/ viernes 8 de septiembre de 2023

Amy Winehouse: La estrella que sólo quería cantar jazz

Hace 40 años nació la artista de vida tumultuosa que llenó estadios y tuvo legiones de seguidores, antes de su fatal deceso a los 27 años de edad

Hace 40 años nació en Londres la cantante Amy Winehouse, una artista de vida tumultuosa y muerte temprana, que al principio sólo buscaba convertirse en cantante de jazz y actuar en pequeños clubes, donde su inconfundible voz destacara entre las mesas apenas iluminadas, las conversaciones a media voz y el humo espeso del tabaco.

Winehouse nació el 15 de septiembre de 1983 y creció en un suburbio de clase media baja de la capital británica. Su infancia estuvo marcada por la ausencia de su padre, un taxista y cantante de jazz que se divorció de su madre cuando la futura artista contaba nueve años.

De personalidad rebelde, Amy abandonó pronto los estudios para dedicarse a la música. Tras cantar en una banda de jazz y formar un dúo de rap, grabó, a los 20 años de edad su primer disco, Frank (2003).

Después llegaría su consagración con su segundo y último LP Back in Black (2006), que vendió millones de copias y que la hizo acreedora a cinco premios Grammy.

Estilo inconfundible

Su voz grave, pero llena de musicalidad, encajaba en una estética retro de vestidos cortos y estampados atrevidos. Una imagen coronada por enormes peinados, conocidos como 'beehive', marca de la casa de grupos como The Ronnettes.

Musicalmente, combinó la energía y exuberancia de los grupos femeninos de la Motown con la actitud y elegancia de "crooners" como Tonny Bennett y la sofisticación de grandes divas del jazz como Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan o la malograda Billie Hollyday.

Aunque su música no fue innovadora, la mezcla resultó original para las audiencias jóvenes y sorprendió por su calidad y fuerza a oyentes más veteranos y avezados en los sonidos del R&B, del soul o del jazz.


El precio de la fama

En algunas de sus declaraciones aseguraba que lo que realmente quería era ser madre. Una idea que contrasta con la imagen pública que llegaba a través de los medios, en donde drogas, alcohol, desórdenes alimenticios y relaciones sentimentales tóxicas hicieron correr ríos de tinta y alimentaron el morbo de los lectores de la prensa amarilla.

Acosada por sus adicciones y los flashes de los fotógrafos que retrataron de manera inmisericorde sus momentos más bajos, su vida se convirtió en un infierno. Una huida hacia adelante que tiene su mejor expresión en la letra de una de sus canciones más famosas, "Rehab", en la que se niega a rehabilitarse y a curar su alcoholismo.

Vive deprisa y deja un bello cadáver

Finalmente, la artista sucumbió en julio de 2011 a los fantasmas que la perseguían. Su último concierto en Belgrado, Serbia, un mes antes de su muerte, fue recibido con abucheos de la audiencia, molesta por su aparente ebriedad y su baja forma vocal.

Una actuación que ha quedado como el canto de cisne de una intérprete excepcional, quien pagó el precio de una fama que le llegó sin libro de instrucciones.

Su legado

A pesar de su corta vida, el legado de la artista no ha dejado de crecer. En algunas ocasiones se trata de un instrumento de lucro. Es el caso de los discos comercializados después de su muerte, con sesiones de estudio que, según los críticos, jamás hubiesen pasado el filtro de una artista tan exigente como ella.

Hasta hoy, su trayectoria ha sido llevada al cine en tres documentales. El primero, titulado Amy, dirigido en 2015 por el británico Asif Kapadia, ganó el Óscar al mejor documental. La película muestra material inédito anterior a convertirse en una gran estrella, y deja en mal lugar a su padre, que supuestamente habría utilizado a su hija para alcanzar sus intereses personales.


Por el décimo aniversario de su muerte, la televisión pública británica BBC presentó en 2021 Reclaiming Amy, la película donde aparece su madre, Janis Winehouse-Collins, que reivindica una imagen de su hija muy alejada de la artista atormentada y autodestructiva mostrada por la prensa.

El tercer documental es Winehouse & Me: Dionne's Story, estrenado en 2021 por la cadena musical MTV, y cuenta la relación de la artista con su ahijada Dionne Bromfield, la persona que, de algún modo, llenó el hueco que la falta de su deseada maternidad provocó en la cantante.


