/ domingo 16 de septiembre de 2018

El “grito de Independencia”

¿Qué ocurrió la mañana del 16 de septiembre de 1810? ¿Cómo fue aquel acontecimiento? ¿Qué dijo Hidalgo que consiguió que la multitud se sublevara ese día? Vamos a apoyarnos en los muy serios y novedosos estudios históricos de Carlos Herrejón Peredo.

Hay diferentes versiones de lo que ocurrió ese día. Todo ello recogido en testimonios de quienes estuvieron ahí, de quienes escucharon lo que ocurrió y de quienes han puesto sal y pimienta a un momento excepcional en la historia de nuestro país.

Y para empezar, pasados los días de aquel acontecimiento surgieron por todo el país proclamas, manuscritos y hojas volantes insurgentes en donde se relata aquella arenga, muchas veces con ganas de que hubiera ocurrido de acuerdo con el ánimo de sus autores, otras veces con aquello que hubieran querido decir quienes las escriben o bien intentando fotografiar el momento…

Comienza la leyenda. Una de las primeras proclamas es esta que pudo ser del 19 de septiembre apenas tres días después de Dolores y muy probablemente no dibuja con exactitud lo dicho por Hidalgo, pues el no pudo referirse a Fernando VII o a la‘independencia’ ya que no había consenso entre los primeros dirigentes del movimiento a este respecto:

“El día 16 de septiembre de 1810 verificamos los criollos en el pueblo de Dolores y villa de San Miguel el Grande, la memorable y gloriosa acción de dar principio a nuestra santa libertad, poniendo presos a los gachupines quienes para mantener su dominio y que siguiéramos en la ignominiosa esclavitud que hemos sufrido por trescientos años, habían determinado entregar este reino cristiano al hereje rey de Inglaterra, con que perdíamos nuestra santa fe católica, perdíamos a nuestro legítimo rey don Fernando Séptimo, y que estábamos en peor y más dura esclavitud.

Termina así:

“Nuestra causa es santísima, y por eso estamos todos prontos a dar nuestras vidas. ¡Viva nuestra santa fe católica, viva nuestro amado soberano el señor don Fernando Séptimo, y vivan nuestros derechos, que Dios (y) la naturaleza nos han dado! Pidamos a su Majestad Divina la victoria de nuestras armas, y cooperemos a la buena causa con nuestras personas, con nuestros arbitrios y con nuestros influjos, para que el Dios omnipotente sea alabado en estos dominios, y ¡Que viva la fe cristiana y muera el mal gobierno!”

Para el 24 de septiembre de 1810, el obispo Manuel Abad Quipo dice de quien había sido su amigo hasta ese 16 de septiembre:

“E insultando la religión y a nuestro soberano don Fernando VII, pintó en su estandarte la imagen de nuestra augusta patrona nuestra Señora de Guadalupe y le puso la inscripción siguiente: Viva la Religión. Viva nuestra Madre Santísima de Guadalupe. Viva Fernando VII. Y muera el mal gobierno”.

Estas frases servirían de prueba en contra de Hidalgo durante su proceso. En ese juicio el cura de Dolores aceptó lo relativo a la Virgen de Guadalupe pero no en cuanto a Fernando VII.

De todos modos el 7 de diciembre de 1810, Fray Diego de Bringas acusó en su sermón lo siguiente:

“El cura Hidalgo ha engañado y puesto en insurrección a la América con el especioso aparato de estas verdades napoleónicas o de estas verdaderas mentiras, según consta en sus proclamas sediciosas. Escuchad la substancia de sus palabras:

“¡Americanos oprimidos! —decía este héroe de la impiedad. Llegó ya el suspirado día de salir del cautiverio y romper las duras cadenas con que nos hacían gemir los gachupines. La España se ha perdido. Los gachupines por aquel odio con que nos aborrecen han determinado degollar inhumanamente a los criollos, entregar este floridísimo reino a los franceses e introducir en él las herejías. La patria nos llama a su defensa. Los derechos inviolables de Fernando Séptimo nos piden de justicia que le conservemos estos preciosos dominios. Y la religión santa que profesamos nos pide a gritos que sacrifiquemos la vida antes que ver manchada su pureza. Hemos averiguado estas verdades, hemos hallado e interceptado la correspondencia de los gachupines con Bonaparte. ¡Guerra eterna, pues, contra los gachupines! Y para pública manifestación que defendemos una causa santa y justa, escogemos por nuestra patrona a María Santísima de Guadalupe. ¡Viva la América! ¡Viva Fernando Séptimo! ¡Viva la religión y mueran los gachupines!”.

