/ domingo 30 de junio de 2019

En la Mira | Selección Mexicana, defraudó como siempre

Aquella era nuestra Selección Nacional mejor preparada y aparentemente la más querida de los últimos mundiales...

Corría el verano de 1994 y en Nueva York estábamos listos para asistir ese día, al cuarto partido de la Selección mexicana durante el Mundial de Estados Unidos. Empezábamos a soñar con el quinto juego, sólo si México derrotaba ese día a Bulgaria. Obvio, no se pudo. Nuestra Selección fue derrotada por la traumática vía de los penales.

Aquella era nuestra Selección Nacional mejor preparada y aparentemente la más querida de los últimos mundiales. Era la Selección del doctor Mejía Barón y un portero fuera de serie, Jorge Campos.

En el auto íbamos Rafael Ocampo, Carlos Puig, Vicente Leñero y quien esto escribe. Íbamos optimistas y contentos de lo que habíamos visto y cubierto en las últimas semanas. El único escéptico era Leñero.

Mientras almorzábamos algo en las afueras del estadio de los Gigantes en Nueva Jersey, nos poníamos de acuerdo para la cobertura de ese día. A rajatabla Leñero nos dice, “sólo si la Selección Mexicana pierde se va a la portada, si gana, nos vale madre”. Yo apenas cumplía un año de trabajar en Proceso y todavía me sorprendía ese enfoque, pero al mismo tiempo, me emocionaba.

A Vicente Leñero, le interesaba la imagen y cuando nos apartamos unos minutos él y yo para afinar detalles de los que yo debería fotografiar en la cancha, me dijo sin dudarlo: “los goles me valen madre, atento cuando pierdan o cuando lloren” … “pendiente de los gestos y gritos de Mejía Barón y Hugo Sánchez en la banca”.

Aunque esa Selección mantenía una fuerte relación de empatía con la afición, esa tarde todo se derrumbaría. Fue el famoso juego de los “NO” cambios, porque incluso Hugo se quedó en la banca calentando hasta el final.

Han pasado 25 años desde aquel 5 de julio de 1994, y la obsesión por llegar al quinto partido no se ha cumplido. Aunque es cierto que México ya jugó un quinto partido contra Alemania en el Mundial de 1986, el hecho de haberse jugado en casa, le restó algo de mérito.

La Selección sólo ha disputado dos veces los Cuartos de Final de una justa mundialista, una en 1970, con otras reglas y la que se mencionó del ´86 en aquel mundial donde Manuel Negrete firmó uno de los goles más bellos de la historia. En los dos casos, en territorio nacional.

Volviendo a 1994, recordarán que el Tricolor enfrentó a tres equipos europeos: Italia, Irlanda y Noruega. Le llamaron como siempre “el Grupo de la Muerte” sin embargo, para sorpresa de todos, la Selección pasó en primer lugar.

Por ello, el partido contra Bulgaria estaba sobrado en optimismo, sólo que nadie contaba con el carácter y fuerza de un tal Stoichkov, por aquel entonces jugadorazo del Barcelona dirigido por Johan Cruyff.

Al minuto seis, Stoichkov abrió el marcador en contra nuestra, pero Aspe empató al 18 y la esperanza seguía viva. De ahí a los tiempos extras y a la inefable serie de penales.

Vicente lo sintetizó así en la intro de su crónica de aquel partido para la edición del semanario: “El miedo de los tiradores en el momento del pénalti y de cómo los muchachos de Mejía Barón fueron derrotados por Bulgaria y defraudaron, como siempre, a su público fiel”.

A partir de ese juego se decretó “la maldición de los penales” la pesadilla de que cualquier partido de la Selección llegará a ese punto era ya aterrador. Aquel día, los nuestros fallaron los tres primeros disparos (García Aspe, Marcelino Bernal y Jorge Rodríguez). El horror.

Pero, ahí se dio la primer foto pronosticada por Vicente Leñero; Aspe regresó después de fallar su penal y al llegar a la media cancha, se derrumbó en llanto, apenas sostenido por Carlos Hermosillo, la Selección estaba mentalmente acabada. Yo disparaba como loco con mi Nikon F4 y un lente 500mm, desde la banda al centro de la cancha, porque fui el único fotógrafo que no se fue a la portería de Jorge Campos.

Desde ahí también hice esta foto de los sombrerudos que al final fue la portada de Proceso de aquella semana. El jugador número doce, con todo y sombrero, abandonando a moco tendido la ilusión del quinto partido famoso, con el marcador a cuestas.

Después del juego, Stoichkov declaró que para ellos “fue un alivio que Hugo Sánchez no jugara”. Imaginen cómo le fue a nuestro director técnico después de aquella derrota. Mejía Barón se defendió argumentando que “Hugo no quiso jugar como armador y que por su mente pasaron las ocasiones en que el goleador falló penales y cuando se negó a tirar ante Alemania en 1986.”