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Por su parte Hollywood, siempre ávido por explotar las biografías de personajes complejos, ha anunciado el próximo rodaje de Back to Black, película que protagonizará Marisa Abela a las órdenes de Sam Taylor-Johnson.


Hace 40 años nació en Londres la cantante Amy Winehouse, una artista de vida tumultuosa y muerte temprana, que al principio sólo buscaba convertirse en cantante de jazz y actuar en pequeños clubes, donde su inconfundible voz destacara entre las mesas apenas iluminadas, las conversaciones a media voz y el humo espeso del tabaco.

Winehouse nació el 15 de septiembre de 1983 y creció en un suburbio de clase media baja de la capital británica. Su infancia estuvo marcada por la ausencia de su padre, un taxista y cantante de jazz que se divorció de su madre cuando la futura artista contaba nueve años.

De personalidad rebelde, Amy abandonó pronto los estudios para dedicarse a la música. Tras cantar en una banda de jazz y formar un dúo de rap, grabó, a los 20 años de edad su primer disco, Frank (2003).

Después llegaría su consagración con su segundo y último LP Back in Black (2006), que vendió millones de copias y que la hizo acreedora a cinco premios Grammy.

Estilo inconfundible

Su voz grave, pero llena de musicalidad, encajaba en una estética retro de vestidos cortos y estampados atrevidos. Una imagen coronada por enormes peinados, conocidos como 'beehive', marca de la casa de grupos como The Ronnettes.

Musicalmente, combinó la energía y exuberancia de los grupos femeninos de la Motown con la actitud y elegancia de "crooners" como Tonny Bennett y la sofisticación de grandes divas del jazz como Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan o la malograda Billie Hollyday.

Aunque su música no fue innovadora, la mezcla resultó original para las audiencias jóvenes y sorprendió por su calidad y fuerza a oyentes más veteranos y avezados en los sonidos del R&B, del soul o del jazz.


El precio de la fama

En algunas de sus declaraciones aseguraba que lo que realmente quería era ser madre. Una idea que contrasta con la imagen pública que llegaba a través de los medios, en donde drogas, alcohol, desórdenes alimenticios y relaciones sentimentales tóxicas hicieron correr ríos de tinta y alimentaron el morbo de los lectores de la prensa amarilla.

Acosada por sus adicciones y los flashes de los fotógrafos que retrataron de manera inmisericorde sus momentos más bajos, su vida se convirtió en un infierno. Una huida hacia adelante que tiene su mejor expresión en la letra de una de sus canciones más famosas, "Rehab", en la que se niega a rehabilitarse y a curar su alcoholismo.

Vive deprisa y deja un bello cadáver

Finalmente, la artista sucumbió en julio de 2011 a los fantasmas que la perseguían. Su último concierto en Belgrado, Serbia, un mes antes de su muerte, fue recibido con abucheos de la audiencia, molesta por su aparente ebriedad y su baja forma vocal.

Una actuación que ha quedado como el canto de cisne de una intérprete excepcional, quien pagó el precio de una fama que le llegó sin libro de instrucciones.

Su legado

A pesar de su corta vida, el legado de la artista no ha dejado de crecer. En algunas ocasiones se trata de un instrumento de lucro. Es el caso de los discos comercializados después de su muerte, con sesiones de estudio que, según los críticos, jamás hubiesen pasado el filtro de una artista tan exigente como ella.

Hasta hoy, su trayectoria ha sido llevada al cine en tres documentales. El primero, titulado Amy, dirigido en 2015 por el británico Asif Kapadia, ganó el Óscar al mejor documental. La película muestra material inédito anterior a convertirse en una gran estrella, y deja en mal lugar a su padre, que supuestamente habría utilizado a su hija para alcanzar sus intereses personales.


Por el décimo aniversario de su muerte, la televisión pública británica BBC presentó en 2021 Reclaiming Amy, la película donde aparece su madre, Janis Winehouse-Collins, que reivindica una imagen de su hija muy alejada de la artista atormentada y autodestructiva mostrada por la prensa.

El tercer documental es Winehouse & Me: Dionne's Story, estrenado en 2021 por la cadena musical MTV, y cuenta la relación de la artista con su ahijada Dionne Bromfield, la persona que, de algún modo, llenó el hueco que la falta de su deseada maternidad provocó en la cantante.


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Por su parte Hollywood, siempre ávido por explotar las biografías de personajes complejos, ha anunciado el próximo rodaje de Back to Black, película que protagonizará Marisa Abela a las órdenes de Sam Taylor-Johnson.


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