su fachada es de estilo barroco, en ella aparecen esculturas de los santos Agustín y Francisco de Asís.

El retablo principal fue obra del arquitecto Manuel Tolsa, quien lo diseño en dos cuerpos con 18 columnas, adornado por dos oleos, varias esculturas con medallones dorados y lienzos en los cuales se cuenta parte de la vida de la Virgen María.

El Cristo que preside ese altar constituye la imagen más antigua del templo, ya que data del siglo XVI y fue elaborado con pasta de caña de maíz y se le llama El Cristo del Noviciado, que según la leyenda fue donado por los ángeles. Finalmente, en una de las capillas laterales del templo está la imagen de El Cristo del Rebozo, cuyas paredes tienen cientos de piezas de esa prenda de vestir muy mexicana.

FOTOS: FERNANDO LÓPEZ

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