/ domingo 3 de abril de 2016

Un paraíso en sus manos... La magia de crear

POR María Esther Zamora | El Sol de México

En un cerrar y abrir de los abanicos de mis ojos, ya estaba en una extravagante y austera Capilla. Pero el camino ya estaba salvaguardado aquel día que conocí a la escultora Clelia Ríos; causal de ello, descubrir lo que pude tocar, fantástico fue el resultado, pues logró que mi imaginación volara cual paloma,  para después posarme al lado de ella, admirando cada pieza de su obra.

Mientras ella me muestra, se muestra a la luz de la tarde, de lo que está constituida su obra, revelando el compromiso que siente con el arte que es crear lo que en una escultura o pintura manifieste vida, lo cual comparte con las personas que conocen su trabajo. Cualidad que sin poder ser de otra manera, en esta ocasión yo soy la afortunada,  describe a la explicación, lo que logra que sus manos, por amor, con amor, que dan forma a su melancolía. Encarnación divina plasmada en una parte de su concepción: Las Llaves del Tiempo.

Clelia Ríos no se apresura al tiempo, al contrario, le seduce, tiene con ella un manojo de llaves que saco del baúl, y puede elegir una, dos o tres, o por qué no, las que quiera. Siendo así, abre una puerta, hay vida en lo que me muestra: Es un río en una pequeña pila bautismal. Desde la condición que ha determinado las circunstancias históricas de la mayoría de las mujeres, la artista define, dando forma a una de las costumbres con burros de planchar, nombrando al conjunto creador de cambio: El amor no anda en burro. 

Pero la maestra no se queda ahí, abre otra puerta donde está plasmada la percepción y subjetividad de mujer; sí, una mujer de carne y huesos y piel que sufre, pero que también se llena de placer al pintar en sus labios una sonrisa picaresca  que provoca  su  ser expuesto en un busto robusto ceñido por un corsé, que en lo personal, contuvo mi respiración, que expió mis culpas.

Así es Clelia Ríos, no solo la artista plástica, sino que trae con ella a la mujer. Es por eso que su obra es de vida, la cual vive, la  viste, la desnuda, se dedica, dando acceso a la religión, a las costumbres, al placer. 

Voluntad de desarrollo es la maestra Clelia, que en esta ocasión sus pasos en son de pausado eco,  se escuchan al abrir las puertas de Casa Tabasco, sede donde expone su Obra de Arte del 1 al 30 de abril.

Su voz en tonos azulados y rojos y gris al que bien incorpora el blanco perfecto para que su narración seduzca a la calidez impetuosa de continuar mirando y apreciando y tocando, y por qué no, también  sentir la inquietud de querer descifrar en la vid de su creación su próximo sueño a realizar. 

/arm

POR María Esther Zamora | El Sol de México

En un cerrar y abrir de los abanicos de mis ojos, ya estaba en una extravagante y austera Capilla. Pero el camino ya estaba salvaguardado aquel día que conocí a la escultora Clelia Ríos; causal de ello, descubrir lo que pude tocar, fantástico fue el resultado, pues logró que mi imaginación volara cual paloma,  para después posarme al lado de ella, admirando cada pieza de su obra.

Mientras ella me muestra, se muestra a la luz de la tarde, de lo que está constituida su obra, revelando el compromiso que siente con el arte que es crear lo que en una escultura o pintura manifieste vida, lo cual comparte con las personas que conocen su trabajo. Cualidad que sin poder ser de otra manera, en esta ocasión yo soy la afortunada,  describe a la explicación, lo que logra que sus manos, por amor, con amor, que dan forma a su melancolía. Encarnación divina plasmada en una parte de su concepción: Las Llaves del Tiempo.

Clelia Ríos no se apresura al tiempo, al contrario, le seduce, tiene con ella un manojo de llaves que saco del baúl, y puede elegir una, dos o tres, o por qué no, las que quiera. Siendo así, abre una puerta, hay vida en lo que me muestra: Es un río en una pequeña pila bautismal. Desde la condición que ha determinado las circunstancias históricas de la mayoría de las mujeres, la artista define, dando forma a una de las costumbres con burros de planchar, nombrando al conjunto creador de cambio: El amor no anda en burro. 

Pero la maestra no se queda ahí, abre otra puerta donde está plasmada la percepción y subjetividad de mujer; sí, una mujer de carne y huesos y piel que sufre, pero que también se llena de placer al pintar en sus labios una sonrisa picaresca  que provoca  su  ser expuesto en un busto robusto ceñido por un corsé, que en lo personal, contuvo mi respiración, que expió mis culpas.

Así es Clelia Ríos, no solo la artista plástica, sino que trae con ella a la mujer. Es por eso que su obra es de vida, la cual vive, la  viste, la desnuda, se dedica, dando acceso a la religión, a las costumbres, al placer. 

Voluntad de desarrollo es la maestra Clelia, que en esta ocasión sus pasos en son de pausado eco,  se escuchan al abrir las puertas de Casa Tabasco, sede donde expone su Obra de Arte del 1 al 30 de abril.

Su voz en tonos azulados y rojos y gris al que bien incorpora el blanco perfecto para que su narración seduzca a la calidez impetuosa de continuar mirando y apreciando y tocando, y por qué no, también  sentir la inquietud de querer descifrar en la vid de su creación su próximo sueño a realizar. 

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