Si seguimos aHerrerón, lo que hace Bringas es juntar diversas frases publicadas en proclamas y armar un solo para mostrar los intentos sediciosos y dañinos de Hidalgo, cosa que asimismo negó éste durante su proceso, no obstante está demostrado que muchos de aquellas versiones o documentos y proclamas no correspondieron a lo que impulsó a Hidalgo en su movimiento.

Dentro del círculo cercano al líder estaba en su ánimo lo del guadalupanismo, el fidelismo a Fernando VII, la defensa de la religión y el odio a los ‘gachupines’. Hidalgo dio muestras de no sentir apego por el monarca español aunque tenía que ser discreto en ese primer momento. No obstante Ignacio Allende tuvo serias diferencias de criterio con el cura pues el militar mantenía fiel la intención de que el movimiento que iba creciendo tendría que garantizar el sometimiento al rey de España una vez que éste hubiera retomado el poder.

Con todo, surgieron una gran cantidad de versiones de lo que ocurrió aquella mañana y de lo que muchos atribuyen como primer impulso de Hidalgo en su levantamiento. Sin embargo hay dos versiones que deben de tomarse muy en serio por provenir de quienes participaron en el acto o bien formaron parte de él desde el primer momento.

Uno de ellos es el relato de Juan Aldama de mayo de 1811 respecto de lo que él vio aquella mañana:

“(…) se dirigieron para la cárcel, fueron, y el mismo cura hizo al alcaide de la cárcel que echase los presos a la calle; y todos se armaron con leños y piedras y dieron principio a la prisión de los europeos con sus casas, como a la seis de la mañana. Y concluida esta operación a cosa de las ocho, que los encerraron en la cárcel, entre ellos al padre sacristán, don N. Bustamante, ya se habrían juntado más de seiscientos hombres de a pie y a caballo por ser día domingo y haber ocurrido a misa de los ranchos inmediatos, y el cura que los exhortaba a que se uniesen con él y le ayudasen a defender el reino, porque querían entregarlo a los franceses; que ya se había acabado la opresión; que ya no había más tributos; que los que se alistasen con caballos y armas les pagaría a peso diario, y los de a pie, a cuatro reales.”

”Tengo para mí –dice Herrerón- que ésta es la versión más fidedigna, la cual contiene cuatro puntos. Primero la exhortación a unirse con su cura para defender el reino; segundo, la explicación: porque los gachupines lo quieren entregar a los franceses; tercero, una declaración: se acabó la opresión y se acabaron los tributos; cuarto, una promesa muy pragmática: se pagará muy bien a quienes se unan a la causa. En resumen, hay un objetivo coyuntural, la defensa del reino, y un objetivo trascendente, acabar con la opresión, de la que el tributo sólo es un caso. Aldama no consigna ningún ¡Viva!”

Otra versión muy creíble, también, es la de Mariano Abasolo quien no estuvo en el momento de la arenga porque permaneció en su casa, pero horas después escuchó a Hidalgo hablar a parroquianos en estos términos:

“(…) el propio cura Hidalgo y Allende mandaron juntar todos los vecinos principales del propio pueblo, y reunidos, les dijo el cura esta palabras:

“Ya vuestras mercedes habrán visto este movimiento; pues sepan que no tiene más objeto que quitar el mando a los europeos, porque éstos, como ustedes sabrán, se han entregado a los franceses y quieren que corramos la misma suerte, lo cual no hemos de consentir jamás; y vuestras mercedes, como buenos patriotas, deben defender este pueblo hasta nuestra vuelta que no será muy dilatada para organizar el gobierno. Con cuya simple arenga, sin decirles los vecinos si lo ejecutarían o no, se retiraron a sus casas.”

Ya en 1813, Fray Servando Teresa de Mier, ilustre simpatizante del movimiento independentista da dos versiones del ‘Grito’: una de ellas, la primera, es de José María Fagoaga, la otra, probablemente de la relación de algún criollo que la mandó por carta.

