/ domingo 25 de agosto de 2019

El efecto Japón: Arte nipón inspira a México

El Japón de Tablada, que se presenta en el Museo del Palacio de Bellas Artes, un esbozo del papel del introductor del haikú en México y su lugar como interlocutor de culturas

La plástica japonesa del siglo XIX tiene un guía en México en la figura de José Juan Tablada, poeta fascinado por el exotismo que el arte nipón generaba a principios del siglo pasado en varias partes del mundo, lo cual lo hizo convertirse en coleccionista, promotor, crítico y sobre todo interlocutor de aquella cultura que, pese a su lejanía, se introdujo en la literatura y la pintura de quienes desde México e Hispanoamérica le seguían los pasos.

El origen

Tablada, quien vivió de 1871 a 1945 y de su savia los Contemporáneos se alimentaron, hizo acopio de decenas de piezas movido primero por lo que el exotismo japonés representaba para la intelectualidad encausada desde Francia, para luego tomarlas como eje en su labor y búsqueda de renovación del campo cultural mexicano y terminar por imprimirlas en el arte nacional, al transferir sus trazos a los lienzos de artistas como Jorge Enciso, Gerardo Murillo Dr. Atl o José Clemente Orozco, a quienes dio impulso.

“Tablada coleccionaba de todo, era un coleccionista empedernido. No tiene un núcleo particular sobre el cual se concentraba. Estampa japonesa, libros ilustrados, libros de todo tipo, su biblioteca era enorme. Quedan restos en algunas colecciones públicas y privadas. Coleccionó objetos, álbumes de recortes… hasta insectos. Era un coleccionista con un espectro muy amplio”, dice en entrevista con Organización Editorial Mexicana el creador del concepto curatorial de la muestra, Amaury García Rodríguez, para quien el viaje con destino en las salas del Palacio de Bellas Artes inició desde 2003.

García cuenta que el origen se da en un proyecto esbozado desde ese año a partir de los estudios de Rodolfo Mata y Esther Hernández, investigadores de la obra e influjo de Tablada, cuyo objetivo primario era la revisión de una colección de estampa japonesa, el ukiyo-e, en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la cual se decía era del también exponente del modernismo en México.

“No había seguridad sobre que fuera así, por lo que se hizo una solicitud a Fundación Japón para que se enviara un especialista y catalogara las estampas. Eso se concretó en 2005 y 2006, cuando se terminó de catalogar la colección de estampa japonesa de la Biblioteca Nacional”.

Más de diez años después, en 2015, por casualidad en una conversación con Miguel Fernández Félix, director del Museo del Palacio de Bellas Artes, mientras se preparaba otra exposición de arte japonés que no se concretó, Tablada surgió. “Ya que nos quedamos picados con Japón, pensemos en otra investigación”, se dijeron. Cuatro años pasaron y el concepto tomó forma.

Viajero

Pasajero 21. El Japón de Tabladada luz a obras recolectadas por el poeta mexicano a lo largo de su vida, las cuales estuvieron más de 100 años en el encierro y se presentan en el Museo del Palacio de Bellas Artes hasta el 13 de octubre en las salas de su primer piso.

A través de xilografías, acuarelas, dibujos, fotografías y óleos, así como algunos libros ilustrados, el introductor en nuestro país del haikú, el poema corto japonés, y amante del ukiyo-e nos da cuenta de la respuesta en el arte a los intereses de la cultura popular y urbana de Japón, en estampas de los actores de kabuki, de mujeres bellas, de pájaros y flores, de guerreros y en general de costumbrismos.

No obstante, en ellas también se representa el viraje iniciando el siglo XX en el interés de ese pueblo, al plasmar imágenes de la guerra ruso-japonesa y cambios derivados de la entrada de una mayor tecnificación en la sociedad, como la aparición del primer tren de vapor, o la eventual figura del emperador vestido a la usanza occidental.

“En Europa había un boom de todo lo japonés con una carga exotizante importantísima. La estampa japonesa en particular fue la más apreciada por los japonistas franceses y no franceses, pues fue la obra gráfica o libros que más llegaron a Europa y tuvo más impacto en los intelectuales y artistas no sólo de la literatura, sino de las artes plásticas”, afirma Amaury García.