Vicente Leñero contó así su encuentro en la zona mixta con Mejía Barón y Hugo Sánchez:

—Sí, pensé en meterlo, pero no creí que fuera pertinente —rezongó Miguel Mejía Barón frente a los periodistas— Yo lo asumo. Yo tengo que tomar decisiones, es una de las pocas responsabilidades que tiene un técnico, y las tomo pensando en el beneficio del equipo

—Hugo está molestísimo, doctor

—Somos amigos —respondió el doc— Hugo debe asimilar esto. Debe estar muy contento por haber participado en el Mundial en el juego contra Noruega.

Que va Hugo apretaba las quijadas, ahora delante de los reporteros:

—Me ha molestado muchísimo no haber jugado estos tres partidos porque no sé qué hubiera pasado en otras circunstancias.

—Y entonces soltó su declaración célebre:

—Mira, te pongo un ejemplo: Si Maradona no hubiera jugado en tres partidos del Mundial, ¿qué hubiera pasado? Si Baggio no hubiera jugado en tres partidos del Mundial, ¿qué hubiera pasado? Es algo similar —Movió la cabeza, para subrayar su trallazo a Mejía Barón, y con aire de gente grande se trepó al autobús de la Selección.

Total, aquel juego terminó en una tragedia deportiva para nuestro país y ahí se consolidaron los nuevos traumas para los nuestros. Nosotros regresamos a Manhattan, me fui a revelar, Leñero escribía su crónica y en la madrugada de ese día yo le mostraba a Vicente las mejores imágenes del juego, el de inmediato vio la foto de las gradas y dijo: Chingón , esta es la portada y se llamará “Defraudaron como siempre” la enviamos a México y así se publicó.

Trabajar con Leñero y el resto del equipo de Proceso era un aprendizaje diario, un privilegio total. Al final, Leñero nos dejó quedarnos hasta el final del Mundial, ya sin Selección mexicana y asistí a mi primer final en Pasadena con aquel juego entre Brasil e Italia, para ver coronarse a los brasileños.

Finalmente, a nuestra Selección Nacional lo que le ha faltado siempre es seguridad, mentalidad ganadora, creatividad en la cancha, estrategia y contundencia. Sin eso, nunca veremos ese famoso quinto partido.

Así cerraba su crónica Leñero de aquel juego hace 25 años:

“De pilón, el remate inevitable (de Mejía Barón):

—No me siento defraudado, no me siento amargado, no me siento enojado. Me siento bien, a secas.

Mejía Barón bien, en vísperas del regreso. Y el público mexicano mal, entre el dolor y la rabia:

—¡Váyanse mucho al carajo, muchachos!”

Corría el verano de 1994 y en Nueva York estábamos listos para asistir ese día, al cuarto partido de la Selección mexicana durante el Mundial de Estados Unidos. Empezábamos a soñar con el quinto juego, sólo si México derrotaba ese día a Bulgaria. Obvio, no se pudo. Nuestra Selección fue derrotada por la traumática vía de los penales.

Aquella era nuestra Selección Nacional mejor preparada y aparentemente la más querida de los últimos mundiales. Era la Selección del doctor Mejía Barón y un portero fuera de serie, Jorge Campos.

En el auto íbamos Rafael Ocampo, Carlos Puig, Vicente Leñero y quien esto escribe. Íbamos optimistas y contentos de lo que habíamos visto y cubierto en las últimas semanas. El único escéptico era Leñero.

Mientras almorzábamos algo en las afueras del estadio de los Gigantes en Nueva Jersey, nos poníamos de acuerdo para la cobertura de ese día. A rajatabla Leñero nos dice, “sólo si la Selección Mexicana pierde se va a la portada, si gana, nos vale madre”. Yo apenas cumplía un año de trabajar en Proceso y todavía me sorprendía ese enfoque, pero al mismo tiempo, me emocionaba.

A Vicente Leñero, le interesaba la imagen y cuando nos apartamos unos minutos él y yo para afinar detalles de los que yo debería fotografiar en la cancha, me dijo sin dudarlo: “los goles me valen madre, atento cuando pierdan o cuando lloren” … “pendiente de los gestos y gritos de Mejía Barón y Hugo Sánchez en la banca”.

Aunque esa Selección mantenía una fuerte relación de empatía con la afición, esa tarde todo se derrumbaría. Fue el famoso juego de los “NO” cambios, porque incluso Hugo se quedó en la banca calentando hasta el final.

Han pasado 25 años desde aquel 5 de julio de 1994, y la obsesión por llegar al quinto partido no se ha cumplido. Aunque es cierto que México ya jugó un quinto partido contra Alemania en el Mundial de 1986, el hecho de haberse jugado en casa, le restó algo de mérito.