“Este hombre (Hidalgo) —dice Fagoaga—, que es astuto, hábil y atrevido, congregó al pueblo y los indios en la plaza. Persuadió la tiranía del actual gobierno, su ilegítima autoridad, estando cautivo el soberano, la intención de subyugar este país a la Inglaterra o a la Francia, y con exclamaciones de ¡Viva Fernando 7 y la Virgen de Guadalupe!, cuya imagen se venera con particular devoción en este reino, procuró encender la tea de la discordia y horror a los europeos, aprovechándose astutamente de la aversión natural de todo criollo contra el europeo, declarando a éstos la guerra a sangre y fuego (…)

Critica Fray Servando esta versión y propone la que suponemos recibió por carta de algún criollo:

Hoy [decía Hidalgo], debía ser mi primer sermón de desagravios (especie de Cuaresma que se acostumbra en Nueva España comenzar el día 14 de septiembre); pero será el último que os haga en mi vida. No hay remedio: está visto que los europeos nos entregan a los franceses; veis premiados a los que prendieron al Virrey y relevaron al Arzobispo, porque nos defendían. El Corregidor, porque es criollo, está preso. ¡Adiós, Religión! Seréis jacobinos, seréis impíos. ¡Adiós Fernando 7! Seréis de Napoleón.

Foto: Archivo Cuartoscuro

—No, Padre, gritaron los indios, defendámonos: ¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Viva Fernando 7!

—Vivan, pues, y seguid a vuestro cura, que siempre se ha desvelado por vuestra felicidad”.

Ambos textos coinciden en el tema del entreguismo y con los mismos vivas, aunque estos fueron más de muchedumbre que de Hidalgo. Sin embargo estos documentos recuperan acontecimientos posteriores al 16 de septiembre pues ya refieren la destitución del virrey Iturrigaray y el relevo del arzobispo-virrey Lizana, de lo que no había noticias aquella mañana.

En adelante hubo versiones diversas, algunas importantes por provenir de personalidades intelectuales de la época, como fue el caso del doctor José María Luis Mora quien en 1936 escribió que:

“Se convocó a son de campana a los indios y demás clases del pueblo a quienes se anunció que la religión corría riesgo por parte del gobierno y los españoles que conspiraba contra ella, y que era necesario salvarla a toda costa” (16) Y por supuesto la de Lucas Alamán que se atiene a la versión de Abasolo.

Y aquí cerramos el círculo:

Existen las memorias de dos soldados de la primera insurgencia. Uno de ellos es Pedro José Sotelo; el otro Pedro García. Son personajes que estuvieron cerca de los hechos ocurridos esa mañana, pero las escribieron muchos años después con lo que esto significa de ajuste a su propio criterio de lo ocurrido.

Foto: Cuartoscuro

Pedro José Sotelo era muy joven y trabajaba muy como alfarero con Hidalgo. Fue de los primeros que se incorporaron a la lucha. Su aseveración la dictó cuando tenía 84 años. (17)

Su versión dice:

“… arengó el señor cura por la ventana de su asistencia a los que se habían reunido, animándolos para comenzar vigorosamente la empresa de nuestra independencia y levantando la voz con mucho valor, dijo: “¡Viva nuestra Señora de Guadalupe! ¡Viva la Independencia!”

En realidad no era la intención de Hidalgo arengar con el grito de Independencia pues el acuerdo de los sublevados no era ese, sino crear la junta de gobierno. Sin embargo queda claro que hizo Hidalgo una primera alocución a quienes vio desde su ventana y luego pasó al atrio en donde arengó a quienes acudieron al llamado de las campanas para la misa dominical.

Siguiendo estos testimonios tendríamos: la alocución desde su ventana; la plática con los principales del lugar, según relata Abasolo y la arenga pública en el atrio de la iglesia.

Y viene aquí la que erróneamente repitió este año 2010 el presidente de México. Es la versión de Pedro García, nacido en Dolores y quien trabajaba como dependiente en una tienda. Se incorporó a los primeros insurrectos y siguió con ellos hasta que lo apresaron en Acatita de Baján. Escribió sus memorias entre 1870 y 1880, él ya muy mayor de edad.Dice:

“Mis amigos y compatriotas: no existe ya para nosotros ni el rey ni los tributos. Esta gabela vergonzosa, que sólo conviene a los esclavos, la hemos sobrellevado hace tres siglos como signo de la tiranía y servidumbre, terrible mancha que sabremos lavar con nuestro esfuerzo. Llegó el momento de nuestra emancipación; ha sonado la hora de nuestra libertad; y si conocéis su gran valor, me ayudaréis a defenderla de la garra ambiciosa de los tiranos.