A través de terceros y eventualmente en un viaje a Japón, la colección de Tablada se fue formando. El ukiyo-e era lo más fácil de encontrar, lo menos caro y, además, un exponente claro de la estética nipona. “Tablada no era consciente de Japón como algo exótico, pero las fuentes de donde bebió, como el Japonismo francés, sí estaban cargadas de clichés y exotismos que eran normales sobre Asia y ‘el oriente’”, señala Amaury.

La muestra

En la exhibición se puede apreciar material que narra una faceta hasta ahora no expuesta sobre la cercanía, privada y profesional, entre Tablada y Japón, pues documentos y fotografías de su archivo personal y su acervo dan visos de las fuentes que nutrieron su trabajo creativo.

Dividida en cuatro núcleos, la muestra arranca con Encuentros con Japón, donde se incluyen diversas estampas ukiyo-e con la temática de mujeres bellas, que plagaron como referente el arte occidental como inspiración en aquellos años. En este espacio se muestran varias de las ilustraciones y acuarelas que el artista creó y pertenecen a esos años iniciales.

El recorrido continúa con El caso de Utagawa Hiroshige, uno de los más conocidos pintores e ilustradores de la estampa japonesa de la primera mitad del siglo XIX, para quien Tablada realizó un libro titulado Hiroshigue. El pintor de la nieve y de la lluvia, de la noche y de la luna, e incluso promocionó una exposición inaugurada en el Palacio de Bellas Artes el 23 de marzo de 1937.

“Es el primer libro sobre este artista en español, en la prensa Tablada escribe abundantemente sobre el tema, incluso antes de ir a Japón, como en la Revista Moderna, donde se incluyeron varios artículos hablando de arte y cultura”, recuerda García.

En Tablada: promotor, crítico y coleccionista, tercer núcleo de la exposición, se revalora una de las facetas más conocidas del poeta mexicano, la de coleccionista. En numerosas ocasiones Tablada menciona el estudio de su casa de Coyoacán donde atesoraba libros, estampas japonesas y objetos de arte, y es precisamente en esta sección donde se pueden apreciar piezas como en la que aparece el poeta sentado en su escritorio flanqueado por un biombo con estampas de Sharaku.

La última sección es Japonismo mexicano, donde además de mostrar la influencia “oriental” en el arte nacional, se deja la puerta abierta al estudio del efecto de Japón en el arte mexicano moderno. “Tablada fue muy activo en apoyar a artistas jóvenes y contactarlos con su Japón. También funcionó como mediador no sólo a partir de sus escritos, sino de la interacción que tuvo con muchos artistas mexicanos de principios de siglo XX al ver estampa japonesa o conversar, a quienes respaldó incluso viviendo en Nueva York”.

Referentes

Entre los exponentes que conforman la muestra se encuentran nombres que podrían no tener un referente mental gráfico al mencionarlos: Katsushika Hokusai, Utagawa Hiroshige, Toyohara Kunichika, Watanabe Shōtei, Ohara Koson o Utagawa Kunisada. No obstante, si la ecuación se realiza en sentido contrario, la contemplación de las estampas de paisajes nevados, rostros de guerreros y actores o aves esbozadas en unos cuantos trazos transportan inmediatamente al referente que Tablada buscaba introducir, un precepto más del modernismo que empujaba, un ideal más del arte mexicano moderno.

Con xilografía polícroma y libros ilustrados, así como acuarelas y dibujos a tinta y lápiz hechos por Tablada, además del manuscrito de su primer libro de haikú junto con el libro Un día, Pasajero 21es también una estampa del Japonismo mexicano que captura un brazo más de la apertura hacia un exotismo basado en la sencillez de las manos niponas.

“Abrimos una puerta a algo que no se ha investigado en México todavía, la impronta de lo japonés en el arte mexicano moderno, algo que sugerimos en la exhibición con ejemplos muy evidentes como el cuadro del Volcán de Colima, de Enciso, o como algunos de los esténciles de Murillo si los contrapones con libros ilustrados del Monte Fuji”, concluye Amaury García, para quien el efecto Japón en el arte mexicano moderno es algo sobre lo que aún hay que estudiar mucho.

