/ miércoles 3 de mayo de 2017

Artistas resignifican alambres de púas en accesorios de lujo

Convertir los alambres de púas de las vallas fronterizas en joyas es lo que proponen los jóvenes españoles del estudio Amarist, en una instalación con fines altruistas que se presenta hoy en la feria de arte contemporáneo Art New York.

Clara Campo y Arán Lozano son los jóvenes fundadores de este estudio de arte funcional, arraigado en Barcelona desde 2014, que aterriza en Nueva York con la idea de remover conciencias.

Ellos describen la instalación, "Welcome", como una pieza conceptual que, al igual que la colección que están desarrollando, se interesa por los conflictos socioeconómicos de la actualidad internacional.

En el centro del estand de Amarist, el espectador se encuentra con la figura de un hombre arrodillado frente a una malla de púas. Es "la imagen de lo que los refugiados se encuentran cuando llegan a la frontera", explica Clara Campo a Efe.

Como contraste, colgadas de la pared, las mismas pequeñas cuchillas que forman la malla se exponen como lujosas joyas a la venta.

Para establecer la diferencia, han pulido, bañado en oro y empaquetado las cuchillas de las vallas fronterizas en estuches de plástico con mensajes que rezan: "¿Bienvenido?" o "Hacer América segura otra vez".

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Este último mensaje alude al lema que defendió el ahora presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante la pasada campaña electoral ("Hagamos Estados Unidos grande otra vez").

La pretensión es cambiar el significado asociado a las mallas de púas, afirma Arán Lozano, como "símbolo de cárcel, de separación, de frontera", para convertirlas en todo lo contrario.

"Nuestro objetivo es lanzar la pregunta; que el que pase por aquí se cuestione", puntúa Clara Campo.

Durante cinco días, la instalación de Amarist participa en la feria como propuesta destacada por su compromiso social. El proyecto cuenta, además, con el respaldo de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), a la que se destinarán todos los fondos recaudados.

Tanto Clara como Arán se muestran entusiasmados por el interés que ha suscitado la obra en Estados Unidos, donde esperan encontrar espacio para continuar creciendo.

Reconocen que la acogida no ha sido igual de cálida en Europa, donde, afirman, territorios como el Principado de Mónaco han mostrado su rechazo más profundo a la obra.

La propuesta llega a una nación que vive una fuerte polémica por otra valla célebre, el muro que quiere levantar Trump en la frontera con México para evitar el ingreso de inmigrantes indocumentados.

Lozano reconoce que el carácter conceptual de la obra implica la "gran tarea de comunicar" qué quiere transmitir.

Sin embargo, esperan que la acogida del público sea buena, y aseguran que ya están negociando la posibilidad de comercializar las piezas en las tiendas de una conocida marca española.

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"Al final, el arte es un reflejo de la sociedad y, si alguien no remueve un poco las conciencias, pasamos superficialmente por la vida", aseveró Campo.

En la feria neoyorquina, que nació hace tres años impulsada por Art Miami, se pueden encontrar, del 3 al 7 de mayo, obras nunca antes expuestas, de más de 1.200 artistas procedentes de 50 países.

/caf

Convertir los alambres de púas de las vallas fronterizas en joyas es lo que proponen los jóvenes españoles del estudio Amarist, en una instalación con fines altruistas que se presenta hoy en la feria de arte contemporáneo Art New York.

Clara Campo y Arán Lozano son los jóvenes fundadores de este estudio de arte funcional, arraigado en Barcelona desde 2014, que aterriza en Nueva York con la idea de remover conciencias.

Ellos describen la instalación, "Welcome", como una pieza conceptual que, al igual que la colección que están desarrollando, se interesa por los conflictos socioeconómicos de la actualidad internacional.

En el centro del estand de Amarist, el espectador se encuentra con la figura de un hombre arrodillado frente a una malla de púas. Es "la imagen de lo que los refugiados se encuentran cuando llegan a la frontera", explica Clara Campo a Efe.

Como contraste, colgadas de la pared, las mismas pequeñas cuchillas que forman la malla se exponen como lujosas joyas a la venta.

Para establecer la diferencia, han pulido, bañado en oro y empaquetado las cuchillas de las vallas fronterizas en estuches de plástico con mensajes que rezan: "¿Bienvenido?" o "Hacer América segura otra vez".

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Este último mensaje alude al lema que defendió el ahora presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante la pasada campaña electoral ("Hagamos Estados Unidos grande otra vez").

La pretensión es cambiar el significado asociado a las mallas de púas, afirma Arán Lozano, como "símbolo de cárcel, de separación, de frontera", para convertirlas en todo lo contrario.

"Nuestro objetivo es lanzar la pregunta; que el que pase por aquí se cuestione", puntúa Clara Campo.

Durante cinco días, la instalación de Amarist participa en la feria como propuesta destacada por su compromiso social. El proyecto cuenta, además, con el respaldo de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), a la que se destinarán todos los fondos recaudados.

Tanto Clara como Arán se muestran entusiasmados por el interés que ha suscitado la obra en Estados Unidos, donde esperan encontrar espacio para continuar creciendo.

Reconocen que la acogida no ha sido igual de cálida en Europa, donde, afirman, territorios como el Principado de Mónaco han mostrado su rechazo más profundo a la obra.

La propuesta llega a una nación que vive una fuerte polémica por otra valla célebre, el muro que quiere levantar Trump en la frontera con México para evitar el ingreso de inmigrantes indocumentados.

Lozano reconoce que el carácter conceptual de la obra implica la "gran tarea de comunicar" qué quiere transmitir.

Sin embargo, esperan que la acogida del público sea buena, y aseguran que ya están negociando la posibilidad de comercializar las piezas en las tiendas de una conocida marca española.

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En la feria neoyorquina, que nació hace tres años impulsada por Art Miami, se pueden encontrar, del 3 al 7 de mayo, obras nunca antes expuestas, de más de 1.200 artistas procedentes de 50 países.

/caf