Foto: Archivo Cuartoscuro

“Pocas horas me faltan para que me veáis marchar a la cabeza de los hombres que se precian de ser libres. Os invito a cumplir con este deber. De suerte que sin patria ni libertad estaremos siempre a mucha distancia de la verdadera felicidad. Preciso ha sido dar el paso que ya sabéis y comenzar por algo ha sido necesario. La causa es santa y Dios la protegerá. Los negocios se atropellan y no tendré, por lo mismo, la satisfacción de hablar más tiempo entre vosotros. ¡Viva, pues, la Virgen de Guadalupe! ¡Viva la América por la cual vamos a combatir!”

Y aquí cito textual a Carlos Herrerón: “El tono excesivamente apologético de esas memorias, su obsesión por rechazar la monarquía como forma de gobierno, la inclusión de otros discursos y cartas, supuestamente de Hidalgo, varios de los cuales son falsos a todas luces, y la adjudicación de ellas al supuesto autor, años después de su muerte, sin dar ninguna razón, a pesar de las dudas que fácilmente se suscitan, ponen en entredicho no sólo esta versión del Grito, sino el exagerado valor que sin fundamento se ha concedido a estas memorias, que escasos elementos tienen de este género, pues no pocos de los datos que menciona son repetición de textos muy conocidos y en cambio otros resultan incompatibles con datos probados.

“No habla en primera persona –dice Herrejón-; incluso me atrevo a plantear la hipótesis de que, si bien Pedro García fue personaje real, no fue él el autor, sino alguien del último tercio del siglo XIX que se quiso encubrir y autorizar a nombre de García, o bien fue Pedro González, el poseedor del manuscrito, quien decidió darle esa paternidad sin ofrecer ninguna razón, o bien alguien tejió un amplio escrito a partir de algunos elementos escuchados o escritos por García. Así pues, también para este caso, como en el de Sotelo, vale decir que, si bien no es un texto desechable, merece una profunda revisión crítica.”

jhsantiago@prodigy.net.mx


¿Qué ocurrió la mañana del 16 de septiembre de 1810? ¿Cómo fue aquel acontecimiento? ¿Qué dijo Hidalgo que consiguió que la multitud se sublevara ese día? Vamos a apoyarnos en los muy serios y novedosos estudios históricos de Carlos Herrejón Peredo.

Hay diferentes versiones de lo que ocurrió ese día. Todo ello recogido en testimonios de quienes estuvieron ahí, de quienes escucharon lo que ocurrió y de quienes han puesto sal y pimienta a un momento excepcional en la historia de nuestro país.

Y para empezar, pasados los días de aquel acontecimiento surgieron por todo el país proclamas, manuscritos y hojas volantes insurgentes en donde se relata aquella arenga, muchas veces con ganas de que hubiera ocurrido de acuerdo con el ánimo de sus autores, otras veces con aquello que hubieran querido decir quienes las escriben o bien intentando fotografiar el momento…

Comienza la leyenda. Una de las primeras proclamas es esta que pudo ser del 19 de septiembre apenas tres días después de Dolores y muy probablemente no dibuja con exactitud lo dicho por Hidalgo, pues el no pudo referirse a Fernando VII o a la‘independencia’ ya que no había consenso entre los primeros dirigentes del movimiento a este respecto:

“El día 16 de septiembre de 1810 verificamos los criollos en el pueblo de Dolores y villa de San Miguel el Grande, la memorable y gloriosa acción de dar principio a nuestra santa libertad, poniendo presos a los gachupines quienes para mantener su dominio y que siguiéramos en la ignominiosa esclavitud que hemos sufrido por trescientos años, habían determinado entregar este reino cristiano al hereje rey de Inglaterra, con que perdíamos nuestra santa fe católica, perdíamos a nuestro legítimo rey don Fernando Séptimo, y que estábamos en peor y más dura esclavitud.