La plástica japonesa del siglo XIX tiene un guía en México en la figura de José Juan Tablada, poeta fascinado por el exotismo que el arte nipón generaba a principios del siglo pasado en varias partes del mundo, lo cual lo hizo convertirse en coleccionista, promotor, crítico y sobre todo interlocutor de aquella cultura que, pese a su lejanía, se introdujo en la literatura y la pintura de quienes desde México e Hispanoamérica le seguían los pasos.

El origen

Tablada, quien vivió de 1871 a 1945 y de su savia los Contemporáneos se alimentaron, hizo acopio de decenas de piezas movido primero por lo que el exotismo japonés representaba para la intelectualidad encausada desde Francia, para luego tomarlas como eje en su labor y búsqueda de renovación del campo cultural mexicano y terminar por imprimirlas en el arte nacional, al transferir sus trazos a los lienzos de artistas como Jorge Enciso, Gerardo Murillo Dr. Atl o José Clemente Orozco, a quienes dio impulso.

“Tablada coleccionaba de todo, era un coleccionista empedernido. No tiene un núcleo particular sobre el cual se concentraba. Estampa japonesa, libros ilustrados, libros de todo tipo, su biblioteca era enorme. Quedan restos en algunas colecciones públicas y privadas. Coleccionó objetos, álbumes de recortes… hasta insectos. Era un coleccionista con un espectro muy amplio”, dice en entrevista con Organización Editorial Mexicana el creador del concepto curatorial de la muestra, Amaury García Rodríguez, para quien el viaje con destino en las salas del Palacio de Bellas Artes inició desde 2003.

García cuenta que el origen se da en un proyecto esbozado desde ese año a partir de los estudios de Rodolfo Mata y Esther Hernández, investigadores de la obra e influjo de Tablada, cuyo objetivo primario era la revisión de una colección de estampa japonesa, el ukiyo-e, en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la cual se decía era del también exponente del modernismo en México.

“No había seguridad sobre que fuera así, por lo que se hizo una solicitud a Fundación Japón para que se enviara un especialista y catalogara las estampas. Eso se concretó en 2005 y 2006, cuando se terminó de catalogar la colección de estampa japonesa de la Biblioteca Nacional”.

Más de diez años después, en 2015, por casualidad en una conversación con Miguel Fernández Félix, director del Museo del Palacio de Bellas Artes, mientras se preparaba otra exposición de arte japonés que no se concretó, Tablada surgió. “Ya que nos quedamos picados con Japón, pensemos en otra investigación”, se dijeron. Cuatro años pasaron y el concepto tomó forma.

Viajero

Pasajero 21. El Japón de Tabladada luz a obras recolectadas por el poeta mexicano a lo largo de su vida, las cuales estuvieron más de 100 años en el encierro y se presentan en el Museo del Palacio de Bellas Artes hasta el 13 de octubre en las salas de su primer piso.

A través de xilografías, acuarelas, dibujos, fotografías y óleos, así como algunos libros ilustrados, el introductor en nuestro país del haikú, el poema corto japonés, y amante del ukiyo-e nos da cuenta de la respuesta en el arte a los intereses de la cultura popular y urbana de Japón, en estampas de los actores de kabuki, de mujeres bellas, de pájaros y flores, de guerreros y en general de costumbrismos.

No obstante, en ellas también se representa el viraje iniciando el siglo XX en el interés de ese pueblo, al plasmar imágenes de la guerra ruso-japonesa y cambios derivados de la entrada de una mayor tecnificación en la sociedad, como la aparición del primer tren de vapor, o la eventual figura del emperador vestido a la usanza occidental.

“En Europa había un boom de todo lo japonés con una carga exotizante importantísima. La estampa japonesa en particular fue la más apreciada por los japonistas franceses y no franceses, pues fue la obra gráfica o libros que más llegaron a Europa y tuvo más impacto en los intelectuales y artistas no sólo de la literatura, sino de las artes plásticas”, afirma Amaury García.


