/ domingo 2 de abril de 2017

Los colores de Maurice Estève llegan a la TEFAF 2017

ÁMSTERDAM, Holanda. (OEM-Informex).- Su padre quemó sus primeras pinturas en un intento por frenar esas “tonterías”. Pero la vocación de este joven francés, nacido en 1904 en Culan, un pequeño pueblo en el corazón de Francia, superó esa prueba y finalmente le comprobó a su progenitor que, siguiendo los llamados de su corazón, podía llegar muy lejos.

Tanto que 18 de sus trabajos (que abarcan de 1939 a 1988) se pusieron a la venta en TEFAF, la Feria Europea de Bellas Artes, la más importante del mundo, en el stand de la galería francesa David Lévy & Associés. Debo reconocer que el mío fue amor a primera vista. Mientras preparaba mi visita a la feria encontré la Acuarela 1063-A y supe que tenía que conocer más sobre este artista. Su trabajo es abstracto; sus colores son cálidos y alegres; sus formas son suaves. Cuando llegué al stand y me encontré rodeada de sus óleos, collages y guaches, carboncillos y acuarelas sentí que, aunque nunca antes había visto su obra, Maurice Estève formaba parte ya de mis pintores favoritos.

Acuarela 1063-A, 1972. Foto: Cortesía David Lévy & Associés

Su vida

El campo y sus abuelos fueron sus compañeros de infancia, ya que sus padres vivían en París, donde él trabajaba como zapatero y ella como diseñadora de modas.

Maurice los visitaba en la capital durante sus vacaciones escolares. Nada parecía presagiar que su estancia de 1913 marcaría un antes y un después en su vida. Fue al museo del Louvre y encontró el que sería su camino: la pintura. La atracción fue irresistible y tan poderosa que lo ayudó a superar todos los obstáculos que se le pusieron enfrente, entre otros que en su pueblo no había quien lo enseñara a pintar.

Sin formación artística, autodidacta, fue probando diferentes técnicas mientras estaba alejado de los avatares de la Primera Guerra Mundial.

Cuando ésta terminó se mudó a París, donde su padre le consiguió trabajo como aprendiz de tipografía y, posteriormente, en un taller donde diseñaban y fabricaban muebles. Él los combinó con cursos de dibujo en las tardes y largas visitas al Louvre donde descubrió la obra de Paul Cézanne (1839-1906), a quien consideró un gran maestro. La oposición tan fuerte de su padre a su vocación, porque “de pintor te vas a morir de hambre”, lo llevó en 1923 a aceptar un trabajo en un taller de diseño de tapices en Barcelona, pero un año después ya estaba de vuelta en Francia y en el Louvre. A su regreso conoció a Nelly Camille Richez, quien sería su compañera durante cuatro décadas hasta que ella falleció en 1965. Maurice empezó a frecuentar los círculos artísticos de Montparnasse. En su obra se ve la influencia del surrealismo y la tendencia hacia la abstracción.

En 1929 empezó a participar en el Salon des Surindépendants y al año siguiente tuvo su primera exposición individual, sin embargo seguía batallando para llegar a fin de mes, por lo que se instaló en un estudio cuyo alquiler estaba subsidiado por el ayuntamiento parisino. Pasó ahí 8 años.

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Aunque el camino para darse a conocer fue largo, su perseverancia lo llevó al éxito. En 1937 participó en la exhibición “Pintura francesa” en Estocolmo, Suecia, junto con Matisse, Picasso, Juan Gris y Fernand Léger.

Sus trabajos tuvieron muy buena acogida en Escandinavia a tal grado que el Museo de Arte de Gotemburgo le compró una obra. Ese año también lo invitaron a presentarse en la exposición “Artistas contemporáneos” en el Petit-Palais de París, además de que colaboró con Robert y Sonia Delaunay en los murales decorativos que realizaron para la Exposición Universal. La estabilidad económica le llegó en 1942 cuando firmó un acuerdo de exclusividad con la galería Louis Carré. En esa época se calificó así su obra: “La pintura de Estève es la efusión de un alma cálida, emocional y poética. Esa es la raíz de su musicalidad…” ¿No le parece muy cierto? A partir de entonces fue invitado a colaborar en diferentes exhibiciones individuales y colectivas en museos y galerías.  En 1956 el Museo Estatal de Arte en Copenhague hizo una muestra retrospectiva de su trabajo, que posteriormente se expuso en Basilea y Düsseldorf. En 1970 recibió el Gran Premio Nacional de las Artes (Francia).

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En 1982 se casó con Monique Prudhomme, a quien conocía desde 1967. Más adelante ella escribiría tres catálogos sobre las pinturas y los collages de su marido. El 2 de julio de 1985 fue otra fecha importante en su vida. Ese día firmó los documentos para donar buena parte de su obra a la ciudad de Bourges (cercana al pueblo donde él había crecido y donde tenía un estudio): 59 óleos, 34 dibujos, 20 acuarelas, 10 collages y 2 tapetes. El 19 de diciembre de 1987 se inauguró el Museo Estève en el Hôtel des Échevins. Dos años después hizo otra donación. (Si desea hacer una visita virtual: www.ville-bourges.fr/site/musee-esteve)

Foto:

En 1995, ya con 91 años a cuestas, se mudó definitivamente a Culan, su pueblo natal, donde falleció el 27 de junio de 2001. Su obra permanece y sigue inspirando. Entre otros a mí para relatarle su historia y mostrarle algunos de sus trabajos. Y por supuesto a David Lévy (www.davidlevy.art) para promoverlos y venderlos tanto en su galería parisina como en TEFAF 2017.