Termina así:

“Nuestra causa es santísima, y por eso estamos todos prontos a dar nuestras vidas. ¡Viva nuestra santa fe católica, viva nuestro amado soberano el señor don Fernando Séptimo, y vivan nuestros derechos, que Dios (y) la naturaleza nos han dado! Pidamos a su Majestad Divina la victoria de nuestras armas, y cooperemos a la buena causa con nuestras personas, con nuestros arbitrios y con nuestros influjos, para que el Dios omnipotente sea alabado en estos dominios, y ¡Que viva la fe cristiana y muera el mal gobierno!”

Para el 24 de septiembre de 1810, el obispo Manuel Abad Quipo dice de quien había sido su amigo hasta ese 16 de septiembre:

“E insultando la religión y a nuestro soberano don Fernando VII, pintó en su estandarte la imagen de nuestra augusta patrona nuestra Señora de Guadalupe y le puso la inscripción siguiente: Viva la Religión. Viva nuestra Madre Santísima de Guadalupe. Viva Fernando VII. Y muera el mal gobierno”.

Estas frases servirían de prueba en contra de Hidalgo durante su proceso. En ese juicio el cura de Dolores aceptó lo relativo a la Virgen de Guadalupe pero no en cuanto a Fernando VII.

De todos modos el 7 de diciembre de 1810, Fray Diego de Bringas acusó en su sermón lo siguiente:

“El cura Hidalgo ha engañado y puesto en insurrección a la América con el especioso aparato de estas verdades napoleónicas o de estas verdaderas mentiras, según consta en sus proclamas sediciosas. Escuchad la substancia de sus palabras:

“¡Americanos oprimidos! —decía este héroe de la impiedad. Llegó ya el suspirado día de salir del cautiverio y romper las duras cadenas con que nos hacían gemir los gachupines. La España se ha perdido. Los gachupines por aquel odio con que nos aborrecen han determinado degollar inhumanamente a los criollos, entregar este floridísimo reino a los franceses e introducir en él las herejías. La patria nos llama a su defensa. Los derechos inviolables de Fernando Séptimo nos piden de justicia que le conservemos estos preciosos dominios. Y la religión santa que profesamos nos pide a gritos que sacrifiquemos la vida antes que ver manchada su pureza. Hemos averiguado estas verdades, hemos hallado e interceptado la correspondencia de los gachupines con Bonaparte. ¡Guerra eterna, pues, contra los gachupines! Y para pública manifestación que defendemos una causa santa y justa, escogemos por nuestra patrona a María Santísima de Guadalupe. ¡Viva la América! ¡Viva Fernando Séptimo! ¡Viva la religión y mueran los gachupines!”.

Si seguimos aHerrerón, lo que hace Bringas es juntar diversas frases publicadas en proclamas y armar un solo para mostrar los intentos sediciosos y dañinos de Hidalgo, cosa que asimismo negó éste durante su proceso, no obstante está demostrado que muchos de aquellas versiones o documentos y proclamas no correspondieron a lo que impulsó a Hidalgo en su movimiento.

Dentro del círculo cercano al líder estaba en su ánimo lo del guadalupanismo, el fidelismo a Fernando VII, la defensa de la religión y el odio a los ‘gachupines’. Hidalgo dio muestras de no sentir apego por el monarca español aunque tenía que ser discreto en ese primer momento. No obstante Ignacio Allende tuvo serias diferencias de criterio con el cura pues el militar mantenía fiel la intención de que el movimiento que iba creciendo tendría que garantizar el sometimiento al rey de España una vez que éste hubiera retomado el poder.

Con todo, surgieron una gran cantidad de versiones de lo que ocurrió aquella mañana y de lo que muchos atribuyen como primer impulso de Hidalgo en su levantamiento. Sin embargo hay dos versiones que deben de tomarse muy en serio por provenir de quienes participaron en el acto o bien formaron parte de él desde el primer momento.

Uno de ellos es el relato de Juan Aldama de mayo de 1811 respecto de lo que él vio aquella mañana:

“(…) se dirigieron para la cárcel, fueron, y el mismo cura hizo al alcaide de la cárcel que echase los presos a la calle; y todos se armaron con leños y piedras y dieron principio a la prisión de los europeos con sus casas, como a la seis de la mañana. Y concluida esta operación a cosa de las ocho, que los encerraron en la cárcel, entre ellos al padre sacristán, don N. Bustamante, ya se habrían juntado más de seiscientos hombres de a pie y a caballo por ser día domingo y haber ocurrido a misa de los ranchos inmediatos, y el cura que los exhortaba a que se uniesen con él y le ayudasen a defender el reino, porque querían entregarlo a los franceses; que ya se había acabado la opresión; que ya no había más tributos; que los que se alistasen con caballos y armas les pagaría a peso diario, y los de a pie, a cuatro reales.”