A través de terceros y eventualmente en un viaje a Japón, la colección de Tablada se fue formando. El ukiyo-e era lo más fácil de encontrar, lo menos caro y, además, un exponente claro de la estética nipona. “Tablada no era consciente de Japón como algo exótico, pero las fuentes de donde bebió, como el Japonismo francés, sí estaban cargadas de clichés y exotismos que eran normales sobre Asia y ‘el oriente’”, señala Amaury.

La muestra

En la exhibición se puede apreciar material que narra una faceta hasta ahora no expuesta sobre la cercanía, privada y profesional, entre Tablada y Japón, pues documentos y fotografías de su archivo personal y su acervo dan visos de las fuentes que nutrieron su trabajo creativo.

Dividida en cuatro núcleos, la muestra arranca con Encuentros con Japón, donde se incluyen diversas estampas ukiyo-e con la temática de mujeres bellas, que plagaron como referente el arte occidental como inspiración en aquellos años. En este espacio se muestran varias de las ilustraciones y acuarelas que el artista creó y pertenecen a esos años iniciales.

El recorrido continúa con El caso de Utagawa Hiroshige, uno de los más conocidos pintores e ilustradores de la estampa japonesa de la primera mitad del siglo XIX, para quien Tablada realizó un libro titulado Hiroshigue. El pintor de la nieve y de la lluvia, de la noche y de la luna, e incluso promocionó una exposición inaugurada en el Palacio de Bellas Artes el 23 de marzo de 1937.

“Es el primer libro sobre este artista en español, en la prensa Tablada escribe abundantemente sobre el tema, incluso antes de ir a Japón, como en la Revista Moderna, donde se incluyeron varios artículos hablando de arte y cultura”, recuerda García.

En Tablada: promotor, crítico y coleccionista, tercer núcleo de la exposición, se revalora una de las facetas más conocidas del poeta mexicano, la de coleccionista. En numerosas ocasiones Tablada menciona el estudio de su casa de Coyoacán donde atesoraba libros, estampas japonesas y objetos de arte, y es precisamente en esta sección donde se pueden apreciar piezas como en la que aparece el poeta sentado en su escritorio flanqueado por un biombo con estampas de Sharaku.

La última sección es Japonismo mexicano, donde además de mostrar la influencia “oriental” en el arte nacional, se deja la puerta abierta al estudio del efecto de Japón en el arte mexicano moderno. “Tablada fue muy activo en apoyar a artistas jóvenes y contactarlos con su Japón. También funcionó como mediador no sólo a partir de sus escritos, sino de la interacción que tuvo con muchos artistas mexicanos de principios de siglo XX al ver estampa japonesa o conversar, a quienes respaldó incluso viviendo en Nueva York”.

Referentes

Entre los exponentes que conforman la muestra se encuentran nombres que podrían no tener un referente mental gráfico al mencionarlos: Katsushika Hokusai, Utagawa Hiroshige, Toyohara Kunichika, Watanabe Shōtei, Ohara Koson o Utagawa Kunisada. No obstante, si la ecuación se realiza en sentido contrario, la contemplación de las estampas de paisajes nevados, rostros de guerreros y actores o aves esbozadas en unos cuantos trazos transportan inmediatamente al referente que Tablada buscaba introducir, un precepto más del modernismo que empujaba, un ideal más del arte mexicano moderno.

Con xilografía polícroma y libros ilustrados, así como acuarelas y dibujos a tinta y lápiz hechos por Tablada, además del manuscrito de su primer libro de haikú junto con el libro Un día, Pasajero 21es también una estampa del Japonismo mexicano que captura un brazo más de la apertura hacia un exotismo basado en la sencillez de las manos niponas.

“Abrimos una puerta a algo que no se ha investigado en México todavía, la impronta de lo japonés en el arte mexicano moderno, algo que sugerimos en la exhibición con ejemplos muy evidentes como el cuadro del Volcán de Colima, de Enciso, o como algunos de los esténciles de Murillo si los contrapones con libros ilustrados del Monte Fuji”, concluye Amaury García, para quien el efecto Japón en el arte mexicano moderno es algo sobre lo que aún hay que estudiar mucho.

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