Cualquier comentario relacionado con este artículo, favor de dirigirlo a mestrada@elsoldemexico.com.mx

ÁMSTERDAM, Holanda. (OEM-Informex).- Su padre quemó sus primeras pinturas en un intento por frenar esas “tonterías”. Pero la vocación de este joven francés, nacido en 1904 en Culan, un pequeño pueblo en el corazón de Francia, superó esa prueba y finalmente le comprobó a su progenitor que, siguiendo los llamados de su corazón, podía llegar muy lejos.

Tanto que 18 de sus trabajos (que abarcan de 1939 a 1988) se pusieron a la venta en TEFAF, la Feria Europea de Bellas Artes, la más importante del mundo, en el stand de la galería francesa David Lévy & Associés. Debo reconocer que el mío fue amor a primera vista. Mientras preparaba mi visita a la feria encontré la Acuarela 1063-A y supe que tenía que conocer más sobre este artista. Su trabajo es abstracto; sus colores son cálidos y alegres; sus formas son suaves. Cuando llegué al stand y me encontré rodeada de sus óleos, collages y guaches, carboncillos y acuarelas sentí que, aunque nunca antes había visto su obra, Maurice Estève formaba parte ya de mis pintores favoritos.

Acuarela 1063-A, 1972. Foto: Cortesía David Lévy & Associés

Su vida

El campo y sus abuelos fueron sus compañeros de infancia, ya que sus padres vivían en París, donde él trabajaba como zapatero y ella como diseñadora de modas.

Maurice los visitaba en la capital durante sus vacaciones escolares. Nada parecía presagiar que su estancia de 1913 marcaría un antes y un después en su vida. Fue al museo del Louvre y encontró el que sería su camino: la pintura. La atracción fue irresistible y tan poderosa que lo ayudó a superar todos los obstáculos que se le pusieron enfrente, entre otros que en su pueblo no había quien lo enseñara a pintar.

Sin formación artística, autodidacta, fue probando diferentes técnicas mientras estaba alejado de los avatares de la Primera Guerra Mundial.

Cuando ésta terminó se mudó a París, donde su padre le consiguió trabajo como aprendiz de tipografía y, posteriormente, en un taller donde diseñaban y fabricaban muebles. Él los combinó con cursos de dibujo en las tardes y largas visitas al Louvre donde descubrió la obra de Paul Cézanne (1839-1906), a quien consideró un gran maestro. La oposición tan fuerte de su padre a su vocación, porque “de pintor te vas a morir de hambre”, lo llevó en 1923 a aceptar un trabajo en un taller de diseño de tapices en Barcelona, pero un año después ya estaba de vuelta en Francia y en el Louvre. A su regreso conoció a Nelly Camille Richez, quien sería su compañera durante cuatro décadas hasta que ella falleció en 1965. Maurice empezó a frecuentar los círculos artísticos de Montparnasse. En su obra se ve la influencia del surrealismo y la tendencia hacia la abstracción.

En 1929 empezó a participar en el Salon des Surindépendants y al año siguiente tuvo su primera exposición individual, sin embargo seguía batallando para llegar a fin de mes, por lo que se instaló en un estudio cuyo alquiler estaba subsidiado por el ayuntamiento parisino. Pasó ahí 8 años.

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Aunque el camino para darse a conocer fue largo, su perseverancia lo llevó al éxito. En 1937 participó en la exhibición “Pintura francesa” en Estocolmo, Suecia, junto con Matisse, Picasso, Juan Gris y Fernand Léger.

Sus trabajos tuvieron muy buena acogida en Escandinavia a tal grado que el Museo de Arte de Gotemburgo le compró una obra. Ese año también lo invitaron a presentarse en la exposición “Artistas contemporáneos” en el Petit-Palais de París, además de que colaboró con Robert y Sonia Delaunay en los murales decorativos que realizaron para la Exposición Universal. La estabilidad económica le llegó en 1942 cuando firmó un acuerdo de exclusividad con la galería Louis Carré. En esa época se calificó así su obra: “La pintura de Estève es la efusión de un alma cálida, emocional y poética. Esa es la raíz de su musicalidad…” ¿No le parece muy cierto? A partir de entonces fue invitado a colaborar en diferentes exhibiciones individuales y colectivas en museos y galerías.  En 1956 el Museo Estatal de Arte en Copenhague hizo una muestra retrospectiva de su trabajo, que posteriormente se expuso en Basilea y Düsseldorf. En 1970 recibió el Gran Premio Nacional de las Artes (Francia).

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En 1982 se casó con Monique Prudhomme, a quien conocía desde 1967. Más adelante ella escribiría tres catálogos sobre las pinturas y los collages de su marido. El 2 de julio de 1985 fue otra fecha importante en su vida. Ese día firmó los documentos para donar buena parte de su obra a la ciudad de Bourges (cercana al pueblo donde él había crecido y donde tenía un estudio): 59 óleos, 34 dibujos, 20 acuarelas, 10 collages y 2 tapetes. El 19 de diciembre de 1987 se inauguró el Museo Estève en el Hôtel des Échevins. Dos años después hizo otra donación. (Si desea hacer una visita virtual: www.ville-bourges.fr/site/musee-esteve)

Foto:

En 1995, ya con 91 años a cuestas, se mudó definitivamente a Culan, su pueblo natal, donde falleció el 27 de junio de 2001. Su obra permanece y sigue inspirando. Entre otros a mí para relatarle su historia y mostrarle algunos de sus trabajos. Y por supuesto a David Lévy (www.davidlevy.art) para promoverlos y venderlos tanto en su galería parisina como en TEFAF 2017.

Cualquier comentario relacionado con este artículo, favor de dirigirlo a mestrada@elsoldemexico.com.mx