”Tengo para mí –dice Herrerón- que ésta es la versión más fidedigna, la cual contiene cuatro puntos. Primero la exhortación a unirse con su cura para defender el reino; segundo, la explicación: porque los gachupines lo quieren entregar a los franceses; tercero, una declaración: se acabó la opresión y se acabaron los tributos; cuarto, una promesa muy pragmática: se pagará muy bien a quienes se unan a la causa. En resumen, hay un objetivo coyuntural, la defensa del reino, y un objetivo trascendente, acabar con la opresión, de la que el tributo sólo es un caso. Aldama no consigna ningún ¡Viva!”

Otra versión muy creíble, también, es la de Mariano Abasolo quien no estuvo en el momento de la arenga porque permaneció en su casa, pero horas después escuchó a Hidalgo hablar a parroquianos en estos términos:

“(…) el propio cura Hidalgo y Allende mandaron juntar todos los vecinos principales del propio pueblo, y reunidos, les dijo el cura esta palabras:

“Ya vuestras mercedes habrán visto este movimiento; pues sepan que no tiene más objeto que quitar el mando a los europeos, porque éstos, como ustedes sabrán, se han entregado a los franceses y quieren que corramos la misma suerte, lo cual no hemos de consentir jamás; y vuestras mercedes, como buenos patriotas, deben defender este pueblo hasta nuestra vuelta que no será muy dilatada para organizar el gobierno. Con cuya simple arenga, sin decirles los vecinos si lo ejecutarían o no, se retiraron a sus casas.”

Ya en 1813, Fray Servando Teresa de Mier, ilustre simpatizante del movimiento independentista da dos versiones del ‘Grito’: una de ellas, la primera, es de José María Fagoaga, la otra, probablemente de la relación de algún criollo que la mandó por carta.

“Este hombre (Hidalgo) —dice Fagoaga—, que es astuto, hábil y atrevido, congregó al pueblo y los indios en la plaza. Persuadió la tiranía del actual gobierno, su ilegítima autoridad, estando cautivo el soberano, la intención de subyugar este país a la Inglaterra o a la Francia, y con exclamaciones de ¡Viva Fernando 7 y la Virgen de Guadalupe!, cuya imagen se venera con particular devoción en este reino, procuró encender la tea de la discordia y horror a los europeos, aprovechándose astutamente de la aversión natural de todo criollo contra el europeo, declarando a éstos la guerra a sangre y fuego (…)

Critica Fray Servando esta versión y propone la que suponemos recibió por carta de algún criollo:

Hoy [decía Hidalgo], debía ser mi primer sermón de desagravios (especie de Cuaresma que se acostumbra en Nueva España comenzar el día 14 de septiembre); pero será el último que os haga en mi vida. No hay remedio: está visto que los europeos nos entregan a los franceses; veis premiados a los que prendieron al Virrey y relevaron al Arzobispo, porque nos defendían. El Corregidor, porque es criollo, está preso. ¡Adiós, Religión! Seréis jacobinos, seréis impíos. ¡Adiós Fernando 7! Seréis de Napoleón.

Foto: Archivo Cuartoscuro

—No, Padre, gritaron los indios, defendámonos: ¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Viva Fernando 7!

—Vivan, pues, y seguid a vuestro cura, que siempre se ha desvelado por vuestra felicidad”.

Ambos textos coinciden en el tema del entreguismo y con los mismos vivas, aunque estos fueron más de muchedumbre que de Hidalgo. Sin embargo estos documentos recuperan acontecimientos posteriores al 16 de septiembre pues ya refieren la destitución del virrey Iturrigaray y el relevo del arzobispo-virrey Lizana, de lo que no había noticias aquella mañana.

En adelante hubo versiones diversas, algunas importantes por provenir de personalidades intelectuales de la época, como fue el caso del doctor José María Luis Mora quien en 1936 escribió que:

“Se convocó a son de campana a los indios y demás clases del pueblo a quienes se anunció que la religión corría riesgo por parte del gobierno y los españoles que conspiraba contra ella, y que era necesario salvarla a toda costa” (16) Y por supuesto la de Lucas Alamán que se atiene a la versión de Abasolo.

