/ martes 12 de enero de 2016

Siguen la huella de creadores de órganos históricos

Labúsqueda de las familias que durante los siglos XVIII y XIX sededicaron a la producción de órganos tubulares para abastecer lademanda de las iglesias que se establecían en el territorionacional, ha sido una ardua tarea a la que se han dedicado diversosespecialistas, cuya investigación arrojó como primeros resultadosel hallazgo de las dinastías Castro, en la región deTlaxcala-Puebla, y Martínez Vasconcelos, en los valles deOaxaca.

Estas dos familias prácticamentemonopolizaron la producción de órganos en esas regiones, como lodemuestran las evidencias aún existentes en templos de Oaxaca,Tlaxcala y Puebla, expresaron José Luis Acevedo, Gustavo Mauleóny Ricardo Rodys, quienes hicieron referencia al trabajo de estasdinastías en el marco del III Coloquio de Conservación deÓrganos Tubulares que se realizó en días pasados, organizado porla Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural(CNCPC) y la Escuela Nacional de Conservación, Restauración yMuseografía (ENCRyM).

Con el paso del tiempo, losinstrumentos españoles fueron insuficientes para cubrir lasnecesidades de los templos y catedrales que se construyeron a lolargo y ancho del país, por lo que familias enteras se dedicaron asu compostura y fabricación.

El musicólogo Gustavo Mauleónseñaló que dentro de la familia Castro sobresalieron losorganeros José Luciano, Seferino Agustín, Miguel Gregorio,Roberto y Ponciano Castro, quienes durante los siglos XVIII y XIXdesarrollaron su actividad constructiva.

Los primeros datos que se tienende la dinastía es que fundaron su primer taller en 1738 en lacalle de Astomba 17, en la ciudad de Puebla, el cual logrómantenerse hasta finales del siglo XIX. Durante ese tiempo losCastro se encargaron de elaborar y restaurar órganos en la regiónde Puebla y Tlaxcala, y también en otros Estados de la República,como Oaxaca, donde se tiene evidencia de instrumentos fabricadospor ellos.

Aún se conserva una cantidadimportante de instrumentos en relativo buen estado deconservación, como el elaborado por Luciano Castro para la Capillade la Tercera Orden en Cholula, Puebla; también se ha identificadoun mayor número de órganos firmados por Seferino Castro, entrelos que se encuentran el del convento de San Gabriel, también enCholula, y el órgano de Santa Inés, en Zacatelco, Tlaxcala, elcual es objeto de su estudio.

Para su investigación, GustavoMauleón ha consultado documentos de los archivos de notarías deTlaxcala y del Archivo General de Nación, que dan cuenta de que elórgano de Zacatelco se instaló entre febrero y agosto de 1837 ycostó dos mil pesos. José Luis Acevedo, organero independiente,señaló que una característica de los instrumentos de SeferinoCastro fueron los castillos redondos. Este tipo de órganos fueronusados mucho en el siglo XVII, pero después quedaron en desuso,hasta que el maestro Castro los retomó.

Otro aporte de Seferino Castrofue la construcción de un teclado con 53 teclas, como el delSantuario de Ocotlán (1845), cuando normalmente eran de 54 notas omás. “No sabemos por qué disminuyó las notas, si musicalmentesiempre se requieren más; sin duda fue un maestro organerosingular que tuvo una altísima producción”.

Ricardo Rodys, organista einvestigador del Instituto de Órganos Históricos de Oaxaca(IOHIO), se refirió a los Martínez, familia de tres generacionesde organistas y organeros ligados a la Catedral de Oaxaca, asícomo a las comunidades de Santa María Tlacolula, San Juan Teitipacy San Dionisio Ocotepec.

Los ancestros de la dinastíaaparecen en los registros de la Catedral de Oaxaca en el sigloXVII. Entre ellos había pintores, tejedores, candeleros, pero nomúsicos. La historia cambió en 1739, cuando el sastre AntonioMartínez se casó con Narcisa Antonia Vasconcelos y engendraronmás de 10 hijos; cuatro de ellos aprendieron música y, con elpaso del tiempo, se transformaron en reconocidos organistas delValle de Oaxaca. El hijo más grande, Mariano Santiago Martínez,fue violinista en el conjunto cardenalista de Oaxaca y su hermano,Juan Martínez Vasconcelos, se mudó a los valles de Oaxaca, dondese casó y tuvo cinco hijos, quienes nacieron en Tlacolula, SanDionisio Ocotepec y San Juan Teitipac. Por los lugares denacimiento de sus hijos, se puede inferir que Juan Martínez fueorganista de los pueblos de Santa María Tlacolula y tal vezTlacochahuaya.

Uno de sus hijos, Juan Domingo,se casó con Mariana Flores y tuvieron 12 hijos, de los cuales seisfueron organistas u organeros. En 1826 reparó el órgano chico dela Catedral de Oaxaca y en 1840 construyó el órgano grande deTamazulapan.

Esta generación de organerosconcluyó con sor María Clara del Santísimo Sacramento, hija deJosé Nicolás Martínez. Al morir, en 1861, dejó como testamentoun cuaderno con música para órgano que, al parecer, pudo serescrita por su abuelo Juan Martínez y su tío José Domingo,señaló Rodys.