La Selección sólo ha disputado dos veces los Cuartos de Final de una justa mundialista, una en 1970, con otras reglas y la que se mencionó del ´86 en aquel mundial donde Manuel Negrete firmó uno de los goles más bellos de la historia. En los dos casos, en territorio nacional.

Volviendo a 1994, recordarán que el Tricolor enfrentó a tres equipos europeos: Italia, Irlanda y Noruega. Le llamaron como siempre “el Grupo de la Muerte” sin embargo, para sorpresa de todos, la Selección pasó en primer lugar.

Por ello, el partido contra Bulgaria estaba sobrado en optimismo, sólo que nadie contaba con el carácter y fuerza de un tal Stoichkov, por aquel entonces jugadorazo del Barcelona dirigido por Johan Cruyff.

Al minuto seis, Stoichkov abrió el marcador en contra nuestra, pero Aspe empató al 18 y la esperanza seguía viva. De ahí a los tiempos extras y a la inefable serie de penales.

Vicente lo sintetizó así en la intro de su crónica de aquel partido para la edición del semanario: “El miedo de los tiradores en el momento del pénalti y de cómo los muchachos de Mejía Barón fueron derrotados por Bulgaria y defraudaron, como siempre, a su público fiel”.

A partir de ese juego se decretó “la maldición de los penales” la pesadilla de que cualquier partido de la Selección llegará a ese punto era ya aterrador. Aquel día, los nuestros fallaron los tres primeros disparos (García Aspe, Marcelino Bernal y Jorge Rodríguez). El horror.

Pero, ahí se dio la primer foto pronosticada por Vicente Leñero; Aspe regresó después de fallar su penal y al llegar a la media cancha, se derrumbó en llanto, apenas sostenido por Carlos Hermosillo, la Selección estaba mentalmente acabada. Yo disparaba como loco con mi Nikon F4 y un lente 500mm, desde la banda al centro de la cancha, porque fui el único fotógrafo que no se fue a la portería de Jorge Campos.

Desde ahí también hice esta foto de los sombrerudos que al final fue la portada de Proceso de aquella semana. El jugador número doce, con todo y sombrero, abandonando a moco tendido la ilusión del quinto partido famoso, con el marcador a cuestas.

Después del juego, Stoichkov declaró que para ellos “fue un alivio que Hugo Sánchez no jugara”. Imaginen cómo le fue a nuestro director técnico después de aquella derrota. Mejía Barón se defendió argumentando que “Hugo no quiso jugar como armador y que por su mente pasaron las ocasiones en que el goleador falló penales y cuando se negó a tirar ante Alemania en 1986.”

Vicente Leñero contó así su encuentro en la zona mixta con Mejía Barón y Hugo Sánchez:

—Sí, pensé en meterlo, pero no creí que fuera pertinente —rezongó Miguel Mejía Barón frente a los periodistas— Yo lo asumo. Yo tengo que tomar decisiones, es una de las pocas responsabilidades que tiene un técnico, y las tomo pensando en el beneficio del equipo

—Hugo está molestísimo, doctor

—Somos amigos —respondió el doc— Hugo debe asimilar esto. Debe estar muy contento por haber participado en el Mundial en el juego contra Noruega.

Que va Hugo apretaba las quijadas, ahora delante de los reporteros:

—Me ha molestado muchísimo no haber jugado estos tres partidos porque no sé qué hubiera pasado en otras circunstancias.

—Y entonces soltó su declaración célebre:

—Mira, te pongo un ejemplo: Si Maradona no hubiera jugado en tres partidos del Mundial, ¿qué hubiera pasado? Si Baggio no hubiera jugado en tres partidos del Mundial, ¿qué hubiera pasado? Es algo similar —Movió la cabeza, para subrayar su trallazo a Mejía Barón, y con aire de gente grande se trepó al autobús de la Selección.

Total, aquel juego terminó en una tragedia deportiva para nuestro país y ahí se consolidaron los nuevos traumas para los nuestros. Nosotros regresamos a Manhattan, me fui a revelar, Leñero escribía su crónica y en la madrugada de ese día yo le mostraba a Vicente las mejores imágenes del juego, el de inmediato vio la foto de las gradas y dijo: Chingón , esta es la portada y se llamará “Defraudaron como siempre” la enviamos a México y así se publicó.

Trabajar con Leñero y el resto del equipo de Proceso era un aprendizaje diario, un privilegio total. Al final, Leñero nos dejó quedarnos hasta el final del Mundial, ya sin Selección mexicana y asistí a mi primer final en Pasadena con aquel juego entre Brasil e Italia, para ver coronarse a los brasileños.

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