Y aquí cerramos el círculo:

Existen las memorias de dos soldados de la primera insurgencia. Uno de ellos es Pedro José Sotelo; el otro Pedro García. Son personajes que estuvieron cerca de los hechos ocurridos esa mañana, pero las escribieron muchos años después con lo que esto significa de ajuste a su propio criterio de lo ocurrido.

Foto: Cuartoscuro

Pedro José Sotelo era muy joven y trabajaba muy como alfarero con Hidalgo. Fue de los primeros que se incorporaron a la lucha. Su aseveración la dictó cuando tenía 84 años. (17)

Su versión dice:

“… arengó el señor cura por la ventana de su asistencia a los que se habían reunido, animándolos para comenzar vigorosamente la empresa de nuestra independencia y levantando la voz con mucho valor, dijo: “¡Viva nuestra Señora de Guadalupe! ¡Viva la Independencia!”

En realidad no era la intención de Hidalgo arengar con el grito de Independencia pues el acuerdo de los sublevados no era ese, sino crear la junta de gobierno. Sin embargo queda claro que hizo Hidalgo una primera alocución a quienes vio desde su ventana y luego pasó al atrio en donde arengó a quienes acudieron al llamado de las campanas para la misa dominical.

Siguiendo estos testimonios tendríamos: la alocución desde su ventana; la plática con los principales del lugar, según relata Abasolo y la arenga pública en el atrio de la iglesia.

Y viene aquí la que erróneamente repitió este año 2010 el presidente de México. Es la versión de Pedro García, nacido en Dolores y quien trabajaba como dependiente en una tienda. Se incorporó a los primeros insurrectos y siguió con ellos hasta que lo apresaron en Acatita de Baján. Escribió sus memorias entre 1870 y 1880, él ya muy mayor de edad.Dice:

“Mis amigos y compatriotas: no existe ya para nosotros ni el rey ni los tributos. Esta gabela vergonzosa, que sólo conviene a los esclavos, la hemos sobrellevado hace tres siglos como signo de la tiranía y servidumbre, terrible mancha que sabremos lavar con nuestro esfuerzo. Llegó el momento de nuestra emancipación; ha sonado la hora de nuestra libertad; y si conocéis su gran valor, me ayudaréis a defenderla de la garra ambiciosa de los tiranos.

Foto: Archivo Cuartoscuro

“Pocas horas me faltan para que me veáis marchar a la cabeza de los hombres que se precian de ser libres. Os invito a cumplir con este deber. De suerte que sin patria ni libertad estaremos siempre a mucha distancia de la verdadera felicidad. Preciso ha sido dar el paso que ya sabéis y comenzar por algo ha sido necesario. La causa es santa y Dios la protegerá. Los negocios se atropellan y no tendré, por lo mismo, la satisfacción de hablar más tiempo entre vosotros. ¡Viva, pues, la Virgen de Guadalupe! ¡Viva la América por la cual vamos a combatir!”

Y aquí cito textual a Carlos Herrerón: “El tono excesivamente apologético de esas memorias, su obsesión por rechazar la monarquía como forma de gobierno, la inclusión de otros discursos y cartas, supuestamente de Hidalgo, varios de los cuales son falsos a todas luces, y la adjudicación de ellas al supuesto autor, años después de su muerte, sin dar ninguna razón, a pesar de las dudas que fácilmente se suscitan, ponen en entredicho no sólo esta versión del Grito, sino el exagerado valor que sin fundamento se ha concedido a estas memorias, que escasos elementos tienen de este género, pues no pocos de los datos que menciona son repetición de textos muy conocidos y en cambio otros resultan incompatibles con datos probados.

“No habla en primera persona –dice Herrejón-; incluso me atrevo a plantear la hipótesis de que, si bien Pedro García fue personaje real, no fue él el autor, sino alguien del último tercio del siglo XIX que se quiso encubrir y autorizar a nombre de García, o bien fue Pedro González, el poseedor del manuscrito, quien decidió darle esa paternidad sin ofrecer ninguna razón, o bien alguien tejió un amplio escrito a partir de algunos elementos escuchados o escritos por García. Así pues, también para este caso, como en el de Sotelo, vale decir que, si bien no es un texto desechable, merece una profunda revisión crítica.”

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