FOTOS: TOMADAS DEL LIBRO "ORGANOS HISTÓRICOS DEOAXACA"

/arm

Labúsqueda de las familias que durante los siglos XVIII y XIX sededicaron a la producción de órganos tubulares para abastecer lademanda de las iglesias que se establecían en el territorionacional, ha sido una ardua tarea a la que se han dedicado diversosespecialistas, cuya investigación arrojó como primeros resultadosel hallazgo de las dinastías Castro, en la región deTlaxcala-Puebla, y Martínez Vasconcelos, en los valles deOaxaca.

Estas dos familias prácticamentemonopolizaron la producción de órganos en esas regiones, como lodemuestran las evidencias aún existentes en templos de Oaxaca,Tlaxcala y Puebla, expresaron José Luis Acevedo, Gustavo Mauleóny Ricardo Rodys, quienes hicieron referencia al trabajo de estasdinastías en el marco del III Coloquio de Conservación deÓrganos Tubulares que se realizó en días pasados, organizado porla Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural(CNCPC) y la Escuela Nacional de Conservación, Restauración yMuseografía (ENCRyM).

Con el paso del tiempo, losinstrumentos españoles fueron insuficientes para cubrir lasnecesidades de los templos y catedrales que se construyeron a lolargo y ancho del país, por lo que familias enteras se dedicaron asu compostura y fabricación.

El musicólogo Gustavo Mauleónseñaló que dentro de la familia Castro sobresalieron losorganeros José Luciano, Seferino Agustín, Miguel Gregorio,Roberto y Ponciano Castro, quienes durante los siglos XVIII y XIXdesarrollaron su actividad constructiva.

Los primeros datos que se tienende la dinastía es que fundaron su primer taller en 1738 en lacalle de Astomba 17, en la ciudad de Puebla, el cual logrómantenerse hasta finales del siglo XIX. Durante ese tiempo losCastro se encargaron de elaborar y restaurar órganos en la regiónde Puebla y Tlaxcala, y también en otros Estados de la República,como Oaxaca, donde se tiene evidencia de instrumentos fabricadospor ellos.

Aún se conserva una cantidadimportante de instrumentos en relativo buen estado deconservación, como el elaborado por Luciano Castro para la Capillade la Tercera Orden en Cholula, Puebla; también se ha identificadoun mayor número de órganos firmados por Seferino Castro, entrelos que se encuentran el del convento de San Gabriel, también enCholula, y el órgano de Santa Inés, en Zacatelco, Tlaxcala, elcual es objeto de su estudio.

Para su investigación, GustavoMauleón ha consultado documentos de los archivos de notarías deTlaxcala y del Archivo General de Nación, que dan cuenta de que elórgano de Zacatelco se instaló entre febrero y agosto de 1837 ycostó dos mil pesos. José Luis Acevedo, organero independiente,señaló que una característica de los instrumentos de SeferinoCastro fueron los castillos redondos. Este tipo de órganos fueronusados mucho en el siglo XVII, pero después quedaron en desuso,hasta que el maestro Castro los retomó.

Otro aporte de Seferino Castrofue la construcción de un teclado con 53 teclas, como el delSantuario de Ocotlán (1845), cuando normalmente eran de 54 notas omás. “No sabemos por qué disminuyó las notas, si musicalmentesiempre se requieren más; sin duda fue un maestro organerosingular que tuvo una altísima producción”.

Ricardo Rodys, organista einvestigador del Instituto de Órganos Históricos de Oaxaca(IOHIO), se refirió a los Martínez, familia de tres generacionesde organistas y organeros ligados a la Catedral de Oaxaca, asícomo a las comunidades de Santa María Tlacolula, San Juan Teitipacy San Dionisio Ocotepec.

Los ancestros de la dinastíaaparecen en los registros de la Catedral de Oaxaca en el sigloXVII. Entre ellos había pintores, tejedores, candeleros, pero nomúsicos. La historia cambió en 1739, cuando el sastre AntonioMartínez se casó con Narcisa Antonia Vasconcelos y engendraronmás de 10 hijos; cuatro de ellos aprendieron música y, con elpaso del tiempo, se transformaron en reconocidos organistas delValle de Oaxaca. El hijo más grande, Mariano Santiago Martínez,fue violinista en el conjunto cardenalista de Oaxaca y su hermano,Juan Martínez Vasconcelos, se mudó a los valles de Oaxaca, dondese casó y tuvo cinco hijos, quienes nacieron en Tlacolula, SanDionisio Ocotepec y San Juan Teitipac. Por los lugares denacimiento de sus hijos, se puede inferir que Juan Martínez fueorganista de los pueblos de Santa María Tlacolula y tal vezTlacochahuaya.

Uno de sus hijos, Juan Domingo,se casó con Mariana Flores y tuvieron 12 hijos, de los cuales seisfueron organistas u organeros. En 1826 reparó el órgano chico dela Catedral de Oaxaca y en 1840 construyó el órgano grande deTamazulapan.

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